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Reflexiones

María y los Padres de la Iglesia

Publicado 2009/08/03
Autor : P. Juan Carlos Casté, EP

La devoción a la Santísima Virgen María viene desarrollándose desde los primerísimos tiempos del Cristianismo. Los Padres de la Iglesia fueron los que pusieron las piedras fundamentales para la construcción del gran edificio de la mariología.

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Después de la Ascensión del Señor, concretamente a partir de Pentecostés, fue cuando empezó la gran epopeya de la difusión del Evangelio en el mundo entero.

A la vez que iban anunciando a los pueblos la Buena Nueva de la Redención y de la Persona divina y humana de Nuestro Señor Jesucristo, los Apóstoles y los primeros discípulos también propagaban el amor, la ternura y la devoción a Aquélla que había sido escogida por el Altísimo para ser la Madre del Redentor, la Virgen de la cual había nacido Él de una manera milagrosa y que lo acompañaría toda la vida.

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Por medio de María, Jesús había hecho los primeros milagros. Tras la Resurrección Ella estuvo al lado de los Apóstoles y discípulos en todas las ocasiones

Por medio de María, Jesús había hecho los primeros milagros: en el orden de la gracia, la Encarnación; en el orden de la naturaleza, la transmutación del agua en vino, en las Bodas de Caná.

Al pie de la Cruz había permanecido con el corazón traspasado por una espada de dolor. Y tras la Resurrección estuvo al lado de los Apóstoles y discípulos en todas las ocasiones, sobre todo en el luminoso día en que el Espíritu Santo bajó sobre ellos, en el Cenáculo.

Por una moción de la gracia, evidentemente, la devoción a Nuestra Señora tuvo excelente acogida en el alma de los primitivos cristianos. Aunque se fue consolidando con firmes fundamentos doctrinales, también por obra del Espíritu Santo, cuando en los primeros siglos de la Iglesia surgieron grandes almas, muchas de altísima santidad, que embebiéndose de la Fe en sus fuentes originarias la amaron, la dieron a conocer, la defendieron contra las herejías iniciales y la fortalecieron con su ciencia teológica. Estos varones con los que la Fe de la Iglesia empezó su caminar a través de los siglos son los llamados “Santos Padres”.

Los Padres de la Iglesia

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“Pentecostés” – Vitral, Catedral de Curitiba (Brasil).

Con su virtud, su saber y su vida contribuyeron en la formación y desarrollo de la Iglesia. Fueron testigos de la predicación de los Apóstoles, garantizadores de la Revelación y los transmisores de la Tradición de la Iglesia. Cuando aparecieron los primeros heresiarcas que intentaban confundir a los cristianos, éstos se dirigían a los “Padres” para cotejar con ellos las enseñanzas de los Apóstoles.

En el Concilio de Nicea, en el año 325, fue cuando surgió oficialmente el término “Padre”, con el que se denominaría a estos insignes varones que dieron a la Iglesia la doctrina verdadera.

“Refiriéndose a los Padres de Nicea, San Basilio escribe: ‘Lo que enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que aprendemos de los Santos Padres'. A partir del siglo V, recurrir a los Padres de la Iglesia se convertiría en un argumento fundamental en las controversias” .1

El gran teólogo del siglo XVI, Melchor Cano, en su obra De Logis Theologicus , menciona las siguientes características propias de un Padre de la Iglesia:

— La antigüedad: en Occidente hasta el siglo VII, siendo el último San Isidoro de Sevilla (560-636). En Oriente hasta el siglo VIII, San Juan Damasceno (675-749) fue el último.

— La ortodoxia de su doctrina.

— La santidad de vida.

— El reconocimiento eclesial.2

Siguiendo criterios cronológicos, fueron divididos en prenicenos (hasta el 325), nicenos (hasta el 451) y postnicenos.

También pueden ser clasificados por Padres de Oriente —griegos, sirios, armenios y coptos— o de Occidente, dependiendo del área geográfica donde actuaron y vivieron.

