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Lourdes

Las primeras apariciones

Publicado 2009/05/04
Autor : Redacción

Al mismo tiempo, una claridad comienza a iluminar progresivamente la cavidad de la roca, llegando a quedar intensamente brillante, pero sin encandilar, al punto de poderse contemplar con suavidad, como si fuese un magnífico poner de sol.

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Un hecho doméstico y corriente: Falta leña para el almuerzo…

 

11 de febrero de 1858, época de riguroso invierno en la región de los Pirineos. El tiempo está frío y la neblina, con su humedad, penetra hasta los huesos.

 

Se aproxima el medio día, que trae consigo una dificultad para los habitantes de Cachot. Cuando Luisa iba a comenzar a preparar el pobre almuerzo, notó que la leña se había acabado completamente. En esta época, el matrimonio Soubirous ya tenía 4 hijos: dos niñas, Bernardita y Antonieta, y dos niños, Juan y Pedro, y necesitaba alimentarlos. Era necesario resolver el problema y sin demora.

 

Bernardita, sofocada por el asma, encuentra un buen pretexto para salir a tomar un poco de aire fresco: se ofreció para ir a buscar leña. Se prepara para salir con su hermana menor, Antonieta, entonces se suma a ellas una vecina, Juana Abadie, que se dispone a acompañarlas.

 

Luisa, siempre preocupada con la salud de la hija, la llena de recomendaciones, le manda ponerse sus medias de lana y colocarse una especie de velo, también de lana, abrigo típico de los Pirineos.

Salen las tres amiguitas haciendo resonar sus zuecos, por las callejuelas estrechas, bordean el cementerio, atraviesan el Puente Viejo y llegan a un descampado.

 

Andan un poco más y alcanzan el río Gave, en un lugar por donde era difícil pasar, pues las aguas del río se mezclaban con las de un riachuelo y bañaban la parte inferior de una enorme roca, casi en picada, en cuya base existe una gruta, que era conocida como Massabielle, que en dialecto local quiere decir “Roca Vieja”.

La gruta está llena de pedazos de ramas traídas por la corriente: un verdadero regalo.

 

Las dos compañeras atraviesan el riachuelo saltando; llegan a llorar de tan fría que está el agua, se secan los pies con las faldas y comienzan a saltar para calentarse.

 

Al recordar los consejos de su madre, Bernardita les pide que lancen piedras sobre la corriente para que consiga pasar sin descalzarse. Ellas, rechazan este pedido diciendo que se quite las medias y los zuecos, como ellas mismas lo hicieron.

 

Aislada de las otras dos amigas, busca un lugar para atravesar más fácilmente y no lo consigue. Se agacha para quitarse la media del pie derecho, cuando oye un fuerte barullo producido por el viento.

 

Observa que una hilera de árboles está completamente inmóvil, lo que le causa extrañeza. Comienza a quitarse la media del otro pie, cuando oye el mismo barullo del viento impetuoso.

 

Mira entonces en dirección a la Gruta y percibe un movimiento en un rosedal silvestre, que pende de la base de un orificio que hay en la roca, su forma es ovalada, como esos nichos en que se colocan las imágenes en las iglesias.

 

Primera Aparición: Una claridad – una sonrisa

 

Al mismo tiempo, una claridad comienza a iluminar progresivamente la cavidad de la roca, llegando a quedarLourdes2.jpg intensamente brillante, pero sin encandilar, al punto de poderse contemplar con suavidad, como si fuese un magnífico poner de sol.

 

He aquí, que de súbito en el centro de la claridad se ve surgir la figura de una muchacha muy joven, de deslumbrante hermosura, pequeña estatura, majestuosa y sonriente, con un vestido blanco que cae hasta el piso y con un velo del mismo color. El vestido estaba sujeto a la cintura con una cinta azul, cuyas puntas llegaban hasta la altura de las rodillas.

Dos rosas doradas posan sobre los pies descalzos, casi totalmente cubiertos por el vestido. Un grande rosario pende del brazo derecho, con las cuentas relucientes, la cruz y la cadena eran doradas. Las manos estaban colocadas a la altura del pecho.

