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Los frutos del Espíritu Santo

Publicado 2009/05/02
Autor : Padre Manuel Sabino - Fundador de los Siervos del Buen Pastor

El Espíritu Santo, además de derramar las siete grandes columnas cristianas, confiere al cristiano doce frutos

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Los Frutos del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad y Él es el "Señor que da la vida y que procede del Padre y del Hijo y con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado. Fue Él, el que habló por los profetas." El Espíritu Santo es dador de todos los dones y carismas extraordinarios; todos los frutos espirituales provienen de Él.

El Espíritu Santo viene a nuestras almas el día de nuestro Bautismo, derramando sobre nosotros las tres virtudes teologales: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y viene de un modo más solemne en el día en que recibimos el Sacramento de Crisma o Confirmación, donde recibimos la efusión del Espíritu que derrama sobre nosotros los siete dones: La Sabiduría o Sapiencia, el Entendimiento, el Consejo, la Fortaleza, la Ciencia, la Piedad y el Temor de Dios.

El Espíritu Santo, además de derramar las siete grandes columnas cristianas, confiere al cristiano doce frutos que son: la Caridad, el Gozo, la Paz, la Paciencia, la Benignidad, la Bondad, la Longanimidad, la Calma, la Fe, la Modestia, la Continencia y la Castidad.

Importa definir en breves palabras, no sólo los dones sino, fundamentalmente los frutos del Espíritu Santo.

- La Caridad es un fruto del Espíritu Santo. La caridad es amor y es el mayor de los dones, porque ella no desaparece, existe a pesar de la muerte. El cielo vive en amor: "La fe y la esperanza han de desaparecer, pero el amor jamás desaparecerá" (1 Cor. 13,8).

- El Gozo o alegría es caracterizado por aquellas emociones interiores, aquella alegría interior y satisfacción espiritual profunda que el Espíritu Santo derrama en el corazón y en el alma. La persona siente un gozo inexplicable. No hay palabras humanas que puedan describir el gozo que proviene del Espíritu Santo.

- La Paz de la que hablamos no tiene nada que ver con los motivos o sensaciones externas pero es una paz y suavidad interior, tal como Jesús dijo a Sus apóstoles: "Les dejo la paz, les doy a vosotros Mi paz, no como el mundo la da sino como Yo la doy" (Jo 14, 27). Jesús es la paz y la suavidad del alma.

- La Paciencia soporta las adversidades, las enfermedades, las contrariedades y persecuciones. La paciencia es el fruto esencial para que el cristiano persevere en su fe. El cristiano paciente difícilmente es removido de su fe porque él soporta todo con paciencia. El alma paciente es mansa y humilde, no se revela contra su Dios sino que todo soporta y acepta.

- La Benignidad es la bondad que va mas allá de la bondad, esto es, muchas veces hacemos un bien pero sólo hasta cierta medida. Además, la benignidad es la ejecución de ese bien que va más allá de lo que debería ser hecho.

- La bondad es hacer el bien, desinteresadamente, a las personas. La persona que lo hace tiene un buen corazón, amando verdaderamente. La respuesta de alguien que ama en serio es: "Yo amo porque amo."

- La Longanimidad es la paciencia más allá de la paciencia, es cuando alguien continúa siendo paciente después de, tantas y tantas veces, haber sido puesto a prueba.

- El hombre Manso difícilmente se revela. La calma está siempre asociada a la humildad y a la paciencia. Jesús dijo, cuando se refería a Sí mismo: "Vengan a Mí que Soy manso y humilde de corazón que Yo los aliviaré. Vengan a Mí que mi yugo es suave y mi carga es leve. Vengan a Mi todos los que estáis sobrecargados porque Yo los aliviaré" (Mt 11, 28-30). Esta es una gran invitación del Sagrado Corazón de Jesús a todos nosotros. La calma es contra la ira y contra el odio. Así, debemos procurar ser mansos, imitando al Divino Maestro.

