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Religión e Historia

La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia

Publicado 2009/05/01
Autor : Redacción

Arzobispos y Obispos de los cinco continentes se reunieron, bajo la presidencia del Santo Padre. Objetivo: encender en la Iglesia la estima y el amor profundo por la Sagrada Escritura, destacando la unidad entre el pan de la Palabra y el pan del Cristo.

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La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia

 
 

Fue Pablo VI quien creó el Sínodo de los Obispos con su configuración actual, el 15 de septiembre de 1965. Si bien es una institución permanente de la Iglesia, el funcionamiento de estas asambleas episcopales es discontinuo, y corresponde al Papa convocarlas cuando lo juzga oportuno. Hasta la fecha, el máximo tiempo transcurrido entre dos asambleas generales ordinarias fue de siete años (la IX, celebrada en 1994, y la X en 2001).

Escogidos de diversas regiones del mundo, los participantes se reúnen con el objetivo de promover la unión entre el Papa y los obispos, asistir con su consejo al Santo Padre en materias de fe, costumbres y disciplina eclesiástica, y tratar de cuestiones relacionadas con la acción de Iglesia.

Compete al Santo Padre establecer los asuntos a ser debatidos. El Papa Benedicto XVI, a raíz de la sugerencia de la mayor parte del episcopado mundial, determinó que el tema de la XII Asamblea General sea “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”.

El Sumo Pontífice preside la Asamblea del Sínodo, personalmente o por medio de representantes. En junio de este año, Benedicto XVI nombró al cardenal Odilo Pedro Scherer, Arzobispo de São Paulo, junto con el Cardenal norteamericano William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el Cardenal George Pell, Arzobispo de Sydney, Australia, presidentes delegados para el Sínodo. Los tres purpurados presidirán las sesiones por turno.

Esta Asamblea del Sínodo deberá reunir cerca de 250 obispos.

La preparación del próximo Sínodo

PapaBenedicto.jpg
Con los Santos Evangelios en las manos, el Papa Benedicto XVI bendice a los fieles en solemne ceremonia en la
Basílica de San Pedro.

Tan pronto como se decidió el tema de la XII Asamblea, el Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos se reunió para preparar, con la ayuda de algunos expertos, los Lineamenta —un documento que expone las líneas generales del tema y plantea preguntas para una reflexión sobre el asunto. El documento fue enviado a los 13 Sínodos de los Obispos de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris , a las 113 Conferencias Episcopales, a los 25 Dicasterios de la Curia Romana y a la Unión de Superiores Generales.

Las respuestas, recibidas de todo el mundo, han sido compiladas en el Instrumentum Laboris , publicado en enero de 2008. El contenido de este documento hace de él un profundo y amplio ensayo teológico sobre la Palabra de Dios.

Como los Lineamenta y el Instrumentum Laboris serán el subsidio de los debates en el Sínodo, veamos en líneas generales el contenido de ambos, para que podamos evaluar cuán importante es la materia a ser tratada.

La Iglesia vive de la Palabra de Dios

La Palabra de Dios, nos enseña San Pablo, “es viva, es eficaz y más cortante que una espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4, 2).

¿Quién mejor que el Apóstol de los Gentiles para darnos este testimonio de la potencia de la Palabra divina, él que, armado sólo con ella, comprobó su eficacia?

Este trecho de la carta a los Hebreos fue, por tanto, escogido con mucho acierto para encabezar el Prefacio de los Lineamenta, en el que se explica las razones que llevaron a la elección de la Palabra de Dios para su debate en el Sínodo.

Más adelante se nos recuerda que, “comunicándose al hombre pecador, que sin embargo está llamado a la santidad, Dios le exhorta a cambiar el mal comportamiento”. Y el documento, con la simple afirmación de que “desde el principio, la Iglesia vive de la Palabra de Dios” , acentúa la oportunidad de ser éste el tema del Sínodo.

Después de todo, fue el efecto de esa Palabra, añadido al ejemplo de vidas santas, lo que permitió a la Iglesia vencer al poderoso mundo pagano y convertir el Imperio Romano.

Nada mejor que ella ahora, cuando la Iglesia necesita para cumplir su misión evangelizadora ante un mundo re-paganizado en muchos aspectos y aparentemente impenetrable.

La clave del éxito es de nuevo la combinación de estos dos elementos: el ejemplo de vida y la Palabra. Por lo tanto, el Prefacio de los Lineamenta puede afirmar que “la Palabra de Dios es también el motor inagotable de la misión eclesial, tanto para aquellos que están cerca como para aquellos que están lejos” .