 

La bella doncella, hace un gesto de acogida, invitando a Bernardita a aproximarse, pero ella no se atreve, pues se siente invadida por una sensación extraña, como quien es absorbida por el ser que contempla. Ella, juzga que puede ser una ilusión, se refriega los ojos, aguza la vista, la fulgurante joven de indescriptible belleza, allí está, siempre risueña.

En un acto reflejo, Bernardita, se lleva la mano al bolsillo del delantal y toma su rosario para con él, trazar la señal de la cruz en un instinto de defensa, pero su brazo es inmovilizado por una fuerza invisible; nuevamente intenta persignarse y una vez más su brazo es paralizado.

 

La sensación extraña que la invadía aumenta, y comienza a sentir miedo. Su mano empieza a temblar.

En este momento, la Dama de la visión, toma el rosario que tenía en el brazo y comienza, Ella misma, a hacer la señal de la cruz. Bernardita entonces, consigue sin dificultad alguna, acompañar el gesto y traza junto con Ella una grande, solemne y majestuosa señal de la cruz. Acto continuo, todo el miedo y la extraña sensación desaparecen.

 

Bernardita, se arrodilla y comienza a rezar el rosario en compañía de la maravillosa Dama. Esta hace correr las cuentas, pero sin mover los labios. Terminado el rosario, la joven de la Aparición repite el gesto de invitación para que la niña se aproxime, pero de nuevo, ella no se atreve. Instantáneamente, como se apareció, sin intercambiar palabra la Visión desaparece y enseguida se va apagando lentamente la luminosidad, quedando la cavidad fría y sombría como antes del suceso.

 

Segunda Aparición – Domingo de carnaval

 

El acontecimiento permaneció restringido a un grupo de amiguitas, alumnas de la escuela gratuita de las Hermanas de la Caridad. Ellas, están picadas por la curiosidad, entonces, un pequeño batallón infantil de una docena de ellas, resolvió, buscar a los padres de Bernardita y tanto insistieron, que al fin, consiguieron de ellos la autorización para ir todas juntas a la Gruta.

 

¡Todas parten llenas de coraje y de… miedo! Llevan frasquitos con agua bendita y, llegando a la Gruta, se arrodillan ansiosas y temerosas. Comienzan todas juntas a recitar el rosario, y en la segunda decena, Bernardita, toda radiante dice:

 

- ¡Ella llegó! Allá está, con el rosario en el brazo y nos está mirando.

 

Para las otras, el nicho está tan vacío y oscuro como antes. Bernardita quiere hacer la prueba, como ella relata con sus propias palabras: “Comencé a echar agua bendita en la Aparición, diciendo que si venía de parte de Dios, se quedase; si no, que se fuese. Y me empeñé cada vez más en empaparla con agua bendita.

Ella, comenzó a sonreír e inclinarse hacia mí y cuanto más yo la mojaba, tanto más ella se inclinaba y sonreía. Entonces, sobrecogida de miedo apresuré aún más la aspersión, hasta que la botella quedó vacía”.

En este momento, desaparece para ella el mundo exterior, queda inmóvil, el rostro se torna pálido y brillante, como si una luz lo iluminase por dentro, con la mirada fija en la hendidura de la roca y sin mover los párpados. Sus compañeras, se llenan de respeto y admiración, pues nunca habían visto nada parecido. Pero en este momento, no entienden lo que sucede y quedan sobrecogidas de espanto. Antonieta, piensa que su hermana está muriendo. Las más miedosas huyen en desbandada. Algunas se quedan hasta que Bernardita vuelve a la normalidad.

 

Después de terminada la Aparición que duró unos veinte minutos, tiempo de recitar un rosario lentamente y con devoción.

En esa tarde de domingo carnavalesco, algunas personas que paseaban por las márgenes del río Gave pudieron observar aquellos movimientos extraños, sin saber bien qué conclusión sacar.

 

En la ciudad, con la agitación provocada por el pánico de las niñas que llegaron despavoridas, el asunto de la Gruta comienza a circular, pero como una cosa de niñas de condición humilde.

El resultado fue amargo para Bernardita, pues esta vez Luisa, renueva la prohibición de volver a la Gruta, aún con más vigor.

