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Heraldos en el Mundo

Carisma de sacerdote y didáctica de pedagogo

Publicado 2009/10/31
Autor : Dr. Carlos Vargas Ordóñez

Ciencia, filosofía, teología, psicología, pero sobre todo una práctica pedagógica consagrada y un conocimiento visionario del ser humano, hacen de la tesis de maestría de Monseñor João Scognamiglio Clá Dias una obra maestra.

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Para la Universidad Católica de Colombia es muy honroso hacer entrega, en el día de hoy, de este título de Máster en Psicología, con énfasis en Psicología Educativa, a Monseñor João Scognamiglio Clá Dias. Pero, además de sentirnos altamente honrados con la entrega del título, lo hacemos con particular agrado porque pensamos que es un deber de la Universidad y de la Academia no solo ofrecer una rigurosa formación, en las distintas disciplinas, sino también hacer un merecido reconocimiento a los maestros más destacados e insignes servidores de la educación como es el caso de Monseñor Scognamiglio.

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Momento de la Misa previo a la entrega del título. A la izquierda, el Dr. Arturo Ospina Hernández, representando al Rector de la UCC, la Dra. Martha Lozano, orientadora de la tesis de Monseñor João Clá y
el Dr. Carlos Vargas.

En la lectura de su obra, Monseñor, hemos visto cómo se conjugan admirablemente y en el más alto grado, el carisma del sacerdote consagrado al servicio generoso de su comunidad con la más elevada didáctica del pedagogo experimentado, con la sabiduría de quien abrevó sus enseñanzas en la fuentes del saber filosófico y teológico, con la prudencia iluminada por la luz del Evangelio, con la más profunda humildad de espíritu, propia de los hombres grandes, con admirable formación humanística que, en el caso suyo, trasciende las simples categorías de la ciencia y de la reflexión filosófica, para penetrar en los más complejos y difíciles temas de las distintas ciencias del espíritu.

Ciencia, filosofía, teología, psicología, pero, sobre todo práctica pedagógica consagrada y conocimiento visionario del ser humano, de sus riquezas y de sus limitaciones, hacen de su tesis de grado La Fidelidad a la Primera Mirada de la Inteligencia , una obra ciertamente maestra que a todos nos enseña y nos ha llevado a una reflexión muy profunda. La hemos leído con particular agrado y provecho espiritual y a ella debo referirme en esta ocasión obviamente de manera muy resumida.

Es la fidelidad a la primera mirada la que permite armonizar la razón con la fe

Al leer su trabajo, encuentra el lector un maravilloso recorrido intelectual que —a modo del itinerario de San Buenaventura, citado por usted mismo, Itinerarium mentis Deo — nos lleva casi de la mano, pero a la vez de manera brillante y documentada, por los distintos momentos y caminos que le permiten al niño y al adolescente iniciar su partida desde el mundo de lo sensible, para descubrir luego “los fundamentos filosófico-antropológicos del conocimiento y su indiscutible impacto sobre el desarrollo de la personalidad” hasta llegar a la propuesta psicopedagógica de los Heraldos del Evangelio, que, iluminada y enriquecida por el Magisterio de la Iglesia, se fortalece y se constituye en el norte de su modelo educativo.

Es la fidelidad a esa primera “mirada de la inteligencia” , es la fidelidad y la coherencia con la misma la que le va a permitir al ser humano articular y armonizar en un único todo, los datos de la razón con los datos de la fe, el mundo de lo sensible con el mundo de lo espiritual, la finitud de las criaturas con la infinitud del Creador.

Así lo señala su trabajo, dentro de una evidente articulación lógica, al concluir el primer capítulo: “Todas las riquezas del conocimiento humano, del raciocinio y de los actos morales del hombre adulto — y de quien ya entró en la ancianidad — consisten en la fidelidad a esa primera mirada o en la recuperación de ella” .

El olvido del ser es uno de los mayores desastres de la historia del pensamiento occidental

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“En su obra, se conjugan admirablemente el carisma del sacerdote con la sabiduría de quien
abrevó sus enseñanzas en la fuentes del saber filosófico y teológico.”

Pero lo importante no es sólo el enunciado, sino su demostración lógica y epistemológica en el transcurso de la obra que en cada página espiga su riqueza conceptual y práctica, tanto de la filosofía perenne, como de las fuentes de la Revelación divina unidas, y de qué manera, a una estructurada reflexión de carácter teológico, lo mismo que a los desarrollos más recientes de la psicología científica. El crecimiento y desarrollo del ser humano, su comportamiento en las distintas etapas de la vida, sus aspiraciones, sus limitaciones, en una palabra, toda su grandeza y su pequeñez, su complejidad indescriptible, además de ser enunciados con sabia interpretación y comprensión de los fenómenos mismos, sugieren profundas implicaciones que, en tendidas y analizadas de manera articulada y complementaria por las distintas disciplinas, permiten inferir el sello característico y los estándares básicos que debería tener todo sistema educativo.