En su estructura, los Lineamenta reflexionan el tema del Sínodo en tres capítulos que discurren sobre: Revelación, Palabra de Dios e Iglesia, la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia y la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia.

La maravilla de la Palabra de Dios: viva, afilada y eficaz

María Santísima, que siempre admiró y guardó amorosamente la Palabra de Dios en su corazón, debe servir como un faro para esta asamblea de los Obispos. De este modo, observan los Lineamenta , el Sínodo seguirá el ejemplo de Ella. Más adelante, cuando tratemos del Instrumentum Laboris , veremos con más detalle el papel de Nuestra Señora como modelo de acogida de la Palabra de Dios.

La Palabra divina “es viva, afilada y eficaz, en el propio corazón de la Iglesia, en su liturgia y en la oración, en la evangelización y en la catequesis, en la exégesis y en la teología, en la vida personal y comunitaria, así como en las culturas de los hombres, purificadas y enriquecidas por el Evangelio” .

Los Lineamenta prosiguen recordando la consagrada doctrina, anunciada ya en el Antiguo Testamento, reasumida por San Pablo y trabajada por Santo Tomás de Aquino: Dios dio al hombre tanto los medios como la capacidad de conocerlo. Es cierto que el pecado entró en la historia de la Creación, con todo su poder perturbador. Sin embargo, “Dios no abandona su criatura, poniendo en ella un íntimo, aunque no siempre reconocido, deseo de luz, de salvación y de paz. El anuncio del Evangelio en todo el mundo ha contribuido a tener vivo tal anhelo, produciendo valores religiosos y culturales”.

Usando una bellísima metáfora, los Lineamenta comparan la Palabra de Dios como “una sinfonía ejecutada por una variedad de instrumentos”, ya que “Dios comunica su Palabra de muchas maneras y de muchos modos, dentro de una larga historia y con una variedad de anunciadores, pero donde aparece una jerarquía de significados y de funciones” . Aquello de bueno, de bello y de verdadero que nos rodea constituye, para nosotros, la Palabra de Dios: “el mundo creado ‘narra la gloria de Dios'; todo es su voz” .

El redescubrimiento de la Palabra de Dios

Al final de los Lineamenta se encuentran las preguntas dirigidas al episcopado. Sus respuestas fueron la base para la redacción del Instrumentum Laboris , el cual, como su nombre lo indica, será el instrumento de trabajo durante la Asamblea Sinodal.

El documento comienza manifestando el ardiente deseo de “guiar a los Padres sinodales en el camino descendente y ascendente del redescubrimiento de la Palabra de Dios, o sea, Jesucristo, hombre y Dios” . Y, por lo tanto, procura resaltar aquello que de más excelso puede haber ahí: las celebraciones litúrgicas, “que tienen su ápice en la Eucaristía, donde la palabra muestra su eficacia milagrosa.

De hecho, por voluntad expresa de Jesucristo — ‘haced esto en memoria Mía' —, las palabras pronunciadas por el sacerdote in persona Christi capitis — ‘tomad, esto es mi cuerpo' , ‘esta es mi sangre' —transforman, por la acción del Espíritu Santo, don del Padre, el pan en el cuerpo y el vino en la sangre del Señor resucitado”.

Luego, en la introducción, el Instrumentum Laboris resume las perspectivas de los Pastores en el Sínodo. Entre los temas enumerados, está la necesidad de conceder mayor prioridad a la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia, teniendo en cuenta las situaciones concretas de los lugares y de nuestro tiempo. Además de eso, los Obispos quieren hacer hincapié en la necesidad de dejar bien claro que la Palabra de Dios es Nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, en la liturgia, las lecturas bíblicas deben ser transmitidas a la luz de su misterio.

Un tema clave versa sobre una situación que debe ser enfrentadaza con resolución, coherencia y perspicacia: la acuciante necesidad de “superar la indiferencia, ignorancia y confusión acerca de las verdades de fe relativas a la Palabra de Dios”.

De suma importancia es la propuesta de una llamada a los laicos a participar en la evangelización: que cada creyente no sea sólo un sujeto pasivo, sino que, además de escuchar la Palabra de Dios, sea también su anunciante, “adecuadamente preparado y apoyado por la comunidad” .

Recordando la Constitución pastoral “Dei Verbum”

Al explicar el objetivo del próximo Sínodo, el Instrumentum Laboris recuerda la Constitución Dogmática Dei Verbum , del Concilio Vaticano II, comenzando por afirmar que la magna asamblea episcopal tendrá como una de sus metas “ayudar a clarificar algunos aspectos fundamentales de la verdad sobre la Revelación, tales como la Palabra de Dios, la Tradición, la Biblia, el Magisterio, que justifican y proporcionan un válido y eficaz camino de fe”.