 

Una vez más, para Bernardita parece cerrado definitivamente ese episodio de la Gruta. Ella, entretanto, no consigue pensar en otra cosa, sino en esa maravillosa Dama de la roca, con su sonrisa y ¡fascinante belleza!

Pero Dios, tiene sus caminos misteriosos para el hombre.

La solución, vendrá por vías bien inesperadas.

 

Tercera aparición – Una voz dulce y fina

 

Lourdes3.jpgLa situación parece no tener solución, cuando aparece en escena un personaje excéntrico: Doña Juana Mollet, quien es una mujer activa y emprendedora. Ella, consiguió obtener una buena fortuna casándose con su propio patrón, y acostumbra dar trabajos y quehaceres a Luisa, madre de Bernardita.

 

Ella, resuelve esclarecer ese asunto y exige que Bernardita pueda volver a la Gruta, pero en el mayor secreto posible, bien tempranito e irán solo tres: Doña Juana, su costurera, Antonieta y la vidente.

 

El jueves, día 18, luego de asistir a la misa parroquial, exactamente una semana después de la primera aparición, van a camino de Massabielle, aún en plena noche, pues el sol se levanta tarde en esa estación del año. Caminan con todo cuidado, para no llamar la atención de nadie.

 

Van provistas de papel, pluma y tinta, pues quieren, que quien se aparezca, se identifique claramente y exprese lo que desea.

 

Al llegar, encienden una vela y comienzan a rezar el rosario. En la segunda decena, Bernardita, ve relucir el conocido fulgor luminoso en el nicho y murmura:

 

- ¡Ella está ahí!

 

Continúan el rezo del rosario, ahora en ritmo irregular, hasta que en cierto momento la Aparición hace una señal a Bernardita, para que se dirija hasta una cavidad interna de la roca, casi al nivel del suelo, en donde queda bien junto de la Dama, tan cerca, que podría tocarla, llegando a verse cara a cara. Ella, continúa con su sonrisa tan acogedora, que Bernardita, llena de confianza, le presenta el papel y la pluma, diciendo:

 

- ¿La señorita quiere tener la bondad de escribir su nombre y lo que desea?

 

Por primera vez, Bernardita, oye la voz dulce y fina de aquella Dama, aún sonriente:

“No es necesario”.

Tomando entonces un aire serio, formula una invitación a Bernardita:

“¿Quieres darme el placer de venir aquí durante quince días?”

Bernardita, acepta la invitación sin la menor vacilación y se siente confundida con tanta deferencia. Jamás en su vida, había sido tratada con tanta bondad y respeto.

Su respuesta positiva, atrajo una promesa:

No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero, sí en el otro”.

Magnífica y austera promesa, que marcará toda la vida de Bernardita. Compenetrada de la seriedad de lo que acabara de oír y del compromiso que asumió, ella vuelve a su lugar y prosiguen el rezo del rosario, al final del cual, desaparece la Visión.

 

Al regreso de la Gruta, Doña Juana, pasa triunfante por el Cachot e informa a Luisa que su hija prometió ir a la Gruta por quince días. Pero que ella quede tranquila.

 

Irán solamente las tres, siempre en el más completo sigilo. En Lourdes nadie sabrá de nada… ¡Palabra de Juana Millet!

A los padres de Bernardita, esto no les gusta, pero prefieren resignarse, para no desagradar a esa patrona ocasional.

 

Entre el 19 y 21 de febrero: “¡Huye!, ¡Huye!”

 

Y el “secreto”, continúa circulando… Está comenzando la famosa quincena de las Apariciones, prometida por Nuestra Señora y aceptada por Bernardita.

 

En el día 19, cerca de 10 personas acompañan a Bernardita a la Gruta, todas ellas comprometidas, claro está, a “no contar a nadie”.

 

La noticia se va esparciendo por la región y comienza a afluir gente a la Gruta. El día 21, más de una centena de personas asiste al lugar de la aparición.

 

El demonio no podía estar satisfecho y coloca su pata.

En uno de esos días, en cierto momento comenzó un barullo infernal del otro lado del río, con algazara y gritos violentos: “¡Huye! ¡Huye!”.

 

Bastó, que la “Aparición” volviera la mirada hacia el lado de donde provenía el alarido, que el barullo cesó por completo.

 

 

 

 

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