Entre los prenicenos destacan los Padres Apostólicos, es decir, “la primera y la segunda generación de la Iglesia después de los Apóstoles” , en palabras del Papa Benedicto XVI. 3

Igualmente se les denomina Padres Apologéticos, cuyo papel fue el de defender la Fe contra las primeras herejías, como también Padres Predicadores, Historiadores, Comentaristas, etc., en función de las características de sus escritos.

La doctrina, las homilías, las obras de los Padres de la Iglesia tuvieron y continúan teniendo un peso extraordinario en todo el pensamiento y elaboración de la teología y, a fortiori , de la mariología.

Maestros de ayer, de hoy y de siempre

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“La Anunciación” – Vitral, Catedral de Cristo Rey,
Hamilton (Canadá)

En su Carta Apostólica Patres Ecclesiæ , del 2 de enero de 1980, Juan Pablo II corroboraba que la Iglesia vive todavía hoy con la vida recibida de esos Padres. Y añadía: “De ahí que todo anuncio del Evangelio y magisterio sucesivo debe adecuarse a su anuncio y magisterio si quiere ser auténtico; todo carisma y todo ministerio debe fluir de la fuente vital de su paternidad”.

Siguiendo las huellas de su Predecesor, Benedicto XVI ha querido darle énfasis al conocimiento y estudio de los Santos Padres a través de sus alocuciones en las audiencias generales de los miércoles, en las que desde el 7 de marzo del 2007 ha ve nido tratando sistemáticamente cada uno de ellos.

“Los Padres de la Iglesia —escribe Loarte— nos han transmitido un método teológico luminoso y seguro. Sus escritos ofrecen una riqueza cultural y apostólica que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre. Muchos de los actuales dogmas de la Iglesia nos han sido legados por ellos. Elaboraron las primeras liturgias y muchas costumbres y leyes de la Iglesia” .4

Explica a continuación que los Santos Padres, a través de sus comentarios y escritos, nos comunican la doctrina viva que Jesucristo predicó, transmitida sin interrupción por los Apóstoles y sus sucesores. Tras poner de relieve que debido su cercanía con aquella época, “el testimonio de los Padres goza de un valor especial” , Loarte afirma: “Podríamos decir que después de los Apóstoles, como dijo justamente San Agustín, fueron los sembradores, los regantes, los constructores, los pastores y los alimentadores de la Iglesia, la cual puede crecer gracias a su acción vigilante e incansable” . 5

La mariología en los Padres de la Iglesia

Como hemos afirmado más arriba, la devoción a la Santísima Virgen María comenzó a la par de la misma Iglesia y viene desarrollándose desde los primerísimos tiempos del Cristianismo.

Los Padres de la Iglesia fueron, en efecto, los que pusieron las piedras fundamentales para la construcción del gran edificio de la mariología.

En sus escritos se encuentran en germen los elementos doctrinales que —desarrollados a lo largo de los siglos por la especulación teológica y por el sensus fidelium , bajo la inspiración del Espíritu Santo— facilitaron posteriormente la proclamación de los dogmas marianos, como el de la Inmaculada Concepción, en 1854, o en 1950 el de la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos en cuerpo y alma.

El lenguaje empleado por los Padres de la Iglesia brilla por su profundidad teológica y por el amor a la Santísima Virgen. “La raison ne fait que parler, c'est l'amour qui chante” , dijo un intelectual francés.6 Los escritos de los Santos Padres hacen las dos cosas: además de sólidos monumentos doctrinarios, son verdaderos cánticos que estas grandes almas dirigen a Aquélla que fue considerada “digna” de ser la Madre de Dios.

Veamos ahora algunos de los más importantes textos mariológicos de los primeros siglos del Cristianismo, como también las circunstancias en las que sus autores los concibieron.

San Ignacio de Antioquia

Discípulo del Apóstol Juan, Ignacio fue el tercer Obispo de Antioquía. Sucedió al Apóstol Pedro y a San Evodio. Como nos narra los Hechos de los Apóstoles, en esa célebre ciudad surgió una floreciente comunidad cristiana, y en ella fue “donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de ‘cristianos'” (Hch 11, 26).

Tras regir su diócesis durante casi 40 años, San Ignacio fue preso, llevado a Roma y entregado a las fieras en el Anfiteatro Flavio, en el año 107.

