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La Palabra de los Pastores

¿Cuál es la solución que da Jesús?

Publicado 2016/10/14
Autor : Mons. Edgar Peña Parra - Nuncio Apostólico en Mozambique

Jesús nos indica el camino para saciar no sólo nuestra hambre, sino también la del mundo. Y ése pasa necesariamente por hacer la voluntad del Padre, manifestada en el Verbo y realizada en el Espíritu Santo que da la verdadera vida.

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Queridos hermanos y hermanas, antes de pasar a nuestra reflexión sobre la Palabra de hoy, quiero agradeceros vuestra amable invitación para celebrar la Eucaristía con vosotros. Es una óptima ocasión para rogar a Dios que nos conceda a todos la gracia de ser fieles a su voluntad y, de modo especial, a vuestro carisma dentro de esta Iglesia de Mozambique.

Solicitud de Dios ante el "hambre" de la multitud

La Palabra de este domingo nos ayuda a repensar nuestra adhesión a Dios y a nuestra experiencia de vida comunitaria, presentándonos un tema fundamental: el "hambre" de la multitud. La muchedumbre que sigue a Jesús tiene hambre y no tiene qué comer (cf. Jn 6, 5-6). Este pasaje de clara connotación veterotestamentaria -hace referencia al Éxodo y a la travesía en el desierto- muestra la solicitud de Dios, que responde a las necesidades de su pueblo.

De la misma manera Jesús se da cuenta de la situación del pueblo, de nuestra situación, y busca una solución. Por consiguiente, debemos preguntarnos cuál es la solución que da Jesús. No obstante, antes de presentarla, cabe subrayar que Él implica desde el primer momento a la comunidad de sus discípulos. La comunidad de Jesús necesita sentirse responsable por el "hambre" de los hombres y tienen que sentir que es su responsabilidad y su misión saciar esa "hambre".

Mons. Edgar Peña fue recibido con el Himno Pontificio a su llegada a la Casa de los Heraldos de Matola.   El Nuncio presidió la Celebración Eucarística
Mons. Edgar Peña fue recibido con el Himno Pontificio a su llegada a la Casa de los Heraldos de Matola.
A continuación, el Nuncio presidió la Celebración Eucarística, que fue concelebrada por el
P. Alessandro Schurig, EP, auxiliado por el Diác. Diego Faustino, EP

Un problema imposible de resolver por nuestras propias fuerzas

En ese sentido, Juan nos dice que Jesús plantea el problema a sus discípulos, representados por Felipe, para ver cómo van a resolver el "hambre" del mundo. ¿Lo harán según el actual sistema económico, basado en el egoísmo y en el poder del dinero, en definitiva, en intercambios comerciales? ¿O hay otro camino? Constatamos que los discípulos, al principio, se encuentran dentro de esa lógica comercial.

De hecho, Felipe reconoce que "doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo" (6, 7). Un denario equivalía al salario base de un día de trabajo. Luego ni con más de medio año de trabajo se podría alimentar a tanta gente. Dicho de otra forma, es impo- sible resolver ese problema mediante nuestras propias fuerzas. Entonces Jesús nos está invitando a abandonar ese sistema y a encontrar otro.

Andrés, apóstol desde el primer momento y, por tanto, más íntimo del Maestro, presenta una solución diferente (cf. Jn 6, 8-9), aunque no está muy convencido de los resultados, pues "¿qué es eso para tantos?" (6, 9). Es decir, Andrés sabe que debe haber otro sistema, sin embargo, no cree que dé resultado.

Para Dios, todo es posible

Ahora bien, Jesús va a demostrar que realmente existe otro sistema. "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (Lc 18, 27). Todo es posible para Dios y, además, no abandona a nadie. Ante la incertidumbre o la poca fe de sus discípulos, Jesús dice "no va a faltar, e incluso sobrará".

El Señor, que confía totalmente en el Padre, sabe muy bien que nuestra resignación sólo puede ser vencida por la mano de Dios. El pasaje evangélico de hoy nos habla de unos pocos panes de cebada (recordemos que el pan de cebada era el pan de los pobres, en contraposición al de trigo, más rico y sabroso); Jesús solamente necesita aquellos cinco panes de cebada. Y es con esos panes pobres con los que sacia a cinco mil personas.

Es suficiente lo poco que tenemos -el poco amor, la poca compasión, los pocos bienes materiales, la poca disponibilidad, el poco tiempo- para matar el hambre, ya sea la del alma, ya sea la del cuerpo.

La tentación de aferrarnos a cosas estériles

El desafío consiste en entregar en las manos del Señor ese "poco" que tenemos, y no perder tiempo en las cosas que impiden que el Señor actúe. ¡Cuánta gente sola, enferma, triste, abandonada, encontraría consuelo y bienestar si diéramos, al menos, un poco más de nuestro tiempo y de nuestro corazón! Es necesario multiplicar la caridad, extender la compasión, ir al encuentro de todo el que tenga urgencia de ayuda, como insiste a menudo el Papa Francisco: "Salid, para consolar a los excluidos".

Queridos hermanos y hermanas, ¡cuántas veces vivimos en esa tentación de aferrarnos a tantas cosas estériles procurando ahí la vida! E incluso a cosas buenas, incluso a la propia acción pastoral. La cuestión es si en ellas nos buscamos a nosotros mismos, en nuestra esterilidad, o buscamos la voluntad de Dios.

En efecto, Jesús nos indica el camino para saciar no sólo nuestra hambre, sino también el hambre del mundo. Y ése pasa necesariamente por hacer la voluntad del Padre, manifestada en el Verbo y realizada en el Espíritu Santo que da la verdadera vida.

Pidámosle al Señor que nos ayude cada día a no ceder a la tentación de apoyarnos en nuestras fuerzas, porque, de hecho, sin Él no podemos hacer nada; y que el Inmaculado Corazón de María nos conduzca cada vez más a entregarnos en los brazos amorosos del Padre, a fin de vivir de su voluntad para poder saciar nuestra hambre y el hambre del mundo. 


Homilía en la Casa de los Heraldos del Evangelio en Matola, 26/7/2015

 

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