Otro de sus objetivos primarios es “encender la estima y el amor profundo por la Sagrada Escritura” . Tenemos que promover el acceso de los fieles a ella, “subrayando la unidad entre el pan de la Palabra y el pan del Cuerpo de Cristo, para el pleno alimento de la vida de los cristianos”. Se deberá tener en cuenta la verdadera conexión con lo anterior: “la circularidad indisoluble entre la Palabra de Dios y la liturgia”.

Problemas en espera de solución

Tomando como punto de referencia a la Dei Verbum , en el documento se vuelve en seguida sobre algunos aspectos “abiertos y problemáticos” , que se dan “un poco por todas partes” . Entre esos cumple destacar diversos temas relacionados con la falta de una adecuada formación religiosa. Por lo tanto, es evidente en nuestros días “un insuficiente conocimiento de todo el depósito de la fe, al que la Biblia pertenece” , aunque hay, de hecho, “una mayor familiaridad con la Biblia”. Especialmente en relación con el Antiguo Testamento, “es generalizada la dificultad de comprenderlo y acogerlo, con el riesgo de usarlo de forma no correcta”.

Es esencial que sea afirmado “el estrecho vínculo que existe entre las enseñanzas morales y la Sagrada Escritura, en su plenitud, sobre todo en relación con los Diez Mandamientos, al precepto del amor de Dios y del próximo, como también el sermón de la Montaña y la enseñanza paulina acerca de la vida en el Espíritu” .

Problemas a nivel personal y social

Teniendo en cuenta la situación de la fe en ese “marco de luces y sombras” , se obtiene, a nivel individual, otra constatación muy grave, y relacionada con la falta de instrucción religiosa:

“En muchos cristianos, el intenso deseo de escuchar la Palabra de Dios se da en una experiencia emotiva más que convencida, por el escaso conocimiento que tienen de la doctrina” . Existe, por tanto, “especialmente en el encuentro litúrgico con la Palabra de Dios”, una verdadera “ruptura entre las verdades de Fe y la experiencia de la vida”.

En el plano social, el horizonte se presenta cargado de problemas agravados por el proceso de globalización que, “en su rápida propagación, afecta también a la Iglesia” . Entre los factores que “sirven de contexto al encuentro con la Sagrada Escritura” , fue citada por los Obispos la secularización, en virtud de la cual los católicos, en especial los más jóvenes, están expuestos “a los desvíos del secularismo consumístico, al relativismo y a la indiferencia religiosa” . También debemos destacar las consecuencias del “pluralismo religioso y cultural, con el surgir de nuevas formas gnósticas y esotéricas en la interpretación de la Sagrada Escritura y de grupos religiosos autónomos dentro de la Iglesia Católica”.

También fueron muy recordados los “enfrentamientos no fáciles y conflictos dolorosos, especialmente para las minorías cristianas en ambientes no cristianos, en relación con el uso de la Biblia” .

La Palabra de Dios no está cerrada en las Escrituras

La presencia de las Escrituras y el papel de la predicación, está explicado así: “La Sagrada Escritura, fijando por divina inspiración los contenido revelados, atestigua que es verdaderamente Palabra de Dios, plenamente orientada hacia Jesús, porque ‘son precisamente ellas [las Escrituras] que dan testimonio de Mí' (Jn 5, 39) . Por el carisma de la inspiración, los libros de la Sagrada Escritura tienen una fuerza de interpelación directa y concreta, que otros textos y la intervención humana no tienen”.

“La Palabra de Dios, no queda encerrada en la escritura. Si, de hecho, el Apocalipsis terminó con la muerte del último Apóstol, la Palabra revelada sigue siendo anunciada y escuchada en la historia de la Iglesia, que se esfuerza en proclamarla a todo el mundo para responder a su necesidad de salvación. De este modo, la Palabra sigue su curso en la predicación viva, que abarca todas las formas de evangelización, entre las que sobresalen el anuncio y la catequesis, la celebración litúrgica y el servicio de la caridad. La predicación en este sentido, con el poder del Espíritu Santo, es Palabra del Dios vivo, comunicada a personas vivas”.

La Iglesia, la única verdadera intérprete de la Escritura

El Instrumentum Laboris , para abordar las preguntas planteadas por los Pastores sobre la relación de las Sagradas Escrituras con la Palabra de Dios, reafirma que al magisterio eclesiástico corresponde “‘el encargo de interpretar auténticamente la Palabra de Dios oral o escrita', mientras que lo trasmitido ‘por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente'”.

