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Primeros Sábados

Meditación para el primer Sábado - Agosto 2017

Publicado 2017/08/05
Autor : Redacción

4º Misterio Glorioso: Asunción de Nuestra Señora - Prenda de nuestra resurrección.

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Introducción

Iniciamos nuestra devoción del Primer Sábado, meditando hoy el 4o. misterio glorioso: La Asunción de Nuestra Señora. Al celebrar la entrada de María en el Cielo en cuerpo y alma, la Iglesia reconoce en Ella a la "Mujer vestida de sol" (Ap. 12, 1), la Reina que resplandece junto al trono de Dios y allí intercede por los hombres. Antes de partir de este mundo, Jesús nos prometió: "Volveré y os llevaré conmigo para que, donde Yo estuviere, estéis también vosotros" (Jn 14, 3). Ahora, María es la prenda y el cumplimiento de esa promesa de Cristo y su Asunción se vuelve para nosotros una señal segura de esperanza y de consolación.

Composición de Lugar

Para nuestra composición de lugar imaginemos un bello y amplio jardín, sembrado de flores coloridas y perfumadas, em medio del cual se encuentra Nuestra Señora rodeada de los apóstoles y discípulos de Jesús. Toda Ella resplandece de luz y hermosura. En determinado momento, delante de la mirada maravillada de los presentes, la Madre de Dios comienza a elevarse em dirección al cielo, rodeada de una intensa luminosidad y sonidos angelicales, hasta desaparecer de la vista de todos.

Oración Preparatoria

Oh Reina de Fátima y de todo el universo, quien en vuestro cuerpo y alma glorificados por la Santísima Trinidad habitáis en la eterna bienaventuranza, dirigid vuestra mirada de bondad sobre cada uno de nosotros y obtenednos las gracias necesarias para meditar bien este Misterio del Rosario que os exalta como la Soberana Asunta a los Cielos y de él recoger todos los frutos para nuestra santificación. Amén

Libro del Apocalipsis (12, 1): Entonces apareció en el cielo una gran señal: Una Mujer vestida de sol, teniendo la luna bajo sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas.

Meditación para el primer Sábado


I - Plena de gracia y de caridad rumbo al cielo

En 1950 el Papa Pio XII definió la Asunción de María como dogma, o sea como verdad de fe que debe ser aceptada por todo católico. La Santísima Virgen, pues, al fin de su vida fue acogida por Dios en el cielo "en cuerpo y alma" y coronada plena y definitivamente con la gloria que el Señor preparó para sus santos. Así como Ella fue la primera en servir a Cristo en la fe, es la primera en participar de la plenitud de la gloria de Él en el cielo.

1. Cuerpo y alma elevados al Cielo por la perfección de la caridad y la plenitud de la gracia

Debemos considerar que Nuestra Señora, por el hecho de ser inmaculada, nunca sufrió ninguna enfermedad, no envejeció ni padeció ningún defecto consecuencia del pecado y su cuerpo no estaba sujeto a la descomposición, siendo esta una de las razones de su asunción al cielo. Enseña la doctrina católica ser la caridad una virtud que se basa en la voluntad. Cuando es muy fuerte, el amor impele a quien ama a unirse a quien es amado. Todo cristiano, em el día del Juicio, debe presentar su progreso em la caridad, por ser ella imprescindible para entrar em el cielo. Ahora, hubo alguien que partió de esta vida no con amor, sino por amor: Nuestra Señora. En Ella la caridad se intensificó de tal manera que el cuerpo no podía sustentar más el alma y el deseo de contemplar a Dios cara a cara para unirse a Él hizo con que el alma de María Santísima, al subir, llevase también el cuerpo. A la par de esto, es seguro que en Ella la gracia, aunque plena desde su concepción, aumentó incesantemente a lo largo de la vida al punto de no comportar más cuando ocurrió la Asunción.

He aquí la maravilla de una creatura humana que, de plenitud em plenitud, de perfección em perfección, había llegado al extremo límite de todas las medidas del amor a Dios. Qué le faltaba? apenas la Asunción. Su alma alcanzó tal sublimidad y esplendor, que el velo de separación entre la naturaleza humama y la Visión Beatífica se volvió tenue, se deshizo -sin necesidad de pasar por ningún juicio- Ella vio a Dios. En consecuencia, su cuerpo se volvió glorioso y Ella se elevó al cielo.

