Versión 0.8 Beta. Ingresar | Registrese

Ingresar

 
E-mail :
Contraseña :
Aun no se ha registrado?
Click aquí
Juan Pablo II

¡Soy todo vuestro, Madre y Señora!

Hay ciertos eventos en la vida de Juan Pablo II que vale la pena recordar especialmente. Son aquellas actitudes del Siervo de Dios que siguen dando buenos frutos en la Tierra y tendrán desdoblamientos eternamente en el Cielo. Hablar sobre esto nunca será suficiente: la justicia y la gratitud exigen que estos gestos sean recordados.

» Devoto de María
» "Totus tuus"
» Consagración a Jesucristo por las manos...
» Historia de una devoción
» "“Rosario: ¡mi oración preferida!"
» Contemplar con María el rostro de Cristo
» Año del Rosario, año para el rosario
» Constante Apostolado a través de María...
» ...en las audiencias públicas
» ...en cualquier ocasión oportuna
» Los misterios de la Luz
» Juan Pablo II y Fátima
» Protección de Fátima: el Papa no murió
» Al ritmo de la “Señora del Mensaje"

Beatificación: hechos dignos de recordar

Juan Pablo II será beatificado el día primero de mayo de 2011, en Roma.  Hasta entonces, su vida será analizada exhaustivamente, será narrada en todo el mundo para todos.

Sobre el “Papa que vino de lejos” – timonel de la “Barca de Pedro” por casi 27 años – veremos comentarios sobre su actuación como sacerdote, obispo, arzobispo y cardenal de una Polonia que era comunista. Sabremos cómo fueron sus estudios, su prisión por los nazis, su política diplomática y sus visitas apostólicas a 129 países.

Conoceremos su actuación durante el concilio. Podremos evaluar los detalles y las consecuencias del atentado que sufrió en 1981, así como su enfermedad. Serán recordados sus sufrimientos y alegrías, tristezas y esperanzas de sus 84 años de vida. Y es bueno que sea así: Juan Pablo II vivió marcando la Historia de la Iglesia y la de la humanidad. Hasta que se agote todo lo que se pueda decir sobre él, pasará un buen tiempo.

Sin embargo, habrá todavía otras actitudes y otros hechos dignos de memoria. Ellos también son historia y deben ser recordados. Son actitudes del Siervo de Dios que siguen dando buenos frutos en la Tierra y tendrán desdoblamientos eternamente en el Cielo.
1.jpg

Hablar sobre esto nunca será suficiente: la justicia y la gratitud exigen que estos gestos sean recordados.

Devoto de María

Dentro de esta perspectiva estarían, por ejemplo, las expresiones de devoción a Nuestra Señora, la catequesis y todo el apostolado Mariano ejercido por el Papa Juan Pablo II.

Pero sería un desafío casi imposible de enumerar – incluso de modo sintético – todos sus pensamientos, todas sus actitudes y deseos respecto de la Virgen María. En esta contingencia, sin pretender agotarlos, recordemos hechos y acontecimientos que evocan la devoción de Juan Pablo II a María Santísima, sus implicaciones y consecuencias.

» Volver

"Totus tuus"

Pocas horas después de haber sido elegido Papa (17 de octubre de 1978), al dirigirse a todo el mundo, a fin de anunciar las grandes líneas de su pontificado, él afirmó: En esta hora, […] no podemos dejar de orientar con filial devoción nuestro espíritu a la Virgen María [...], repitiendo las conmovedoras palabras “totus tuus”, que […] grabamos en nuestro corazón y en nuestro escudo al momento de nuestra ordenación episcopal”.

¿Qué decir de un hombre que, al alcanzar la situación más elevada y augusta de esta Tierra, proclamara ser “todo de Nuestra Señora?”. La respuesta es simple y sin exageración: Juan Pablo II mostraba, de ese modo, ser un hombre predestinado. Pues quien tiene devoción a Nuestra Señora trae en su alma una marca de predestinación.

» Volver

Consagración a Jesucristo por las manos de María

Durante su largo pontificado, en las más diversas situaciones, él tenía sus ojos continuamente vueltos hacia Nuestra Señora.