Hoy en día, existe una “proliferación de libros no auténticos o apócrifos”. Por lo tanto, es necesario aclarar “el alcance decisivo del reconocimiento canónico que la Iglesia ha definido a propósito de las Escrituras garantizando la autenticidad de las mismas”. En vista de las “interpretaciones gnósticas, hoy muy difundidas, acerca de la verdad sobre los orígenes cristianos” , de las Escrituras, más que nunca se convierte en requisito el objetivo de explicar a los cristianos, “en qué consiste el Canon de los Libros sagrados y cómo éste ha surgido”.

Del mismo modo, la Iglesia debe dirigir y orientar la adopción y difusión de las traducciones de la Escritura.

María, modelo de acogida de la Palabra

El Instrumentum Laboris retoma e ilustra el papel de la Santísima Virgen —destacado en los Lineamenta —, resaltando que Ella “se convirtió modelo providencial de toda escucha y anuncio.

Educada en la familiaridad con la Palabra de Dios, en la experiencia intensa de las Escrituras del pueblo al cual ella pertenecía, María de Nazaret, desde el evento de la Anunciación hasta la Cruz, y aún hasta Pentecostés, recibe la Palabra en la fe, la medita, la interioriza y la vive intensamente [...] ‘Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, María puede convertirse en la madre de la Palabra encarnada'”.

En vista de esa actitud sublime, constante y fidelísima, la Virgen se ha convertido en “nuestro modelo tanto para acoger la fe, la Palabra, como para estudiarla. A ella no le basta recibirla, la medita atentamente. No solamente la posee, sino que al mismo tiempo la valora. Le da su consentimiento, pero también la pone en práctica”.

El documento recuerda, entonces, la importancia de aquella “simple y universal escucha orante de la Palabra, que son los misterios del Rosario” .

Y recuerda como el llorado Papa Juan Pablo II había destacado la riqueza bíblica de esa devoción, “definiéndola como ‘compendio del Evangelio'”.

La Palabra de Dios en la liturgia

Al tratar sobre el uso de la Palabra de Dios en la liturgia, el Instrumentum Laboris pide que “las diferentes partes de la liturgia de la Palabra —anuncio de las lecturas, homilía, la profesión de fe, la oración de los fieles— se ejecuten de forma armoniosa, poniendo en evidencia su íntima unión con la liturgia eucarística”.

“También sobre las traducciones, se pide menos fragmentación de las citas y más fidelidad al texto original. Teniendo en cuenta que en la liturgia, el rito y la Palabra deben permanecer estrechamente unidas, el encuentro con la Palabra de Dios debe estar en la especificidad de las señales que forman parte de la celebración litúrgica. Son los casos, por ejemplo, de la colocación del ambón, el cuidado con los libros litúrgicos, un estilo conveniente en la lectura, de la procesión e incensamiento del Evangelio”.

“Además, se tendrá el máximo cuidado con la liturgia de la Palabra, con la proclamación de forma clara y comprensible de los textos y la homilía, que se hace resonancia de la Palabra”.

Los ministros ordenados: los servidores de la Palabra de Dios

El Instrumentum Laboris también aborda el papel de los ministros ordenados —Obispos, presbíteros y diáconos— en la difusión de la palabra de Dios: “El Concilio Vaticano II enseña que ‘compete a los sagrados Pastores [...] enseñar oportunamente a los fieles que les fueron confiados en el correcto uso de los Libros Divinos'. Por lo tanto, esta función cabe directamente y en primera persona a los Obispos, ya sea como oyentes de la Palabra, o como sirvientes de la misma, de acuerdo con su munus docendi”.

El Obispo confía ese ministerio a sus colaboradores, los presbíteros y diáconos. Acerca de la homilía, destaca que “sólo el ministro ordenado puede hacer la homilía, mientras que la proclamación de la liturgia en sí es una función del lector, que es un ministerio instituido y, en su defecto, se realiza por laicos, hombres y mujeres” .

Señala que “en el uso cotidiano de la palabra, los presbíteros y los diáconos encuentran la luz necesaria para no conformarse con la mentalidad del mundo y para poder realizar un sano discernimiento personal y comunitario de manera que puedan guiar con solicitud al pueblo de Dios en la acción apostólica según los caminos del Señor”.

El Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía

La Santa Misa está constituida por dos partes esenciales: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Como la última Asamblea del Sínodo, reunida en octubre de 2005, trató sobre la Eucaristía, nada más natural que la próxima trate sobre la Palabra.

Acompañemos su desarrollo respaldando el pedido hecho por el Papa en su último encuentro con los miembros del Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos: “¡Continuemos rezando para que el Señor haga fructificar para toda la Iglesia la Asamblea Sinodal!” .

 

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