Sin embargo, dichos fenómenos no podrían ser comprendidos, y menos podrían ser explicados, si no se acude y se comienza por el estudio mismo del ser; por eso, con Heidegger, su tesis nos recuerda que “el olvido del ser es uno de los mayores desastres de la historia del pensamiento occidental”.

Las sensaciones no son subjetivas, sino reales y objetivas

Posteriormente, en el marco de la filosofía tomista, hace un maravilloso recorrido desde la afirmación del ser, pasando por su reconquista y descubrimiento en los primeros años del niño que, como objeto de la intuición, es el primero en ser aprehendido por la inteligencia a través de los sentidos. “La única solución sensata — concluye con impecable lógica — es volver los ojos nuevamente al ser. Pues precisamente él, en su inabarcable variedad y rica unicidad, es objeto del conocimiento, entendido primordialmente por la inteligencia a través de la experiencia sensible” .

Pero, ¿cómo abordar el problema del conocimiento desde los sentidos y desde las sensaciones mismas? Es una buena pregunta de investigación científica que su trabajo plantea sin temor alguno, señalando los límites de la reflexión epistemológica y la necesidad de la interdisciplinariedad.

De manera imprescindible tenemos que acudir a los estudios contemporáneos de la Psicología Científica, particularmente en sus estudios e investigaciones asociados con el campo de la sensación y la percepción.

Por eso, con mucha propiedad, la tesis señala: “A la primera mirada se suma también lo que podríamos llamar el primer oír, el primer olfatear, el primer degustar y el primer tocar”. Por tanto, “las sensaciones —concluye con Royo Marín— no son subjetivas, sino reales y objetivas, como lo demuestra la experiencia, la propia conciencia y los procedimientos científicos de la psicología experimental moderna” .

Sólo la contemplación de Dios hace al hombre perfectamente bienaventurado

Sin embargo, la aprehensión del ser desde los sentidos y desde la razón debe tener una direccionalidad, un norte que le permita avanzar con libertad pero por caminos seguros.

Por eso, en el recorrido de la primera mirada sobre el ser en dirección a lo Absoluto, una etapa esencial es el conocimiento de la verdad , fundamentada en la capacidad humana de aprehender el ser.

Es más, su tesis de grado señala con el Papa Juan Pablo II que “en la vida real esa certeza de la verdad está aún más grabada en el alma infantil” ; el niño “conserva un inquebrantable sentido de la verdad , indisolublemente unido al sentido del ser . Sin embargo, como re cuerda el mismo Papa Juan Pablo II (cf. Fides et ratio , n.28), el hombre puede ser definido como un ente que está a la búsqueda de la verdad. Y él no dejará de ir tras su rastro, aunque cierre los ojos para la verdad real y procure fabricar su propia “verdad” subjetiva, inconsistente y contradictoria. “Cada uno de nosotros lleva en sí mismo la urgencia de algunas preguntas esenciales y a la vez abriga en su interior al menos un atisbo de las correspondientes respuestas” (ídem, n. 29). Sí, la sed de verdad está profundamente enraizada en el corazón hu mano, que la discernió de algún modo ya en su primera mirada ; él tanto la encontrará con mayor facilidad, cuanto mayor haya sido su fidelidad a esa mirada.

Por tanto, “solo la contemplación de Dios, que es Verdad por esencia, hace al hombre perfectamente bienaventurado ”.

He aquí —concluye— un principio teológico de la verdad sobre el cual habría que enfatizar: “El hombre no se perfecciona intelectualmente, según su fin, sino teniendo en vista el movimiento de su inteligencia en dirección a la contemplación de la Verdad Suprema” .

Nostalgia de la verdad

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“Más que para entregarle su muy merecido título de Máster en Psicología, estamos para rendirle un cálido testimonio de admiración, de afecto y de congratulación”

De otra parte, continúa el estudio en su lógica argumentativa, nadie podría permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho. Es la lección de San Agustín cuando escribe: “He encontrado muchos que querían engañar, pero ninguno que quisiera dejarse engañar” . Nostalgia de la verdad.

Feliz expresión encontrada por Juan Pablo II para describir una realidad de extrema importancia.