Aprovechóse de ocasiones solemnes o íntimas, visitas a grandes santuarios o a pequeñas iglesias y capillas, foros internacionales o encuentros privados, para siempre renovar su “consagración a Cristo por las manos de María” (RMa 48).

ÉL escogió este medio para mostrar al mundo su amor a la Virgen María y su deseo de vivir fielmente ese compromiso de fidelidad a su devoción mariana. Y de esa forma actuó hasta el fin de su vida.

¿De dónde nació y encontró fundamentos para esa entrañada devoción a Nuestro Señora?

Sin duda alguna, en la Tradición Católica y en los ejemplos de vida de innumerables santos. Sin embargo, la mariología de Juan Pablo II fue benéficamente influenciada, sobre todo por San Luis Maria Grignion de Montfort (1673-1716) que afirmaba: “Toda nuestra perfección consiste en estar conformes, unidos y consagrados a Jesucristo. La más perfecta de todas las devociones es sin duda alguna la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a este acabado modelo de toda santidad.

Y pues que María es entre todas las criaturas la más conforme a Jesucristo, es por consiguiente que, entre todas las devociones, la que consagra y conforma más un alma a Nuestro Señor es la devoción a la Santísima Virgen, su Santa Madre, y cuanto más se consagre un alma a María, más se unirá con Jesucristo ” (Tratado, 120 – in RVM 15).

» Volver

Historia de una devoción

De hecho, la relación de Karol Wojtyla con Nuestra Señora comenzó cuando él era niño. Su madre terrena murió cuando él tenía siete años y el pequeño huérfano se acostumbró a rezar diariamente junto a la imagen de Nuestra Señora en su parroquia. Karol desahogaba sus alegrías, tristezas y esperanzas delante de la Madre Celestial, tal como lo haría con su madre y, tal vez, hasta con más confianza. De Nuestra Señora su alma de niño recibía la comprensión y abrazos que sólo la mejor de las madres sabe dar.

2.jpg Habiendo nacido y vivido en Polonia, donde la mayoría de sus compatriotas venera a la Virgen de Czestochowa, patrona de su bendecida y mariana tierra, esta relación creció a lo largo de su existencia acompañándolo en su formación y durante la vida de sacerdote.

Cuando fue elegido obispo, tomó como lema la descripción de un estado de vida que ya había asumido antes y vivía: Totus Tuus. ¡Todo Tuyo! Una de sus frases podría resumir la razón por la cual él decía “Totus Tuus” a María: “Es importante reconocer que, antes de que cualquier otro, el propio Dios, el Padre Eterno, confió en la Virgen de Nazareth, dándole su propio Hijo en el misterio de la Encarnación” (RMa 39).

» Volver

“Rosario: ¡mi oración preferida!"

“El Rosario es mi oración preferida. ¡Oración maravillosa! Maravillosa en su simplicidad y profundidad".

Estas palabras de Juan Pablo II, dichas el 20 de octubre de 1978, una semana después de haber sido elegido Papa, ayudan a mostrar actitudes de una espiritualidad que él vivía y que fue creciendo durante su pontificado. Durante este periodo, él profundizó y maduró en su devoción a Nuestra Señora y siempre dio muestras de ello: rezaba constantemente el rosario.

Era frecuente verlo rezar el rosario devotamente en los momentos de pausa, en sus viajes en el papamóvil, en los encuentros con jóvenes – mientras ellos interpretaban músicas para él -, y en los momentos de recogimientos delante del Santísimo Sacramento o de una imagen de Nuestra Señora.

Sus innumerables e importantes actividades nunca fueron obstáculo para justificar el dejar de rezar el rosario. Llegó a ser conocido el hecho que en las audiencias que concedía o en algunas visitas que hacía, el presente o regalo que más ofrecía era siempre un rosario, incluso aunque la persona no fuese católica o no tuviera Fe alguna. Llegó a afirmar que “nunca como en el Rosario el camino de Cristo y de María aparecen unidos tan profundamente. María sólo vive en Cristo y en función de Cristo."