2. La Asunción nos invita a estar atentos a las cosas de lo alto.

La Santa Iglesia Católica, al conmemorar la Solemnidad de la Asunción de María Santísima, reza en la liturgia de esta celebración: "Dios eterno y todopoderoso, que elevásteis a la gloria del cielo en cuerpo y alma a la Inmaculada Virgen María, Madre de vuestro Hijo, concedednos vivir atentos a las cosas de lo alto, a fin de participar de su gloria".

He aquí una de las primeras invitaciones que nos hace la Asusnción de María: estar atentos a las cosas de lo alto. En efecto, nuestra condició humama, tan llena de luchas y de dramas y al mismo tiempo de gracias, tiende a volverse para las realidades concretas que nos cercan -salud, dinero, relaciones, etc.-, olvidándose de las maravillas sobrenaturales, cuando en verdad su contemplación es esencial para volvernos partícipes de la gloria de Nuestra Señora en la eternidad

Señal de la importância de fijarnos en primer lugar en los bienes de lo alto es que ellos nos serán concedidos para siempre, si nos salvamos. El estado de prueba en que nos encontramos es efímero y, al concluir los breves días de nuestra existencia, entraremos en la eternidad, donde viviremos en permanente convivencia com Dios, los ángeles y los santos, en el cielo, o com los demonios y los condenados, en el infierno.

II - EN LA GLORIA, INTERCEDIENDO POR NOSOTROS

1. Júbilo incomparable en la entrada de María al cielo

Si, como dice San Pablo Apóstol, la inteligencia humana no puede comprender la gloria inmensa que Dios preparó en el cielo para los siervos que lo amaron en la tierra, cuán grande no será la gloria que Él concedió a su Santísima Madre, quien en este mundo lo amó más que todos los ángeles y santos con todas sus fuerzas? Y cuán incomparable no habrá sido el júbilo que experimentaron todas las almas bienaventuradas cuando Nuestra Señora entró allí en cuerpo y alma!

Aunque su Divino Hijo ya estuviese resuscitado en la compañía de los elegidos, el hecho de María unirse a ellos, siendo la más bella, elevada y santa de las puras creaturas, fue una profusión de consolación para cuantos aguardaban la resurrección de sus cuerpos. Cómo no pensar em la alegría indecible de nuestros primeros padres, Adán y Eva, del glorioso San José y de todos los justos del Antiguo Testamento al ver entrar en la bienaventuranza eterna, en cuerpo y alma, a aquella quien fue nuestra corredentora?! Y cómo no pensar, también, en la inmensa alegría de los ángeles al contemplar a su augusta Reina tomando finalmente lugar em el trono magnífico que Dios le había preparado desde toda la eternidad en la cima del cielo?

2. Reina y abogada nuestra

Alegrémonos con María por la gloria a la cual Dios la elevó, pero alegrémonos también por nuestra causa, pues al mismo tiempo que María fue elevada a la dignidad de Reina del Universo, fue constituída igualmente nuestra abogada ante el Señor: tan piadosa, que se encarga de la defensa de todos los pecadores que a Ella se encomiendan, tan poderosa ante nuestro Juez que gana todas las causas en nuestro favor. No nos olvidemos nunca de esta misericordiosa intercesora que el Señor nos dio a su lado y acudamos siempre a Nuestra Señora en todas nuestras necesidades.

Es el momento de preguntarnos cómo hemos cuidado de nuestra devoción a tan solícita Madre y si hemos tenido para com Ella el amor y la confianza de hijos que por Ella son amados sin medida.

III. - GARANTÍA DE NUESTRA PROPIA RESURRECCIÓN

Afirma San Pablo que "por un hombre vino la muerte y también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Como en Adán todos mueren, asi también en Cristo todos revivirán" (I Cor 15, 21-22). Al trazar un paralelo entre Cristo y Adán, el Apóstol muestra que no conoceríamos la muerte si no fuese el pecado del primer hombre, siendo necesario que outro hombre triunfase sobre él. Nuestras almas ya fueron purificadas de la mancha original por el bautismo, pero nos falta aún vencer la muerte con nuestros cuerpos resucitados. "Sin embargo, cada cual según un orden determinado: En primer lugar Cristo, como primicia; después los que pertenecen a Cristo, por ocasión de su venida" (I Cor 15,23). Entre los que son de Él se destaca Nuestra Señora, la más excelsa creatura humana, que adquiere cuerpo glorioso y ocupa en el cielo un lugar especial por ser Madre de Dios.

