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Os suplico que cambiéis de vida

Publicado 2020/01/02
Autor : San Leonardo de Porto Maurizio

Me dirijo a ti, hermano, hermana, que vives en pecado mortal, con odio, en el fango de la impureza, cada día más cerca de la boca del Infierno: detente y da la vuelta. Jesús es quien te llama...

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Me dirijo a ti, hermano, hermana, que vives en pecado mortal, con odio, en el fango de la impureza, cada día más cerca de la boca del Infierno: detente y da la vuelta. Jesús es quien te llama y con toda la elocuencia de sus heridas te dice al corazón: “Hijo mío, hija mía, si te condenas, no te quejes más que de ti. Escucha, alma querida, estas mis últimas palabras. Me has costado sangre; si a pesar de la sangre que derramé por ti, quieres condenarte, no te quejes de mí, quéjate de ti, y recuerda esto por toda la eternidad. Si te condenas, será porque quisiste, contra mi voluntad”.

¿Habrá alguien aquí que, a pesar de tantas gracias y ayuda de Dios, insista en precipitarse en el Infierno? Si lo hay, que me escuche: “Pecadores, de rodillas a vuestros pies, os suplico por la sangre de Jesús, por el Corazón de María, que cambiéis de vida, que volváis al camino que conduce al Cielo, que hagaís todo lo posible por entrar en el pequeño número de los que se salvan. Arrójate a los pies de Jesús y, con lágrimas, con la cabeza baja y el corazón contrito y humillado, dile: ‘Lo confieso, Dios mío, hasta ahora he vivido peor que un pagano. No merezco ser contado entre el número de tus elegidos, reconozco que merezco la eterna condenación, pero sé cuán grande es tu misericordia. Así pues, lleno de confianza en el auxilio de tu gracia, declaro que quiero salvar mi alma. Sí, quiero salvarme, aunque sea a costa de la fortuna, del honor, de mi propia vida. Me arrepiento, detesto mi infidelidad y te pido humildemente perdón. Perdóname, mi amado Jesús, y fortaléceme para que me salve. No te pido riquezas, ni honores, ni prosperidad. Sólo quiero la salvacioón de mi alma”.

San Leonardo de Porto Maurizio 

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