Por eso, “es necesario reconocer y atender a la llamada de esa nostalgia — perceptible en el contacto con multitudes modernas— para proporcionar al hombre de nuestros días la recuperación del equilibrio de alma. Al contrario de tantas ‘nostalgias inducidas', o letargias y depresiones contemporáneas, la nostalgia de la verdad no es dolorosa, en el sentido estricto. El hombre contemporáneo, cuanto más se acerca de la verdad, más la desea, y cuanto más calma ese apetito, más éste se acentúa. Con todo, la búsqueda de la verdad lleva al espíritu humano a también procurar el bien . Se trata de una etapa más en el camino de la primera mirada, densa y plena de consecuencias”.

En síntesis , “así como la primera mirada de la inteligencia tiene como objeto el ser , y lleva a la verdad , la primera mirada de la voluntad lleva al bien o a aquello que conviene al ser .

Como sucede con los primeros principios de la razón especulativa, también los primeros principios de la ley natural son verdades evidentes. En la precoz fidelidad del niño a este maravilloso entrelazamiento está el secreto de toda una vida coherente y virtuosa.

En consecuencia , “reconocer y promover los principios morales es el único modo de respetar la dignidad de la persona humana, o sea, de realmente promover los derechos del hombre, que expresan esas exigencias fundamentales inscritas en la naturaleza humana”.

Qué importante desafío el de su tesis para nosotros los educadores, independientemente de nuestras propias creencias e ideologías.

Evaluar un estudio de semejante riqueza de pensamiento no fue fácil

Los apartados anteriores obviamente son apenas una muy apretada muestra del excelente trabajo elaborado y presentado por Monseñor para optar al título de Máster en Psicología que hoy muy complacida le confiere la Universidad Católica de Colombia.

Evaluar un estudio de semejante riqueza de pensamiento y alcance académico ciertamente no fue fácil para los jurados que tuvieron a su cargo la lectura del estudio presentado.

Conjugar la compleja riqueza de tan valiosos aportes hechos desde la filosofía, desde la teología, desde la psicología, pero, sobre todo, desde su admirable experiencia como educador y como experimentado guía espiritual, ha requerido para quienes hemos tenido el privilegio de hacer su lectura en detalle, fecundas horas de estudio y de reflexión. Pero, sobre todo, ha sido una oportunidad excepcional que nos ha permitido revisar nuestras propias actitudes frente a nuestro compromiso de católicos, frente a la experiencia de la vida, frente al auténtico sentido de la educación.

Gracias, Monseñor, por habernos dado la feliz oportunidad de nutrirnos de alimento tan sustancioso, por habernos permitido, según el Evangelio, acercarnos más a ese “manantial que brotará hasta la Vida eterna” (Jn 4, 14).

Cálido testimonio de admiración y de afecto

La Universidad Católica de Colombia y, en particular, quienes en su nombre estamos aquí, más que para entregarle su muy merecido título de Máster en Psicología, estamos para rendirle un cálido testimonio de admiración, de afecto y de congratulaciónpor su carismático talante de “maestro de maestros” y por su extraordinaria obra educativa cuyos ideales se respiran y se viven en esta acogedora casa y en todos los lugares hasta donde se extiende la maravillosa obra de los Heraldos del Evangelio.

Sin duda alguna desconocemos mucho el perfil y el tesoro del maestro que hay escondido en usted, querido Monseñor, ignoramos, porque sólo apenas vislumbramos, la altura y la dimensión de su personal entrega a quienes son o han sido sus discípulos. Pero lo que sí sabemos con certeza es que durante los muchos años de consagración a su comunidad y a la educación, usted ha marcado y sigue marcando huellas imborrables en el espíritu de sus alumnos y de sus amigos de la Universidad Católica de Colombia que hoy felizmente nos hemos podido reunir con usted.

Por este motivo, al conferirle este título, sabemos que, además de un simple reconocimiento académico, quisiéramos que este acto de alguna manera se constituya para todos en un fuerte lazo que nos acerque más a la semblanza y a la obra del auténtico maestro que persiste más allá de las lindes del tiempo y del espacio.

De aquel maestro cuya obra perdura, bien sea distante o ausente, de aquel maestro en cuyo recuerdo los discípulos se reconcilian con la vida.

En nombre de todos ellos, de sus estudiantes y de los nuestros allá en Colombia, presentes o ausentes, en nombre de la Universidad Católica de Colombia, gracias, Monseñor, por lo que ha dado de usted mismo, de su inteligencia, de su afecto, de su tiempo, de su vida, de sus ilusiones, de sus esperanzas, pero sobre todo, de “su fidelidad a la primera mirada”. Que Dios le siga inspirando y colmando de sus bendiciones por muchos, pero por muchos años más. ²

 

(Discurso pronunciado el 1 de octubre de 2009 durante la Misa con motivo de la entrega del título de Máster en Psicología por la Universidad Católica de Colombia a Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP)

 

 

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