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Tesoros de la Santa Iglesia

Una imagen del yugo de Cristo

Publicado 2009/09/01
Autor : Redacción

El día 21 de enero, memoria litúrgica de santa Inés, el Papa bendice dos corderos cuya lana será utilizada para confeccionar el palio de los arzobispos metropolitanos.

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 Una imagen del yugo de Cristo

 

papaBenedicto.jpgGrande fue la sor­presa de casi cin­co mil peregrinos al oír los balidos de dos corde­ros que entraban serenamen­te en la Sala Pablo VI, duran­te la audiencia general del Pa­pa Juan Pablo II el 21 de ene­ro de 2004.

¿Qué hacían ahí, en aquel momento solemne, los dos ani­malitos?

La respuesta no tardó en llegar. Era el día de la con­memoración litúrgica de san­ta Inés ( Agnes en latín, nom­bre derivado de agnus , corde­ro) y el Ritual de los Pontífi­ces establece que cada año en esta fecha el Papa bendecirá dos corderos, cuya lana servi­rá para confeccionar los palios que se impondrán a los nue­vos arzobispos en la solemni­dad de san Pedro y san Pablo, el 29 de junio. La ceremonia de la bendición se suele reali­zar en los aposentos privados del Pontífice, pero como ese 21 de enero fue miércoles, el día de audiencia general, Juan Pablo II decidió hacerla en la Sala Pablo VI frente a los pe­regrinos.

Una historia de casi dos milenios

El palio, la más antigua y caracte­rística insignia del obispo de Roma, tiene una historia poco conocida. Su origen se remonta a la Antigua Gre­cia, donde los grandes oradores y los más relevantes filósofos acos­tumbraban llevar al cuello una especie de echarpe o franja blanca que los distinguía de los demás ciudadanos. Un ador­no al que los romanos llamaron pallium .

Con el paso de los años y el desarrollo del ceremonial de la liturgia, varios elementos de los trajes en boga en el Imperio Romano fueron adoptados por la Iglesia, que los sacralizó para su uso en las funciones del cul­to. Tal es el origen de, por ejem­plo, la estola, el alba, la casulla, la dalmática, etc.

Así sucedió con el palio. Su aparición en la Iglesia de Oc­cidente se remonta al siglo IV, en el breve período del Papa san Marco (enero a octubre del 336). Durante muchos si­glos estuvo reservado al Sumo Pontífice como símbolo de la misión particular del obispo de Roma y de su estrecha relación con san Pedro Apóstol.

No obstante, con el curso del tiempo comenzó a ser usado también por algunos obispos, y a partir del siglo IX se convir­tió en un ornamento litúrgico característico de los arzobis­pos metropolitanos. Actual­mente, todo Metropolitano está obligado a pedir el pa­lio al Papa en un plazo de tres meses desde su consagración episcopal, según lo determina el Código de Derecho Canó­nico (C. 437).

Ornamento de alto valor simbólico

El palio ostenta una gran riqueza de símbolos teológi­cos y litúrgicos. Al comienzo, colocado en torno al cuello, sus dos franjas con cruces ne­gras bajaban por ambos lados del hombro izquierdo, signifi­cando la oveja cargada por el Buen Pastor.

En el siglo IX hubo un cambio: las dos franjas caían al centro del pecho y la espal­da del arzobispo; las cruces se volvieron rojas, recordando las llagas de Cristo; y fueron añadidos tres grandes alfile­res negros como representa­ción de los clavos de la Cruz del Salvador.

Algunos siglos más tarde, cuando se redujeron las di­mensiones de los ornamen­tos, las del palio disminuye­ron también hasta encontrar sus co­lores y forma actual, pasando a con­vertirse en una franja de lana blan­ca con pocos centímetros de ancho, adornada con algunas cruces negras y tres hermosos alfileres. A comien­zos del pontificado de Benedicto XVI fue concebida una forma nueva de palio para el uso exclusivo del Pa­pa, que se asemeja al modelo roma­no antiguo.

Cuando el Decano del Colegio Cardenalicio le impuso el palio, el actual Pontífice comentó: “Este anti­quísimo símbolo puede ser considera­do una imagen del yugo de Cristo, que el Siervo de los Siervos de Dios toma sobre sus hombros. La lana del corde­ro simboliza la oveja perdida, a la en­ferma o débil, que el pastor pone so­bre sus hombros y lleva a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdi­da era para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y la Igle­sia. ‘Apacienta mis ovejas', dijo Cristo a Pedro. Y a mí me dice lo mismo en este momento” .

En su discurso durante la ceremo­nia de imposición del palio a un gru­po de arzobispos metropolitanos en 1999, el Papa Juan Pablo II resaltó dos importantes significados. El pri­mero es la especial relación de los metropolitanos con el Sucesor de

Pedro; en segundo lugar, los corderos que proporciona­ron la lana para su confección simbolizan “al Cordero de Dios que tomó sobre sí el peca­do del mundo y se ofreció para rescatar a la humanidad” . Y agregó: “El palio, con el can­dor de su lana, es un convite a la inocencia de vida; y con la secuencia de las seis cruces, una referencia a la diaria fide­lidad al Señor, hasta el marti­rio si fuera necesario”.

“Tomado del cuerpo de san Pedro”

Dado ese alto valor sim­bólico, se comprende que la confección de los palios se haga con cuidados especiales. Así, cada año son seleccio­nados dos corderos entre los más hermosos y saludables del Agro Romano , los cua­les, después de ser bendeci­dos por el Papa el 21 de ene­ro, son llevados a una depen­dencia de la Basílica de San­ta Cecilia, en el Trastevere, donde las monjas benedicti­nas residentes los cuidan con esmero. Más tarde, en el mo­mento preciso, los trasquilan y tejen la lana con la cual ha­cen ellas mismas los primoro­sos palios.

Éstos son entregados al Papa, que los manda depositar en un cofre jun­to a la tumba de san Pedro, en las Grutas Vaticanas. Ahí permanecerán durante un año, con lo que se volve­rán una especie de reliquia indirecta de san Pedro. Esto confiere más pro­piedad a la fórmula “de corpore Bea­ti Petri sumptum” (“tomado del cuer­po de san Pedro”), usada en la cere­monia de imposición. “De la tumba de san Pedro, memoria permanente de su profesión de fe en el Señor Jesús, el palio recibe su fuerza simbólica” , afir­mó Juan Pablo II en el citado discur­so de 1999.

 

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