» Volver

Contemplar con María el rostro de Cristo

No es de extrañar que Juan Pablo II quisiera dedicar al Santo Rosario el año en que se celebró el Jubileo de Plata de su Pontificado. Esa fue una actitud querida por él para incentivar “la contemplación del rostro de Cristo en la compañía  y en la escuela de su Madre Santísima. En efecto, rezar el Rosario solamente es contemplar con María el rostro de Cristo” (RVM – 3). De ese modo, después de 25 años dirigiendo la Iglesia, el ya anciano Karol Wojtyla confirmaba, una vez más, el “Totus Tuus” de su vida.

"Meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre . Después de largos años, recordando los sinsabores, que no han faltado tampoco en el ejercicio del ministerio petrino, deseo repetir , casi como una cordial invitación dirigida a todos para que hagan de ello una experiencia personal: sí, verdaderamente el Rosario marca el ritmo de la vida humana, para armonizarla con el ritmo de la vida divina, en gozosa comunión con la Santísima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia".

» Volver

Año del Rosario, año para el rosario

Juan Pablo II escribió en la Carta Apostólica “Rosarium Virignis Mariae”: “a raíz de la reflexión ofrecida en la Carta apostólica “Novo millennio ineunte”, en la cual invité al Pueblo de Dios, después de la experiencia jubilar, a “partir de Cristo” sentí la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, en cierto modo como coronación mariana de dicha Carta apostólica, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo.

Para dar mayor realce a esta invitación, con ocasión del próximo centésimo veinte aniversario de la mencionada Encíclica de León XIII, deseo que a lo largo del año se proponga y valore de manera particular esta oración en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el año que va de este octubre a octubre de 2003 Año del Rosario.

» Volver

Constante Apostolado a través de María...

El Papa Juan Pablo II siempre quiso dejar patente delante de todos su devoción a Nuestra Señora. Esa devoción, sin duda, era su forma de caminar en la santificación, pero el efecto de ella tuvo como consecuencia hacer apostolado, atraer más almas para Cristo. Él sabía que los ejemplos influencian, entusiasman y arrastran.

3.jpgJ Juan Pablo II encontró en el ejercicio de esa devoción un modo de, al mismo tiempo, mostrar su aprecio por la Virgen María y practicar una catequesis mariana, alcanzando así un número mayor de almas que pudiesen abrir sus corazones para Jesucristo.

Todos sabían que, después de Papa, - como ya lo hacía en Polonia – nunca dejó de practicar la popular devoción de los primeros sábados, conforme al pedido de Nuestra Señora a los tres pastorcitos de Fátima.

Quiso demostrar su devoción a Nuestra Señora cuando atribuyó a la intercesión de María el hecho de haber sobrevivido al atentado que sufrió en la Plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1981, una fecha especialmente asociada a las apariciones de la Virgen en Fátima.

» Volver

... en las audiencias públicas

Utilizó siempre las muy concurridas audiencias públicas de los miércoles para difundir las glorias de María y propagar la devoción a Ella. Entre los años de 1995 y 1997, en 58 de ellas, el Sumo Pontífice tuvo a Nuestra Señora como tema constante de las audiencias.

Con una didáctica simple y directa, capaz de alcanzar cualquier nivel de cultura, proporcionó a los asistentes de estas homilías una incursión a través de diversos y variados temas que constituyen la mariología.

En una de ellas, Juan Pablo II trató de la “Devoción mariana y el culto de las imágenes”. Fue entonces una ocasión para afirmar:

"Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (...) para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 45). El culto mariano se funda en la admirable decisión divina de vincular para siempre, como recuerda el apóstol Pablo, la identidad humana del Hijo de Dios a una mujer, María de Nazareth.

El misterio de la maternidad divina y de la cooperación de María a la obra redentora suscita en los creyentes de todos los tiempos una actitud de alabanza tanto hacia el Salvador como hacia la mujer que lo engendró en el tiempo, cooperando así a la redención.