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San Irineo de Lyon: “Y así como el género humano fue llevado a la muerte por una virgen, fue liberado
por una Virgen”

En sus cartas se siente el amor ardiente de un santo que hizo frecuentes alusiones a la Virgen María: “Jesús, Dios nuestro, el Ungido, fue llevado por María en su seno, conforme el plan salvador de Dios; era en verdad del linaje de David, engendrado, sin embargo, por obra del Espíritu Santo. Fue alumbrado y fue bautizado a fin de santificar el agua con sus padecimientos” .7

En esa misma Carta a los Efesios, se expresa de esta manera: “Uno sólo es el médico corporal y espiritual, engendrado y no engendrado, Dios nacido en carne, en la muerte vida verdadera, nacido de María y de Dios, primero pasible y después impasible, Jesucristo Nuestro Señor”. 8

San Irineo de Lyon

Irineo nació con gran probabilidad en Esmirna (hoy Izmir, en Turquía), entre los años 135 y 140. En su juventud fue alumno del Obispo San Policarpo, que a su vez había sido discípulo del Apóstol Juan.

¿Cuándo se trasladó de Asia Menor a la Galia? No se sabe, pero esa mudanza debió coincidir con los primeros pasos de la comunidad cristiana de Lyon: allí le encontramos en el año 177 ya como presbítero.

Luchó contra la herejía gnóstica, pero su obra va más allá de la confutación de esta herejía. Se puede decir que surge como el primer gran teólogo de la Iglesia, como el creador de la teología sistemática.

Él mismo habla del sistema de la teología, es decir, de la coherencia interna de toda la Fe. 9

He aquí el interesante paralelo trazado por este insigne Padre de la Iglesia entre Eva y la Santísima Virgen: “Por medio del Ángel fue anunciado convenientemente a la Virgen María, sometida ya al poder de un varón, que el Señor vendría a su heredad y que su creación, que es sustentada por Él, la llevaría Él mismo; que, por la obediencia en el árbol, recapitularía la desobediencia que hubo en el árbol; y que desharía la seducción por la que fue malignamente seducida aquella virgen Eva, que estaba destinada ya a un varón.

“Pues, como ésta fue seducida por la palabra de un Ángel, para apartarla de Dios, desobedeciendo su palabra, así Aquélla fue instruida por la palabra del Ángel, para llevar a Dios, obedeciendo a su palabra. Y si Eva había desobedecido a Dios, María se inclinó para obedecerle, y así la Virgen María se convirtió en la abogada de la primera virgen, Eva.

“Y así como el género humano fue llevado a la muerte por una virgen, fue liberado por una Virgen y se mantuvo el equilibrio: la desobediencia de una virgen, por la obediencia de una Virgen.

Además, se reparó el pecado del primer hombre por la correspondencia del Primogénito, y la prudencia de la serpiente fue vencida por la simplicidad de la paloma, desatando los lazos por los cuales estábamos amarrados a la muerte”. 10

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María visitó Isabel a fin de hacer a Juan partícipe del poder que había recibido de Aquél a quien había concebido

En otro pasaje, afirma: “Aquéllos que consideran a Jesús un simple hombre nacido de José […] negando al Emmanuel que nació de la Virgen, están privados de su don, que es la vida eterna; y no acogiendo al Verbo, fuente de incorrupción, permanecen en su carne mortal y son tributarios de la muerte porque no reciben el antídoto de la vida”. 11

Orígenes de Alejandría

Una de las más grandes inteligencias de la antigüedad cristiana es Orígenes, hijo del mártir San Leonidas, catequista. Toda su vida tuvo el deseo ardiente del martirio y se puede decir que le fue concedido, ya que en el 250, durante la persecución de Decio, fue preso y torturado cruelmente, y murió tres años más tarde a causa de esos tormentos.

Orígenes incurrió en algunos errores doctrinarios que perjudicaron su fama, pero conviene aclarar que dichos errores, en su época, no habían sido condenados por el Magisterio y que, por lo tanto, aún eran materia libre de discusión en el ámbito teológico. Murió con la aureola de Confesor de la Fe. El Papa Benedicto XVI hizo un caluroso elogio de este “gran maestro en la Fe” , en la Audiencia General del 25 de abril de 2007: “Orígenes de Alejandría es, en realidad, una de las personalidades determinantes para todo el desarrollo del pensamiento cristiano”.