- La Fe, además de ser el fruto del Espíritu Santo es una de las virtudes teologales. La fe es un don muy importante, sin ella desesperamos y desanimamos a lo largo de nuestro caminar, hecho de altos y bajos, con muchas dificultades. Sin la fe, el cristiano llega a cierta altura, después de muchas dificultades desiste y comienza a levantar interrogaciones y deja de practicar el bien, deja de ir a Misa y dice: "Al final, los que no van a Misa, tienen una vida mejor que la mía. Entonces, de qué me sirve ir a Misa y rezar?". La fe lleva al cristiano a mantenerse firme en su caminata pero esta fe tiene que ser conservada y protegida. Una de las maneras es la oración que aumenta y protege la fe. La oración nos mantiene en el camino de la fe y en el camino de la salvación, por eso es indispensable.

- La Modestia se relaciona con ser discreto. La modestia es contra la ostentación y la exhibición. La modestia es el pudor que debe acompañar a todo cristiano pues en él habita Dios. Como tal, debemos respetar nuestro propio cuerpo, no exponiéndolo como un muestrario. Alertad a aquellas personas que se visten con mini-polleras, escotes exagerados, blusas trasparentes, pantalones exageradamente apretados, presentando los contornos del cuerpo. Podemos usar ropas bonitas y arregladas con el debido pudor y respeto por el cuerpo.

- La Continencia es un fruto del Espíritu Santo. El hombre continente sabe equilibrarse, dominando su sexualidad. Sabe guardarse y protegerse. La continencia es una gran virtud. Si los hombres y las mujeres de hoy poseyeran esta gran virtud, no habría en muchos lugares tanta tristeza, tanto aborrecimiento porque todos sabrían mantener la castidad y la pureza. La continencia es el dominio de sí mismo en relación a los instintos sexuales.

- La Castidad es un fruto que lleva al hombre o a la mujer a mantener la pureza del cuerpo y, consecuentemente, la pureza del alma, no dejándose manchar, cayendo en pecados contra el 6º y 9º Mandamientos. El sexto mandamiento dice: "Guardad castidad en las palabras y en las obras"; y el noveno mandamiento dice: "Guardad castidad en los pensamientos y en los deseos."

La castidad no es sólo protegida cuando el hombre o la mujer se abstienen de actos sexuales fuera del casamiento sino debe ser protegida, evitando que los ojos se fijen en programas indecentes o inmorales, o se fijen en la calle en situaciones impropias porque eso lleva a malos pensamientos y deseos.

San Pablo, refiriéndose a los esposos, habla de la Fidelidad diciendo que aquel que es fiel a su mujer, conserva la castidad y viceversa. Por eso, San Pablo cuando se refiere a la fidelidad quiere expresar la castidad también en el casamiento.

Estos doce frutos del Espíritu Santo deben suscitar en el cristiano el deseo y el esfuerzo de conquistarlos. Para eso, deberá pedirle y suplicarle al Espíritu Santo porque a quien le pide, Él se los dará. Si no los piden, Él estará a la espera. Con todo, con las preocupaciones, el corre-corre y la lucha por la vida, muchas veces nos olvidamos de valores tan sublimes y elevados.

San Pablo, al hablar de los frutos del Espíritu Santo, recordó los conceptos opuestos a estos frutos que son las pasiones, refiriéndolas como obras de la carne: borracheras, orgías, ira, contiendas, partidarismo, celos, odio, envidia, adulterio, fornicación. "Los que practicaren tales cosas, no heredarán el Reino de Dios" (Ga 5, 19-21). Y, adicionando,

San Pablo nos dice: "Debemos vivir según el Espíritu y no según la carne" (Gal. 5,16).

Hay quien viva según la carne, no pasa sin el sexo, sin la borrachera, sin la ira, la rabia, la venganza, el resentimiento y hasta piensa que todos estos son valores que deben ser vividos. Hay programas de televisión, revistas y libros que lanzan el sexo como un valor indispensable, aconsejando a la juventud al libertinaje sexual y haciendo inmensa propaganda de ella. Esto, para el joven menos avisado, menos orientado y menos claro, es un bien y un valor sin el cual no puede vivir, tirándose desenfrenadamente para la sexualidad.

