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El Rosario

El Rosario

Publicado 2009/04/12
Autor : Catecismo de la Iglesia Católica

Siendo la oración que más pidió la Santísima Virgen en sus apareciones en Fátima, los Heraldos del Evangelio hacemos una especial insistencia en su rezo diario.

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Beneficios y méritos del Santo Rosario


Según San Luis María Grignion de Montfort, la piadosa y eficaz recitación del Rosario:

1. Nos eleva insensiblemente al conocimiento perfecto de Jesucristo.
2. Purifica nuestras almas del pecado.
3. Nos hace victoriosos contra todos nuestros enemigos.
4. Nos hace fácil la práctica de las virtudes.
5. Nos abrasa en el amor de Jesucristo.
6. Nos enriquece de gracias y méritos.
7. Nos proporciona con que pagar todas nuestras deudas con Dios y con los hombres.
8. Finalmente, nos obtiene de Dios toda especie de gracias.

Observación: Para los que rezan solo una parte del Rosario al día, se meditan los
Misterios Gozosos: lunes y sábados;
Misterios Luminosos: jueves;
Misterios Dolorosos: martes y viernes;
Misterios Gloriosos: miércoles y domingos.

 

Oraciones del Santo Rosario


Señal de la Cruz
V: Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro.
V: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
V: Abre, Señor mis labios.
R: Y mi boca cantará tus alabanzas.
V: Ven, oh Dios, en mi ayuda.
R: Apresúrate, Señor, en socorrerme.
V: Gloria al Padre...

 

Ofrecimiento
Divino Jesús, te ofrecemos el Rosario que vamos a rezar para contemplar los misterios de nuestra Redención. Concédenos que, por la intercesión de María, vuestra Madre Santísima, a quien nos dirigimos, obtengamos las gracias necesarias para rezarlo bien y ganar las indulgencias de esta santa devoción. Así sea.

 

Credo
Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos; subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén.

Padrenuestro
V: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
R: Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

 

Avemaría
V: Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria
V: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R: Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

María, Madre de gracia
(después de cada misterio)
María, Madre de Gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Jesús mío
(después de cada misterio)
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo y socorre especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia.

Agradecimiento
Infinitas gracias te damos, soberana princesa, por los beneficios que todos los días recibimos de tus liberales manos. Dígnate, ahora y siempre, tomarnos bajo tu poderoso amparo. Y para más obligarte a ello, te saludamos diciendo:

Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

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