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La Palabra de los Pastores

¿Para qué sirve un monasterio de clausura?

Publicado 2017/08/21
Autor : Mons. Jesús García Burillo - Obispo de Ávila

Santa Teresa de Jesús y su pequeña comunidad desde hace 450 años nos invitan a sentir con la Iglesia y a comprometernos con ella, trabajando, gastándonos en tareas apostólicas.

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Para qué sirve un convento de clausura en Ávila? Muchos de cuantos se acercan al locutorio de San José, o de otro convento de clausura, comentan superficialmente: ¿No estarían mejor estas mujeres sirviendo a los pobres en barrios humildes o en misiones? ¿No harían mucho más curando enfermos y ancianos? ¿Qué hacen aquí adentro si hay tanto que hacer fuera, en el mundo? ¿Esta vida encerrada tiene sentido hoy? ¿Pueden ser felices entre rejas, sin salir jamás?

Pues, escuchando a la santa, ciertamente pueden ser felices, muy felices: "No se creerá el contento que se recibe en estas fundaciones cuando nos vemos ya con clausura, verdaderamente no se vive hasta tornarse a ver allí". [...]

Testimonio que nos lleva a apasionarnos por nuestra vocación

La fundación de San José nos recuerda la necesidad de ser apóstoles en un mundo en crisisDurante 450 años nuestra diócesis se ha beneficiado de las gracias que le vienen por medio de este convento. Santa Teresa, al fundarlo con clausura estricta, creó un marco ideal en la Iglesia para que las personas a las que Dios llama al Carmelo Descalzo puedan vivir una historia apasionante de silencio, de oración y de intenso amor de Dios. Ciertamente, es necesario San José, como son necesarios todos los conventos contemplativos.

Cuatro siglos y medio después, San José nos recuerda desde el interior de sus muros, desde la vida escondida de sus monjas, el fin para el que la santa lo fundó: mantener la fidelidad a nuestra vocación, cada uno a la que Dios le llamó, en todo tiempo, pero singularmente en la actualidad intensamente secularizada; vivir la auténtica misión de la Iglesia por medio de la oración y del sacrificio de sus vidas.

Para los y las Carmelitas Descalzos, para los sacerdotes, para las personas de vida consagrada, el modo de vida que la santa inauguró nos lleva a apasionarnos con nuestra vocación. Su testimonio silencioso, su hondura espiritual, su santidad de vida nos llevan a la convicción del valor de este camino de elección para el seguimiento de Cristo, buscando una mayor perfección, como ella lo vivió en esta casa: "Toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese". [...]

La oración no es algo destinado a unos pocos

La vida cristiana es una vocación a la oración. El ideal de vida consagrada y de vida cristiana, que aparece en el Camino de Perfección y que se ha concretado en la fundación de San José, es la oración.

La oración no es algo destinado a unos pocos privilegiados sino a todos cuantos queremos ser amigos de Dios. Teresa, al escribir Camino en San José, se hace la primera maestra de oración entre las carmelitas. Una necesidad del hombre actual es la interioridad, entrar en el centro del alma y encontrarnos con nosotros mismos para no dejarnos zarandear por cualquier viento de ideología o de interés. Pero un camino seguro para encontrarnos con nosotros mismos es encontrarnos con Dios. [...]

Urge escuchar la voz interpelante de la santa

Convento de San José, ÁvilaLa fundación de San José nos recuerda la necesidad de ser apóstoles en un mundo en crisis. Las Carmelitas Descalzas de San José son apóstoles desde el silencio de su celda, de su claustro. Los tristes acontecimientos de la Iglesia del tiempo de Santa Teresa, aquellos tiempos recios, las diversas corrientes de espiritualidad, no siempre ortodoxas: los nuevos cristianos, los alumbrados, visionarios y profetas, la división de los cristianos, todo ello le hizo responder con gran eficacia y trabajar por devolver a la Iglesia santa su bello rostro. [...]

Teresa se mantuvo siempre en absoluta fidelidad y amor a la Iglesia, por la que sufre y dentro de la cual aporta su camino de santidad y perfección. Tomó conciencia de la necesidad de abrirse a la expansión misionera de la Iglesia. Aquí, en el nuevo convento, empezó ese apostolado original de Santa Teresa con sus poquitas monjas para servir a la Iglesia. Hoy, inmersos en un mundo en crisis económica y de valores espirituales y morales, la santa nos recuerda que el momento histórico del siglo XVI no fue menos convulso que el nuestro y que ella fue muy decidida en la adversidad. [...]

En las circunstancias actuales, envueltos en una cultura opuesta a los principios evangélicos, en estos tiempos igualmente recios, cuando al decir de la santa, quieren poner a la Iglesia por el suelo, parece necesario el espíritu apostólico, urge escuchar la voz interpelante de la santa: "¡Oh hermanas mías en Cristo! Ayudadme a suplicar esto al Señor, que para eso os juntó aquí; éste es vuestro llamamiento, éstos han de ser vuestros negocios, éstos han de ser vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas, éstas vuestras peticiones. Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el Cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia".

La Iglesia nos necesita como apóstoles

Ojalá la santa nos contagiase su ardor: no es tiempo de distraernos con asuntos banales. Conforme al magisterio del Concilio Vaticano II, todo cristiano está llamado a ser apóstol: "El católico que no hace apostolado en la medida de sus posibilidades debe considerarse como inútil para la Iglesia y para sí mismo".

La Iglesia nos necesita como apóstoles en nuestra parroquia, en los movimientos apostólicos, y en nuestra familia, en el trabajo, con nuestras amistades. Sentimos frecuentemente la tentación de vivir el cristianismo al margen de la Iglesia, Cristo sí, Iglesia no.

El mensaje de la santa es diáfano: "Considero yo qué gran cosa es todo lo que está ordenado por la Iglesia". Vivir dentro de ella y servirla por medio de la Reforma hasta morir en ella: "Bendito sea Dios..., que soy hija de la Iglesia ¡Soy hija de la Iglesia!". Esto nos recuerda que no podemos vivir el Evangelio según nuestros criterios, sino según la fe de la Iglesia: "Creed firmemente lo que cree la Santa Madre Iglesia, y a buen seguro que vais por buen camino".

La santa y su pequeña comunidad desde hace 450 años nos invitan a sentir con la Iglesia y a comprometernos con ella, trabajando, gastándonos en tareas apostólicas: "en tan gran necesidad como ahora tiene la Iglesia, le sirviesen. ¡Dichosas vidas que en esto se acabaren!". 

(Fragmentos de la carta pastoral escrita con ocasión del 450 aniversario de la fundación del Convento de San José y la reforma del Carmelo)

 

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