Así, perderá su propia personalidad. San Pablo dice: "Quien vive de la carne cosechará la muerte, pero quien vive según el Espíritu cosechará la Vida Eterna" (Gl 6, 8).

Debemos rezar con más frecuencia al Espíritu Santo, confiando en Su acción y santificación en la Iglesia y en las almas. Sin la ayuda y el impulso del Divino Espíritu Santo, nada se puede hacer o cumplir para agradar a Dios o a la Santísima Trinidad, para seguir el verdadero camino.

Los cristianos deben cultivar un amor ardiente y más confiado en el Espíritu Santo. La devoción al Espíritu Santo es una devoción necesaria para el cristiano, una vez que el Sagrado Corazón de Jesús es inseparable del Espíritu Santo, o sea, ser devoto del Sagrado Corazón de Jesús implica ser devoto del Espíritu Santo que debe ser asiduamente invocado, rezado, invitado y buscado, pues sólo Él nos impulsa a la práctica del bien.

El Espíritu Santo es el alma y el motor de la Iglesia, es Él que viene conduciendo la Iglesia a lo largo del tiempo y la conducirla hasta el fin de los tiempos.

El Espíritu Santo es el don de Dios para el alma del cristiano, es el amor y la suavidad del Padre y del Hijo, Él es el espíritu de la fortaleza. Fue Él, quien dio a los mártires la fuerza de morir, con coraje y alegremente, por la causa de Nuestro Señor Jesucristo, por la causa del Evangelio. El Espíritu Santo da el coraje y la energía para que el cristiano pueda proseguir en el camino de la fe y de la salvación.

El Espíritu Santo que en nosotros dice "Abba Pai" nos recuerda que somos hijos de Dios y que, por eso, poseemos una dignidad elevada. El Espíritu Santo que conduce al cristiano es una luz indispensable para cada uno de nosotros. Cristo es el camino y Él prometió a los apóstoles una fuerza de lo Alto, el Espíritu Santo Paráclito para que éstos pudiesen realizar todo aquello que oyeron y aprendieron del Divino Maestro.

La luz de Cristo que ilumina nuestra alma es el Espíritu Santo pues Jesús murió para darnos la vida pero el hombre nada puede hacer sin el socorro divino, sin la ayuda de Dios. Para nuestra santificación tenemos necesidad del Espíritu Santo, debiendo suplicarle Sus dones y frutos. Así, lo que es imposible para nosotros se torna posible si rezamos e invocamos al Espíritu Santo, si pedimos Su ayuda.

Tenemos como ejemplo a la Iglesia primitiva. Pensemos y meditemos en el comportamiento de los Apóstoles que tuvieron el coraje de dejar todo para seguir a Jesús llenos de alegría, entusiasmo y coraje, y esto, gracias a la acción del Espíritu Santo.
Jesús los instruía pacientemente, pero ellos a veces no percibían las enseñanzas de Jesús porque todavía no estaban repletos del Espíritu Santo. Así sucede con nosotros, si no estamos llenos del Espíritu Santo no percibimos muchas de las enseñanzas del Divino Maestro. Es el Espíritu Santo que va despertando el deseo de seguir a Jesús porque el hombre por naturaleza es débil y necesita de esta fuerza. Los Apóstoles andaron de país en país, de ciudad en ciudad, realizando prodigios, milagros, corriendo peligros, sufriendo persecusiones y hasta la muerte gracias a la fuerza del Espíritu Santo.

Fue con los hombres débiles que la Iglesia primitiva se formó, porque esta llamada no depende del hombre sino de Aquel que llama. No depende de la capacidad o de la inteligencia del hombre, depende de Dios. El hombre es apenas el canal, el instrumento, la vía através de la cual Dios trabaja y actúa desde que el hombre permita y acepte la disposición de Dios en su vida. Dios sólo necesita de la disponibilidad del hombre, el resto es hecho por Él.

