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Lourdes

22 de febrero: día sin Aparición

Publicado 2009/05/02
Autor : Redacción

Todos la oyeron exclamar: “¡Penitencia, penitencia, penitencia!”

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Al día siguiente, Francisco, cumple la palabra dada al Comisario. Bernardita debe tomar el camino de la escuela. Ella coloca a su padre en el siguiente dilema:

 

- Tengo que desobedecer al señor, o a la Dama.

Recibe un amargo elogio:

- Hija mía, usted nunca me ha desobedecido; que no sea esta la primera vez.

En la hora del almuerzo, ella renueva el pedido de ir a la Gruta, que más de una vez le es negado. Solo resta volver al colegio.

 

Entretanto, al llegar junto al portón de la entrada, ella se siente impedida de continuar la marcha. Una fuerza interna irresistible la arrastra hacia la Gruta.

 

Ella se dirige por las calles secundarias y es seguida por dos policías encargados por Jacomet, de vigilarla como si fuese una malhechora.

 

Al llegar, inicia el rezo del rosario, pero el nicho permanece vacío. Ella prolonga las oraciones, espera, suplica.

A pesar de todo, la Dama no aparece en este día. Su angustia y sufrimientos son profundos. Olvidada de sí, apenas se pregunta, qué culpa le cabe, por esta ausencia.

 

Los padres, viendo el estado de abatimiento de la hija, suspenden la prohibición.

Bernardita, tiene libre el camino para Massabielle.

 

Una conversión

 

Lourdes5.jpgHasta ahora, era solo gente de condición modesta la que asistía a la Gruta. Pero el interrogatorio del Comisario, hizo propaganda de las apariciones.

 

Ahora, comienzan a aparecer personas de la clase acomodada. Son abogados, militares, médicos, muchachas de la sociedad y sobretodo, el cobrador de impuestos, Juan Bautista Estrada, hombre que no toma la religión en serio y que fue a la Gruta el día 23, para acompañar a su hermana Manuelita. Fue haciendo bromas por todo el trayecto, ridiculizando las apariciones.

 

Sin querer, quedó bien junto de la vidente que, indiferente a los circundantes, actuó como siempre. Juan Bautista lógicamente ni siquiera hizo la señal de la cruz, ni sacó el rosario del bolsillo porque no tenía y menos aún, se arrodilló.

Al instante en que Bernardita llega a la segunda decena del rosario, siente el estremecimiento del inicio del éxtasis: ahora, tiene delante de sí, a la Santísima Virgen. Juan Bautista, queda profundamente impresionado con lo que ve. Aquella mirada fija, la blancura reluciente de su rostro, las sonrisas incomparables, los graciosos saludos, en fin, todo conmueve profundamente su alma hasta hace poco indiferente que lo lleva a exclamar: “Bernardita, no es mas Bernardita. Era un ángel sumergido en indescriptible arrobamiento” (NDL, 108). Sin darse cuenta, él cae de rodillas, ora contemplando a Bernardita, ora dirigiéndose al nicho, en el intento de ver lo que podría haber causado tal transformación en esa niña que tiene al lado. Para él es un nicho frío, vacío y oscuro.

 

Algunos acordes sonaron en lo más profundo de su alma, y siente que Dios mismo le habla a través de Bernardita en éxtasis. No percibe, que el presidente del Colegio de los Abogados de Lourdes, Dr. Rufo, bien junto a su lado, también está profundamente conmovido hasta derramar lágrimas.

 

Juan Bautista, no sabría decir cuánto tiempo duró la Aparición, pero al levantarse, es otro hombre. El indiferente de unos instantes atrás, se levanta fortalecido en la fe:

 

- ¡Esta niña es incapaz de mentir. No sé lo que ella ve, mas doy crédito en lo que ella dice que ve! Su conversión fue duradera y él será, uno de los historiadores de las Apariciones.

 

Día 24: “Penitencia, Penitencia, Penitencia”

 

Hasta este día, los que estuvieron en la Gruta, siempre contemplaron a Bernardita inmóvil, en éxtasis, prácticamente todo el tiempo de la aparición. En ocasiones, se notaba un ligero movimiento de los labios, como si hablase, pero, sin que fuese emitido algún sonido. Hoy, ella mantiene una conversación prolongada con la Aparición, como siempre, inaudible para todos.

 

Es bien probable que en esta fecha, ella haya aprendido la oración y oído o escuchado, los tres secretos que se referían solamente a ella. Recibió aún otra orden:

- “Bese la tierra en penitencia, por la conversión de los pecadores”.

 

Ella inicia así los actos penitenciales, besando el suelo y caminando de rodillas.

Todos la oyeron exclamar: “¡Penitencia, penitencia, penitencia!”

Fue la primera y única vez que ella se dirigió a los presentes, a lo largo de todas las apariciones, repitiendo lo que escuchara de la Virgen María.

 

 

 

 

 

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