1. Prenda de esperanza para nosotros

Por esa razón, la Asunción de María nos ofrece una prenda de esperanza, pues en el paso de Ella de este mundo para la eternidad vislumbramos desde ya lo que nos acontecerá em el Juicio Final, en caso de morir en estado de gracia. Todos nosotros, es un hecho, partiremos de esta vida. Cuánto tiempo mediará entre la muerte y la resurrección? No importa, pues para Dios nada es imposible. Así como nuestra alma fue creada por Él a partir de la nada y el cuerpo, aunque tenga origen humano en los padres, fue constituído por Él, así puede mandar que los restos mortales de los hombres fallecidos -algunos hace millares de años, como nuestros padres Adán y Eva- sean reunidos y sus cuerpos reconstituídos em estado glorioso. En último análisis, la resurrección certifica la omnipotencia divina.

Tengamos entonces presente que la simple noción de que moriremos, seremos sepultados y esperaremos a que seamos recompuestos de forma gloriosa, al punto de adquirir un cuerpo espiritualizado, ya nos permite antegozar ese momento de extraordinaria belleza donde triunfaremos, como Nuestra Señora en el día de su Asunción.

2. Sigamos con deseo el camino abierto por María

Este misterio glorioso nos abre, por tanto, grandes puertas y un camino florido y lleno de luz, en lo que dice respecto a la salvación eterna. Delante de la certeza de nuestra resurrección, que nos es dada por la Asunción de María Santísima, nos deberíamos considerar unos a outros según ese ideal, como si estuviésemos ya resucitados, pues por encima del abatimiento y las probaciones de esta vida brilla la esperanza de la glorificación para la cual nos dirigimos. Vivamos buscando los bienes de lo alto y que nuestro pensamiento acompañe el recorrido seguido por María Virgen. Ella penetró en el cielo en cuerpo y alma y fue exaltada; nosotros, en la hora presente, como no podemos entrar físicamente, hagámoslo al menos de deseo. Volvámonos para el trono de María Asunta y así recibiremos gracias sobre gracias para estar siempre puestos en esta vía que nos conducirá a la resurrección feliz y eterna, cuando recuperaremos nuestros cuerpos en estado glorioso.

CONCLUSIÓN

En cuerpo y alma junto a Dios, Nuestra Señora se encuentra más próxima de los tesoros de gracias que la Providencia Divina tiene para concedernos y más solícita y bondadosa se hace para alcanzarnos essas gracias. Desde lo alto del cielo donde reina sobre todo el universo y sus creaturas, Ella conoce mejor nuestras necesidades y debilidades y se dispone a ayudarnos em todos los momentos que le supliquemos socorro.

Así, al final de esta meditación, volvámonos una vez más, confiantes, hacia la Gloriosa Virgen Asunta a los cielos y pidamos que pose sobre nosotros sus ojos repletos de misericordia y nos alcance todas las gracias que necesitamos en nuestra vida. Sobretodo aquellas que nos ayuden a crecer en el amor a Dios, en la devoción a Ella y en la práctica de la virtud, a fin de conquistar la santidad a la que fuimos llamados y, un día, gozar la presencia de Ellos en el Paraíso Celestial.

Dios te salve Reina...

Referencias bibliográficas:

Basado en:
Santo Afonso de Ligório, Meditações, volume III, Editora Herder e Cia., Friburgo, Alemanha, 1922.
São João Paulo II, Homilia Missa em Lourdes, 15 de agosto de 2004.
Monsenhor João S. Clá Dias, O Inédito sobre os Evangelhos, Libreria Editrice Vaticana/Instituto Lumen Sapientiae, Città del Vaticano/São Paulo, 2013, vol. VII, pp. 183 e ss.

 

 

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