Si dijeréis: "Heme aquí, oh mi Dios para hacer Tu voluntad, haz de mí lo que pretendes", Dios comienza a actuar pero para eso es necesario que dejemos nuestros preconceptos, voluntades, caprichos y vanidades, pues como dice Jesús: "Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue su cruz día a día y sigame" (Mt 16, 24). Y qué significa negarse a sí mismo? Significa decir "No" a nuestros caprichos, a nuestras voluntades, a nuestros placeres para que, cuando estemos vacíos de nosotros mismos, podamos quedar llenos del Espíritu Santo.

Tenemos que vaciar aquello que está dentro de nosotros, porque si no lo hacemos, es como poner agua en un vaso lleno - es imposible - porque es necesario que el vaso esté vacío para que sea posible llenarlo. Sucede lo mismo con el hombre. Cuando estamos llenos de nosotros mismos, de nuestro orgullo, de nuestra vanidad, Dios resiste y RECUA, como dice el salmista: "Yo resisto al orgulloso y me aproximo al humilde de corazón"

Él escoge al es vil y despreciable para confundir al mundo. Dios es siempre Dios y así nadie podrá vangloriarse delante de Dios porque los dones y los frutos no son méritos del hombre, son dados por Dios.

San Pablo, en la carta a los Efesios 2, 8-9 escribe: "Y esto no viene de vosotros; es don de Dios; no viene de las obras para que nadie se gloríe." Quien quiera gloriarse debe gloriarse en Jesús y no en sí mismo, ni en los valores mundanos, no en la vangloria terrenal, sino en Jesús. Así, tu gloria será Jesús, y tu premio será Jesús, tu alegría será Jesús.

La acción del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el día de Pentecostés fue tan fuerte y notoria que, de débiles y cobardes que eran, estos se tornaron fuertes y corajudos en todas las circunstancias de su vida, soportando con coraje y paciencia todo tipo de afrontas y hasta el derramamiento de sangre, dando la vida por Jesús y por Su Evangelio.

Todas las virtudes, como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, deben ser pedidas y suplicadas al Espíritu Santo. Si fueras prudente, si fueras forte, naturalmente que, con más facilidad, irás a resistir las influencias y presión social; pero si fueras débil no podrás resistirlos.

La debilidad del cristiano lo lleva, un día Domingo, a optar por no ir a Misa para ir a un paseo. Pero, si el cristiano es fuerte, dice: "Yo voy al paseo, pero primero voy a Misa" o "aparezco más tarde, ahora no puedo; voy a Misa". Es curioso porque, cuando se trata de faltar al empleo, la persona dice: "No puedo", pero cuando se trata de asuntos de Dios la persona se deja influír y falta a Misa. Esta actitud es debilidad humana y también falta de fe. Lamentablemente, hoy son pocas las personas que rezan e invocan al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo no debe ser invocado solamente por los grupos carismáticos sino por todos los cristianos, por todos los bautizados.

Algunos se olvidan, muchas veces, de invocar María Santísima. Cómo es que se puede separar María Santísima del Espíritu Santo? Donde está el Espíritu Santo tiene que estar María Santísima pues es Ella la distribuidora de todas las gracias y es a través de Ella que el Espíritu Santo distribuye las gracias al cristiano. Ella es Esposa del Espíritu Santo.

Los hombres hacen muchas preguntas y piden cosas banales y pasajeras pero se olvidan de pedir lo esencial que es la gracia del Espíritu Santo. San Lucas en el capítulo 11, 13, nos dice: "El Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que lo piden".

Hay diversidad de dones y de servicios pero el Espíritu es el mismo, pues es el mismo Dios que opera todo, en todos.