Escritor de gran profundidad cristológica, es al mismo tiempo uno de los primeros en declarar que la Madre de Jesús fue siempre Virgen: “Jesucristo, el que vino al mundo, nació del Padre antes de toda criatura. Después de haber coadyuvado, como ministro del Padre, en la creación del universo —‘todo fue hecho por Él, y sin Él no fue hecho nada' (Jn 1, 3)—, se humilló en los últimos días, se hizo hombre, se encarnó (cf. Flp 2, 7-8), sin dejar de ser Dios. Asumió un cuerpo semejante al nuestro y fue diferente de nosotros solamente en cuanto nacido de la Virgen y del Espíritu Santo”. 12

Reflexionando sobre la visita de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel, el alejandrino teje bellos comentarios: “Penetrando en los oídos de Isabel, la voz del saludo de María llegó hasta el mismo Juan, que dio saltos. Y la madre, hablando como por la bo ca de su hijo y como profetisa, exclamó en voz alta: ‘Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre' (Lc 1, 42). Ahora podemos comprender en su plenitud el significado del presuroso viaje de María hasta la región montañosa, así como su entrada en la casa de Zacarías y de su saludo a Isabel. Todo esto sucedió a fin de que María hiciese a Juan (aunque todavía en el seno materno) partícipe del poder que había recibido de Aquél a quien había concebido.

Juan, por su parte, haría partícipe a su madre del don de la profecía que él había recibido. Es muy significativo que tales dones hayan sido otorgados en una región montañosa, porque nada de grande puede ser alcanzado por personas que, por su insignificancia, deben ser designadas como valles…”. 13

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San Hilario de Poitiers: “María fue madre de un ser perfecto, sin
experimentar daño alguno en su integridad”

San Hipólito de Roma

Presbítero romano, seguramente de origen oriental, que vivió en el siglo III, Hipólito afirma que Nuestro Señor nació del Espíritu Santo y de la Santísima Virgen María: “Pero el Señor no podía pecar, pues había sido formado, en cuanto naturaleza humana, de maderas incorruptibles, es decir: con la intervención de la Virgen y del Espíritu Santo, y estaba revestido por dentro y por fuera del Verbo de Dios, como oro purísimo”. 14

San Hilario de Poitiers

Preclaro Padre de la Iglesia de Occidente y “una de las grandes figuras de obispos del siglo IV” , según afirma el Papa Benedicto XVI, 15 fue San Hilario de Poitiers. Ante los arrianos, que consideraban al Hijo de Dios como una mera criatura, Hilario consagró toda su vida a la defensa de la Fe en la divinidad de Jesucristo, Dios igual que el Padre, que lo engendró desde toda la eternidad.

No disponemos de datos seguros sobre la mayor parte de su vida. Las fuentes antiguas dicen que nació en Poitiers, Francia, probablemente hacia el año 310. De familia acomodada, recibió una sólida formación literaria que puede ser apreciada claramente en sus escritos.

Parece ser que no creció en un ambiente cristiano. Él mismo nos habla de un camino de búsqueda de la verdad que lo llevó poco a poco al reconocimiento del Dios creador y del Dios encarnado, que murió para darnos la vida eterna. Bautizado hacia el año 345, fue elegido obispo de su ciudad natal en torno a los años 353-354.

En los años sucesivos, San Hilario escribió su primera obra, el Comentario al Evangelio de San Mateo . Se trata del comentario más antiguo en latín que nos ha llegado de este Evangelio.

En el año 356 fue desterrado a Asia Menor por el emperador Constancio.

Murió nueve años más tarde.16 Sus escritos tienen numerosas y piadosas referencias a Nuestra Señora.

