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Novena a Nuestra Señora de Fátima

Publicado 2017/05/04
Autor : Redacción

Pase lo que pase, no debemos temer: hagamos caso con toda confianza a las peticiones hechas por la Virgen de Fátima y tengamos la certeza de que Ella nos cuidará como a hijos muy queridos.

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INTRODUCCIÓN

MENSAJE MÁS ACTUAL QUE NUNCA

No son raras las intervenciones espectaculares de Dios en el mundo. Basta recordar milagros retumbantes como la travesía del Mar Rojo y el maná ofrecido a los hebreos en el desierto. El ejemplo supremo lo encontramos en la Encarnación del propio Verbo Divino, hecho de tal magnitud que la historia de los hombres gira a su alrededor.

Fátima parece merecer un lugar destacado en esta galería. Podemos decir sin miedo a exagerar que constituye el principal acontecimiento del siglo XX. El mensaje transmitido por María toca de lleno los principales problemas de los últimos cien años, tales como las dos guerras mundiales, el avance del comunismo, los conflictos religiosos y la avasalladora crisis moral en curso; apunta sus causas básicas y aporta los remedios. Si a esto añadimos el hecho de que fue la propia Virgen quien sirvió de embajadora del Cielo, no hay cómo no atribuirle una suma importancia.

Es más, desde 1917, las palabras proféticas de la Madre de Dios cobran una cada vez más candente actualidad. Su llamado vale hoy más que hace 90 años. Los problemas que Ella denunció se agravaron hasta el paroxismo.

Pase lo que pase, no debemos temer: hagamos caso con toda confianza a las peticiones hechas por la Virgen de Fátima y tengamos la certeza de que Ella nos cuidará como a hijos muy queridos.

Imagen de Nuestra Señora de FátimaLA IMPORTANCIA DEL MENSAJE DE FÁTIMA

La esencia del Mensaje de Fátima son las maternales palabras de esperanza de la Madre de Dios y el medio que ella pone a nuestro alcance para solucionar la crisis contemporánea: "Recen el Rosario todos los días, para alcanzar la paz".

El Mensaje es tan simple que casi nos sentimos tentados a exclamar: "¿Sólo eso? ¿La Virgen apareció y ‘arrancó' al sol de su lugar únicamente para pedir que recemos?".

Sí, esa es la gran profecía. Por que si volvemos a tomar en nuestras manos las cuentas del Rosario, la guerra se alejará del mundo, la humanidad abandonará el pecado, la paz reinará en la tierra, en las familias y en las conciencias, y se realizará la previsión de la Virgen: "Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará".

Todas las demás profecías de Fátima no son sino señales de la Providencia de que Nuestra Señora hará cumplir la esperanzadora previsión de su triunfo maternal sobre los corazones endurecidos por el pecado.

¿Qué milagros de la gracia hará la Madre de Dios para cambiar el rumbo de los acontecimientos y abrir los corazones de los hombres al mensaje del Evangelio?

Por cierto que éste es uno de los grandes enigmas que la publicación del Tercer Secreto no develó.

LA DEVOCIÓN DE LOS PRIMEROS SÁBADOS

¿Será a través del Rosario? Sí, pero no solamente. En Fátima, la Virgen anunció que Dios quería establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María, y que más tarde vendría a pedir la devoción de los cinco primeros sábados. Por una providencial coincidencia, la Hermana Lucía fue transferida al convento de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, donde se encontraba en 1925 cuando la Virgen se le apareció nuevamente para pedir la devoción de los Cinco Primeros Sábados.

POR FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ

Fallecida la Hermana Lucía y revelado el Tercer Secreto, permanece otro último enigma que develar. La Santísima Virgen, al aparecer a los pastorcitos le dijo: "Vine a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 ha esta misma hora. Después volveré una séptima vez".

A pesar de sus enigmas, Fátima continúa como punto de referencia hacia el que se dirigen todas las miradas cuando la magnitud de los acontecimientos hace tambalear la seguridad y estabilidad del mundo moderno. Los que creen mirarán hacia Fátima con esperanza y alegría. Los incrédulos se esfuerzan en negar su autenticidad, temerosos de verse obligados a ceder frente a la evidencia. Los indiferentes se encogen de hombros sin analizar los hechos, pues la veracidad del Mensaje de Fátima los llevaría a obrar en consecuencia. Pero todos tienen bien presente que las profecías de la Santísima Virgen se realizaron.

Solo Ella sabe cuál es el momento oportuno para tocar el fondo del alma del hombre contemporáneo con maternales palabras de paz y consolación, realizando así lo que profetizó a los tres pastorcitos en 1917: "Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará".

LOS PAPAS Y FÁTIMA

Desde la primeras noticias sobre las apariciones de Fátima, los Papas mostraron simpatía y apoyo.

Pío XI, entre otras manifestaciones públicas de simpatía, concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia especial a los peregrinos de Fátima.

Pío XII, que hizo una decena de pronunciamientos sobre Fátima, declaró el 8 de mayo de 1950: "ya pasó el tiempo en que se podía dudar de Fátima". Anteriormente, el 31 de octubre de 1942, consagró a la humanidad al Inmaculado Corazón de María.

En 1946, por medio de su legado, el Cardenal Masella, consagró el mundo a Nuestra Señora de Fátima. El 11 de octubre de 1954 ordenó que se renueve permanentemente la consagración del mundo a su Corazón Inmaculado.

Juan XXIII cuando aún era Cardenal, visitó como peregrino el lugar de las apariciones y, más tarde, legó en testamento su cruz pectoral al Santuario de Fátima.

Pablo VI fue el primer Romano Pontífice que visitó el Santuario de Fátima, para conmemorar el cincuentenario de las apariciones, el 13 de mayo de 1967. Antes de eso, al clausurar la III Sesión del Concilio Vaticano II, anunció su intención de enviar una Rosa de Oro al Santuario de Fátima, lo que efectivamente hizo.

Juan Pablo II, visitó personalmente el lugar de las apariciones en dos ocasiones, el 13 de mayo de 1982 y el 13 de mayo de 1991.

En 1984, en Roma, ante la Imagen de Fátima, consagró la humanidad al Corazón Inmaculado de la Virgen, en unión a todos los obispos católicos del mundo. Hizo también importantes declaraciones sobre la devoción a Nuestra Señora de Fátima y la importancia del rezo del Santo Rosario en su Carta Apostólica "Rosarium Virginia Mariae".

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

Rezar la oración del día correspondiente:

1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9

ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA PRIMERO

Penitencia y reparación
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEGUNDO

Santidad de vida
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA TERCERO

Amor a la oración
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA CUARTO

Amor a la Iglesia
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA QUINTO

María, salud de los enfermos
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEXTO

María, refugio de los pecadores
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA SÉPTIMO

María, alivio de las almas del purgatorio
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA OCTAVO

María, Reina del Rosario
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.
Meditar y rezar la oración final.

DÍA NOVENO

El Inmaculado Corazón de María
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.
Meditar y rezar la oración final.


1. El autor es Gregorio Martínez de Antoñana, C.M.F.

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