La manifestación del Espíritu Santo es dada a cada uno para provecho común. A uno, el Espíritu Santo da una palabra de sabiduría, a otro, una palabra de ciencia, a otro la fe, a otro el don de sanar, a otro el don de operar milagros, a otro la profecía, a otro el discernimiento del Espíritu, a otros, el don de las lenguas y a otros la interpretación de esas mismas lenguas. Todo esto, sin embargo, es dado por el mismo y único Espíritu que distribuye a cada uno conforme entiende: "La manifestación del Espíritu Santo es dada a cada uno para provecho común" (1 Cor 12, 7). Qué significa esto? Todo don es dado, no para provecho personal pero sí para provecho de los otros, para que los hijos y las hijas de Dios se beneficien con estos dones.

No es dado porque la persona lo merece sino porque el Espíritu Santo entiende dar Su don a este o aquel, para que sepa utilizarlo en favor del bien común.

Cuando alguien recibe un don tiene que exigir de sí mismo muchos sacrificios, muchas renuncias y muchas canseras porque tiene que hacer rendir el don que fue recibido.

Así explica la parábola de los talentos: "Quien más recibe, más le será exigido". Si recibes dos talentos vas a  tener que dar más dos, cuatro. Si recibes cinco vas a tener que presentar mas cinco, por lo tanto diez. Aquel que recibió cinco va tener que trabajar mucho más que aquel que recibió apenas dos. Por eso no debemos envidiar los dones del Espíritu Santo que alguien posee, porque es un pecado. No podemos decir: "Quien me diera a mí tener este o aquél don". No, porque eso es de la voluntad del Espíritu Santo.

Vean en este episodio lo que me sucedió. Después de la Santa Misa llamé a un colega Sacerdote para estar a mi lado a ayudarme a rezar por las personas y el Espíritu Santo resolvió realizar sus curas y liberaciones. Después, a la mesa, el colega me preguntó: "Donde aprendiste todo eso?" y yo le respondí: "Eso no se aprende, fue dado".

Por lo tanto, los dones son dados, no son aprendidos.

La caridad es el mayor don dado por el Espíritu Santo: "La caridad nunca acabará. Las profecías cesarán, las lenguas también cesarán y la ciencia fin dará. Por ahora subsisten estas tres: la fe, la esperanza y la caridad, pero la mayor de ellas es la caridad" (1 Cor 13, 13).

Nunca nos olvidemos que es el Espíritu Santo quien santifica y edifica las almas. Es todo obra del Espíritu Santo, es Él que convierte los corazones, que toca en ellos y no el sacerdote. Si el sacerdote está lleno del Espíritu Santo sus palabras van a tocar los corazones y van a convertirlos, pero es el Espíritu Santo que está en el sacerdote. Si él no tiene al Espíritu Santo en sí puede hacer lindos discursos, muy bien preparados, pero no toca los corazones, porque no lo tiene presente.

Nadie podrá decir: "Jesús es el Señor" o "Jesús, yo Te amo", si no es bajo el impulso del Espíritu Santo, ni podrá adorar a Jesús si no es por Su impulso. Nadie podrá ser humilde si el Espíritu Santo no infiere en su corazón este bello fruto de reconocimiento y de unión a su Creador. Y cuanto más humilde sea la persona, más gracias recibe de Dios.

Muchas veces los cristianos pierden muchas gracias porque no saben recibirlas. Vamos a dar un ejemplo concreto: Si Jesús Sacramentado pasa por ti y tu estás de pie, como si fueses un centinela, Jesús quería darte Sus gracias pero no las podrá dar, porque no ve en ti humildad. Entonces, la gracia pasa y va ser entregada al hombre humilde que ya la tenía en abundancia porque tú no honraste a tu Dios.
Delante de esta situación Jesús no puede hacer nada. Muchas personas dicen: "No tengo ganas de arrodillarme". Y yo digo: "No tienes ganas?" Pero es tu Dios que está delante de ti! Tienes una fe débil o no la tienes porque no identificas quién está presente en ese momento.

 

 

 

 

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