Sobre la concepción y el parto virginal de María, afirma: “Está fuera de discusión que Ella no concibió por obra de varón, al dar a luz, sino de su propia carne formó la carne [del Hijo] , que se desarrolló sin la humillación de la unión carnal de nuestra naturaleza. Fue madre de un ser perfecto, sin experimentar daño alguno en su integridad” .17

Y añade, explicando un pasaje de la primera epístola de San Pablo a los Corintios: “El bienaventurado Apóstol expresa perfectamente su pensamiento sobre el inefable misterio del nacimiento del cuerpo [de Cristo], cuando dice: ‘El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; el segundo viene del Cielo' (1 Co 15, 47). Cuando lo llama hombre, quiere indicar su nacimiento de la Virgen, que desempeñando aquello que es propio de una madre en la concepción y en el nacimiento de un hombre, respetó la ley natural propio del sexo.

Cuando después el Apóstol dice: ‘El segundo hombre proviene del Cielo', confirma su origen, pues Él descendió al seno de la Virgen cuando bajó sobre Ella el Espíritu Santo. Por eso [Cristo], ya que es hombre y proviene del Cielo, tiene su nacimiento de la Virgen y su concepción del Espíritu. ¡Es el propio Apóstol que se expresa de esta manera!” 18

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Padres de la Iglesia San Clemente, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Agustín

Defendieron la verdad sin miedo

Les tocó vivir a los Santos Padres una época bellísima, pero difícil. Bellísima porque vieron con sus propios ojos cómo el rebaño de Jesucristo, la Iglesia fundada por Él, se difundía con rapidez vertiginosa, a pesar de las persecuciones. Pero al mismo tiempo difícil, porque comenzaron a aparecer las herejías. Tuvieron la misión de defender a la Iglesia de esos sembradores de cizaña que fueron los heresiarcas. Defendieron la verdad sin miedo. Por eso su lenguaje, muchas veces, tiene una marcada nota de polémica, de vehemencia, incluso cierta rudeza, pero de innegable belleza y virilidad.

En sus escritos y homilías, se siente algo de aurora, de unos rayos de sol que nace. Aún no es la claridad del medio día, pero sí la luz primera.

Por decirlo así, se oye el eco de la voz de Nuestro Señor. Comentando las cartas de San Ignacio de Antioquía, Benedicto XVI afirmaba: “Leyendo esos textos se percibe la lozanía de la Fe de la generación que conoció a los Apóstoles” .19

Y esa energía inicial, llena toda ella del Espíritu Santo, impulsó, configuró y solidificó la doctrina cristiana por siempre jamás.

 

 

 

1 LOARTE, J. A. El tesoro de los Padres . Madrid: Rialp, 1998, Pág. 13-18.
2 Cf. SÁNCHEZ ROJAS, Dr. Gustavo. Curso “ Los Santos Padres y la Teología” , Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, 2009.
3 BENEDICTO XVI, Audiencia General, 7/3/2007.
4 LOARTE, Op. cit., Pág. 3-18.
5 Ídem, ibídem.
6 Jean-Baptiste Henri Lacordaire.
7 Carta a los Efesios , VII, 2: Apud Pons , Guillermo. Textos Marianos de los Primeros Siglos . Madrid: Ciudad Nueva, 1994, Pág. 20.
8 Ídem, ibídem.
9 Cf. BENEDICTO XVI, Audiencia General, 28/3/2007.
10 Contra las herejías , V, 19, 1: PG 7, 1175-1176. Apud PONS, Op. cit., Pág. 29- 30.
11 Ídem, III, 19, 1: PG 7, 938. Apud PONS, Op. cit., Pág.31.
12 Tratado de los principios - Introducción 4: PG 11, 117. Apud PONS, Op. cit., Pág. 38.
13 Comentario al Evangelio de San Juan , VI, 49, PG 14, 285. Apud PONS, Op. cit., Pág. 38-39.
14 Comentario al salmo 22 , frag.: PG 10, 8649. Apud PONS, Op. cit., Pág. 36.
15 BENEDICTO XVI, Audiencia General, 10/10/2007.
16 Cf. BENEDICTO XVI, Audiencia General 10/10/2007.
17 La Trinidad 2, 10: PL 10,87. Apud PONS, Op. cit., Pág. 50.
18 Ídem, 10: PL 10, 356. Apud PONS, Op. cit., Pág. 50.
19 BENEDICTO XVI, Audiencia General, 14/3/2007.

 

 

 

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