Otro motivo de amor y gratitud a la santísima Virgen es su maternidad universal. Al elegirla como Madre de la humanidad entera, el Padre celestial quiso revelar la dimensión —por decir así— materna de su divina ternura y de su solicitud por los hombres de todas las épocas ” (La Virgen María – 58 Catequesis del Papa sobre Nuestra Señora. – Aquino, Felipe Rinaldo Queiroz de (org.). – 6ª. ed. – Lorena: Cléofas, 2006, p. 171).

En otra de estas audiencias de los miércoles, Juan Pablo II trató sobre “La oración de María”. El Papa así concluyó su reflexión:

" L a Virgen, habiendo recibido de Cristo la salvación y la gracia, está llamada a desempeñar un papel relevante en la redención de la humanidad . Con la devoción mariana los cristianos reconocen el valor de la presencia de María en el camino hacia la salvación, acudiendo a ella para obtener todo tipo de gracias. Sobre todo, saben que pueden contar con su maternal intercesión para recibir del Señor cuanto necesitan para el desarrollo de la vida divina y a fin de alcanzar la salvación eterna.

Como atestiguan los numerosos títulos atribuídos a la Virgen y las peregrinaciones ininterrumpidas a los santuarios marianos, la confianza de los fieles en la Madre de Jesús los impulsa a invocarla en sus necesidades diarias. Están seguros de que su corazón materno no puede permanecer insensible ante las miserias materiales y espirituales de sus hijos ” (idem - p. 181).

» Volver

... en cualquier ocasión oportuna

Las homilías de Juan Pablo II sobre la Bienaventurada Virgen María y su papel y lugar en el misterio de Cristo y de la Iglesia llegan a centenas, no se limitan apenas a las alocuciones de los miércoles. Él dedicó, además, en diversas ocasiones, un número enorme de oraciones y consagraciones a la Santísima Virgen.

A veces, de paso, en un discurso, en una audiencia, o en cualquier otra oportunidad, relevante o no, nacidas de su corazón, venían a tono oraciones, recuerdos o algunas palabras sobre Nuestra Señora y la necesidad de tener devoción a Ella. Eran siempre palabras accesibles, sin embargo, elevadas y con un fundamento teológico profundo.

» Volver

Los misterios de la Luz

Si queremos completar un poco más el perfil mariano del alma de Juan Pablo II, sería bueno recordar que él escribió la encíclica “Redemptoris Mater” y también la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae".

Estos escritos traen un conjunto de pensamientos, meditaciones y afirmaciones de un Papa que ya había caminado bastante en el camino de María. Ellas traían reflexiones de un corazón que se apasionó por la Santa Madre de Dios, la Virgen María.

Como corolario de estas meditaciones sobre el Rosario, el Papa agregó a él un conjunto nuevo de cinco misterios. Ellos forman la cuarte parte del Rosario y recibieron la denominación de “Misterios Luminosos” o “Misterios de la Luz".

"Cuando se reza el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con la memoria y con la mirada de María." (RVM) Los cinco misterios agregados al Santo Rosario colocaron al fiel en un tiempo mayor de contacto con Nuestra Señora. Y esto es fundamental para el católico, pues, “recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la ‘escuela' de María para leer a Cristo, para descubrir sus secretos, para entender su mensaje."

» Volver

Juan Pablo II y Fátima

Probablemente, la devoción del Papa Juan Pablo II a Nuestra Señora de Fátima viene desde la época de su infancia y juventud, pues, en Polonia, rápidamente la historia y mensaje de la Señora de Cova de Iria fue bastante difundido.

Los Obispos polacos participantes del Concilio Vaticano II estaban entre los más entusiastas cuando se trató sobre la realización de la consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María, según el pedido de Nuestra Señora, en Fátima. Entre estos obispos estaban el todavía joven Mons. Wojtyla, que participó activamente en defensa y en la divulgación de esa Consagración.

