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Europa

Con ceremonia del Domingo de Ramos, el Papa abre las celebraciones de la Semana Santa

Publicado 2009/04/05
Autor : Gaudium Press

Misa realizada en la Plaza de San Pedro, multitud se inició con la procesión y, en función del 24° Día Mundial de la Juventud, fue marcada también por fuerte presencia de jóvenes.

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Ciudad del Vaticano (Domingo, 05-04-2009, Gaudium Press) Eran aproximadamente las 9 horas de una soleada mañana romana cuando las campanas de la Basílica de San Pedro comenzaron a resonar, sobreponiéndose a un frágil silencio de murmullos asfixiantes y pequeñas conversaciones que dominaban la Plaza de San Pedro. Todavía no comenzaba la misa del Domingo de Ramos, pero el sonido retumbante de la campana con ecos por la Plaza ya daba una idea de lo que seria la primera celebración del calendario litúrgico de la Semana Santa, la Misa de Ramos.

A pesar del fuerte frío matutino, el día era una invitación. El cielo claro y sin nubes, poco viento y la perfección del coro papal ayudaban a componer esa atmósfera. De a poco, la Plaza de San Pedro comenzaba a llenarse de una masa viva y multicolor de gente, personas portando banderas y fajas de sus países, fieles, peregrinos, laicos de innumerables orígenes, religiosos de innumerables órdenes.

Para la ceremonia de Ramos, la plaza fue dividida en seis principales y grandes bloques para acomodar a las personas, separados entre si por cercados de metal donde es posible sentarse para acompañar la celebración. Es por el medio de esos bloques que, más tarde, Benedicto XVI pasaría saludando desde su papa-móvil. Los demás espacios de la Plaza de San Pedro son llenados por fieles que no consiguieron un lugar en esas áreas y, por lo tanto, tienen que acompañar la misa de pie, en lugares distantes, por una de las cuatro pantallas esparcidas por la plaza.

Desde lo alto de las columnas de la Plaza de San Pedro, se tiene una visión privilegiada del ambiente. Es posible distinguir banderas de Croacia, España, Alemania, Gran Bretaña, Polonia, Francia, Australia y Argentina. Y, claro, también de Brasil. Muchos traen consigo ramos de palmas - como la multitud que habría recibido a Jesús montado en un burro en su retorno a Jerusalén - para recibir la bendición pontifical. Ya no hay más pequeños rumores. Muchos gritan. Casi todos cantan.

Alrededor de las nueve y media de la mañana, cuando las campanas ya habían parado de tocar y el frío cedido más espacio al calor, la procesión del Domingo de Ramos irrumpió por la lateral izquierda de la columna de la Plaza de San Pedro, pasó por el flanco central entre los bloques de peregrinos y se encaminó en dirección al obelisco localizado en el medio de la plaza. La procesión fue disponiéndose en círculo alrededor del monumento. Primero laicos, después padres, sacerdotes, obispos y cardenales. Por fin, el Papa, que se posiciona en un pequeño altar en la base del obelisco.

Fue allí que Benedicto XVI presidió los primeros momentos de la misa: la bendición de los ramos y la lectura del Evangelio de la Pasión del Señor. Después de esos ritos iniciales, la comitiva papal dejó el obelisco y se dislocó en dirección a la entrada de la Basílica de San Pedro, de donde Benedicto XVI presidió lo restante de la ceremonia.

Homilía

Cuando se aproximó el momento de la comunión, decenas de "asistentes" portando pequeñas sombras se posicionaron en la parte de abajo del altar para acompañar a los padres que entregarían las hostias consagradas a la multitud. El Papa administró el sacramento a cardenales y algunos invitados y personas que representaban diferentes grupos étnicos y sociales.

En la homilía, el Papa recordó el momento en que Jesús, volviendo a Jerusalén de una peregrinación pascal, es recibido por una multitud con ramos en las manos, gritando su nombre y refiriéndose a él como el "Hijo de Dios" y aquel que viene a traer el "Reino de David" para la Tierra. Así, el Papa cuestionó también a las personas que entienden lo que viene a ser el Reino del cual Jesús habló en el interrogatorio delante de Pilatos.

El Santo Padre llamó la atención para el acto de que el verdadero objetivo de los peregrinos en Jerusalén era el de adorar Dios y que ese debería ser el objetivo principal de toda peregrinación:

"La verdadera finalidad de la peregrinación debe ser encontrar a Dios; adorarlo, y así colocar en el justo orden y relación del fondo de nuestra vida. Una gran palabra: 'Queremos ver a Jesús'. Queridos amigos, para eso estamos aquí reunidos. Queremos ver a Jesús. Con esa finalidad, el año pasado, millares de jóvenes fueron a Sydney. Ciertamente, hubo muchas expectativas para esa peregrinación. Pero el objetivo esencial era este: Queremos ver a Jesús".

Benedicto XVI resaltó, además, durante su homilía, la importancia del sacrificio y de la renuncia para la vida cristiana. Para el pontífice, la privación es una importante manera de vivir como Cristo vivió.

"No existe una vida realizada sin sacrificio. Si lanzo una mirada retrospectiva sobre mi vida personal, me doy cuenta de que justamente en los momentos en que yo dije 'si' a una renuncia, fueron esos los grandes e importantes momentos de mi vida", afirmó el pontífice.

El Papa habló además sobre la importancia de tomarse una vida amplia de "catolicidad", lo que, según él, significa vivir sobre la "liberta adhesión del amor":

"Cuanto más por amor a la gran verdad y a Dios somos capaces de hacer alguna renuncia, mayor y más rica será la vida. Quien quiera reservar su vida para sí mismo la pierde. Quien dona su vida - diariamente en los pequeños gestos, que hacen parte de la gran decisión - ese la encuentra. Esa es la verdad exigente, pero también profundamente bella y libertadora, en la cual queremos paso a paso entrar durante el camino de la Cruz a través de los continentes."

Juan Pablo II también fue recordado. Un grupo de fieles lanzó al aire una faja con el nombre del papa polonés. La muerte del predecesor de Benedicto XVI hizo cuatro años y fue recordada por la Santa Sede con una gran misa el jueves pasado.

Al final de la ceremonia de Ramos, la entrega de una gran cruz de madera, por un grupo de jóvenes australianos a otro de españoles, simbolizó el pasaje de la sede de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, que cedió el evento en este año, para Madrid, que será sede en 2011.  

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