Así resumió su pensamiento sobre esta temática: “Consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María significa aproximarnos, mediante la intercesión de la Madre, de la propia Fuente de la Vida, nacida en el Gólgota. Este Manantial de flujo ininterrumpido, de Él brota la redención y la gracia”. (Homilía del Papa Juan Pablo II, Fátima, 13 de mayo de 1982- en Revista Heraldos del Evangelio, Feb/2011, n. 110)

4.jpg El entonces Mons. Karol Wojtyla participó en cuatro sesiones del II Concilio del Vaticano. Estaba presente cuando el Papa Pablo VI anunció el envío de la rosa de oro al Santuario de Fátima (21 de noviembre de 1964) y la invitación del Cardenal Cerejeira, en la última sesión del Concilio, a todos los obispos del mundo, para ir al Santuario al cincuentenario de las apariciones (1967).

Al sobrevolar el territorio de Portugal – 25 de enero de 1979 – Juan Pablo II recordó a Fátima en su mensaje al presidente: “con los mejores deseos, nuestro pensamiento se dirige al querido pueblo portugués, esperando e implorando a María Santísima, venerada especialmente en Fátima, la continua protección y el favor de Dios” (OR, 11 Mar. 1979, p. 2).

» Volver

Protección de Fátima: el Papa no murió

El 13 de Mayo de 1981 se cumplían 64 años de la primera aparición de Nuestra Señora en Cova de Iria. Era también conmemorado el cincuentenario de la consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María y el Episcopado Portugués había decretado que ese día sería renovada esa consagración. Para la ocasión, el Papa Juan Pablo II había enviado un telegrama afirmando que se consideraba presente en la ceremonia.

El Cardenal Mons. Antonio Ribeiro leyó el texto de la consagración y la oración por las intenciones del Papa. Leyó también un mensaje donde agradecía el telegrama del Papa y, en nombre de todos, pedía a Nuestra Señora “las mejores gracias y bendiciones de Dios” para el Pontífice (cfr. “Voz da Fátima”, 13 Jun. 1981; OR, 9 Mai. 1982, p. 7, cols. 3-4).

Y ese mismo día llegó la noticia del atentado. Desde entonces, en el Santuario de Fátima las autoridades eclesiásticas y los peregrinos se unieron en oración por el Papa.

"No podíamos dejar morir al Santo Padre. Por la protección de Nuestra Señora, Consoladora de los Afligidos, Salud de los Enfermos, Madre de la Santa Esperanza, el Papa no murió”, decía el Obispo de Leiria, un año después. (OR, 9 Mai. 1982, p. 9, col. 1-2).

» Volver

Al ritmo de la “Señora del Mensaje"

Podemos afirmar que, desde ese día, el pontificado del Papa Juan Pablo II transitó al ritmo de la “Señora del Mensaje”, como él acostumbraba a decir. Algunos momentos son significativos y muestran esa sintonía con el mensaje de Fátima:

- 13 de Mayo de 1982 -  primera peregrinación del Papa al Santuario de Fátima;

- la consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María, en la Plaza de San Pedro, en presencia de la Imagen de Nuestra Señora de Fátima, de la Capilla de las Apariciones, el 25 de Marzo de 1984;

- a la segunda peregrinación, en el décimo aniversario del atentado, el 13 de Mayo de 1991;

- la tercera peregrinación con la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta, en Fátima, y el anuncio de la tercera parte del secreto de 1917, el 13 de Mayo del año jubilar del 2000, y su revelación completa el 20 de Junio del mismo año.

- Finalmente, la nueva ida de la Imagen de Nuestra Señora de Fátima, a la Plaza de San Pedro, el día 8 de Octubre del 2000, cuando el Papa Juan Pablo II consagró a Nuestra Señora el nuevo milenio, en presencia de obispos del mundo entero.

En alocuciones y otros documentos oficiales de su pontificado, Juan Pablo II se refiere a Nuestra Señora de Fátima en 110 ocasiones diferentes.

El Papa Juan Pablo II tuvo una última atención para con Fátima: envió un mensaje a la Hermana Lucía que, el 13 de febrero de 2005, todavía pudo leer pocas horas antes de morir. Menos de dos meses después, el 2 de abril, cuando murió Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro se escuchaba constantemente el “Ave de Fátima”. Cantando, el pueblo asociaba definitivamente a Juan Pablo II a Nuestra Señora de Fátima.

» Volver

Juan Pablo II

Copyrigth Heraldos del Evangelio - Todos los derechos Reservados.