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La Palabra de los Pastores

La santidad forma parte de su proyecto de vida

Publicado 2010/02/08
Autor : Cardenal Jean-Pierre Bernard Ricard

Procurando hacer siempre la voluntad de Dios, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas, los padres de Santa Teresita del Niño Jesús dieron al mundo el testimonio de la verdadera alegría: la de creer y vivir en Cristo.

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Cardenal Jean-Pierre Bernard Ricard

Arzobispo de Bordeaux (Francia)

 

Estamos invitados a entrar en este proceso de despertar de nuestra vida cristiana que nos propone el tiempo de Adviento. Necesitamos ayuda para eso. Y si existe alguien que nos pueda auxiliar, ciertamente son los padres de Santa Teresita del Niño Jesús, los Beatos Luis y Celia Martin, que os son particularmente próximos y queridos aquí, en Alençon.

Lo primero que me impresiona al ir descubriendo sus vidas es el llamamiento que nos hacen a vivir la santidad en las cosas más comunes de lo cotidiano. Debemos admitir que esto no es necesariamente nuestra preocupación principal. Ciertamente, el día de la Fiesta de Todos los Santos, hemos escuchado el Evangelio de las Bienaventuranzas. Sabemos que la vida cristiana tiene algo que ver con la santidad … pero de ahí a llegar a ser santos, hay un paso enorme que a menudo nos cuidamos de no dar.

Este no es el caso de Luis y Celia Martín. La santidad forma parte de su proyecto de vida. Un día, Celia Martin escribió a sus hijas María y Paulina: “Quiero llegar a ser una santa, no será fácil, hay mucho que lijar y la madera es dura como una piedra.

Hubiera sido mejor haberlo hecho antes, mientras era menos difícil, pero bueno ‘más vale tarde que nunca'”.

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Buissonets, residencia de la familia Martin.
En destaque: Luis y Celia Martin

La santidad es la vida cristiana tomada en serio

Luis y Celia comprendieron que la santidad no era otra cosa que la vida cristiana tomada en serio, la experiencia de la Fe que se despliega a lo largo de su existencia. El secreto de su vida cristiana se resume en tres palabras: Dieu premier servi (en primer lugar, el servicio de Dios). Para nosotros representan hoy un llamamiento: ¿la búsqueda y el descubrimiento del amor del Señor son realmente la brújula de nuestras vidas?

La vida de los esposos Martin se asemeja a la nuestra. En efecto, la vemos marcada por su época, la mentalidad de su tiempo y la cultura de su entorno. Aunque, básicamente, su existencia se parece a las de millones de otras más: una vida de pareja donde los temperamentos de Luis y de Celia, tan diferentes en algunos aspectos, aprenden a ajustarse, una vida de familia numerosa, una pequeña empresa que es la fuente de sus ingresos, pero también de muchas preocupaciones, alegrías familiares, el cuidado de sus ancianos padres, pruebas de salud, duelos, una práctica religiosa fiel que debía ser similar a la de un cierto número de devotos practicantes de esta parroquia en el siglo XIX.

Sin embargo, en su hogar, esa vida cotidiana que nada tiene de extraordinario ni de heroico va a estar habitada por una percepción profunda de la presencia misteriosa de Dios, por la convicción de que estamos bajo su Providencia, es decir, que todo concurre para el bien de aquellos que aman a Dios. Esa fe que les guía se expresa en una confianza profunda en el amor que Dios tiene por nosotros.

Si el Señor está ahí, si nos ama, si vela por nosotros y nos guía, ¿por qué tener miedo? Dejémonos conducir por Él. Celia dijo: “Cuando pienso en lo que el buen Dios, en quien he puesto toda mi confianza y en cuyas manos he depositado el cuidado de mis asuntos, ha hecho por mí y por mi marido, no puedo dudar de que su divina Providencia no vela con particular cuidado de sus hijos”.

¿Y nosotros? ¿Vivimos en esa acogida de la presencia de Dios en nosotros? ¿Residimos en Dios como Él en nosotros? ¿Dejamos al Señor establecerse en nosotros en la confianza y en la paz?

En todo, hacer la voluntad de Dios

Luis y Celia tratan de descubrir lo que Dios espera de ellos y hacer su voluntad. Es esa búsqueda la que guía las decisiones que han de tomar o las actividades diarias, tanto en las grandes como en las pequeñas cosas. Invitar a hacer la voluntad de Dios está también en el corazón de la educación que dan a sus hijas. Tratan de descifrar a través de los acontecimientos de su vida lo que Dios quiere que entiendan, para que puedan decir “sí”, como la Virgen María al ángel de Dios. Procuran hacer la voluntad de Dios en su vida de matrimonio, en la educación de sus hijas, en su trabajo profesional, en su vida de parroquia o de asociación. No hacen una separación entre una esfera religiosa de su existencia y una esfera profana. Saben que toda su vida debe ser santificada, que debe ser vivida bajo la mirada de Dios.

¿Y en cuanto a nosotros? ¿Nuestra vida está toda ella iluminada por el Evangelio? ¿Tiene sus sombras? ¿Sus resistencias al Espíritu Santo?

Aprovechemos el tiempo de Adviento para ponernos en la luz de Dios. Celia y Luis buscan, cada uno a su manera y cada uno en las diferentes etapas de su existencia, discernir la actitud de fe que Dios espera de ellos.

Ante el peligro de muerte que acecha a tal o cual de su recién nacido, ante la aparición del cáncer de Celia, la enfermedad cerebral de Luis, rezan, le piden al Padre, como Jesucristo en el Huerto de los Olivos, que les aparte ese cáliz, pero en seguida añaden como Él: “Que se haga tu voluntad y no la mía”. Celia le dijo a sus hijas: “Debemos ponernos en la disposición de aceptar generosamente la voluntad del buen Dios, sea la que sea, pues será siempre lo que puede haber de mejor para nosotros”. No veamos en estas expresiones un masoquismo cualquiera o una mórbida complacencia sacrificial. Luis y Celia buscan una justa actitud para darse a Dios y darse a los demás.

Testigos de la alegría de creer y de vivir en Cristo

En su última carta, dirigida a su hermano, algunos días antes de su muerte, Celia escribe: “¿Qué quieres?

Si la Santísima Virgen no me cura, es por que mi hora ha llegado, y que el buen Dios quiere que descanse en otro lugar que no sea la tierra…” Luis, por su parte, ve salir a cada una de sus hijas hacia la vida religiosa. Se arriesga a encontrarse solo, pero no quiere retenerlas para sí mismo. Vive la situación de Abraham a quien Dios le pide su hijo. Tras la entrada de Teresita en el Carmelo alguien le dijo que no tenía nada que envidiar de Abraham, a lo que responde rápidamente. “Sí, pero, lo confieso, hubiera elevado lentamente la espada, esperando al ángel y al carnero”.

Sí, Luis y Celia Martin quieren seguir a Cristo que toma el camino del don total de sí mismo y saben por la fe la fecundidad que contiene tal don.

Contemplando su vida, vemos bien cómo es en la oración, en la Eucaristía, en una vida eclesial regular y en una atención muy realista a los demás, de donde sacan, en el día a día, el dinamismo de su don de sí.

De esta manera, son los testigos de la alegría, de la verdadera alegría, la de creer y de vivir en Cristo.

Hermanos y hermanas, celebramos esta mañana la Eucaristía del Señor. Somos, nosotros también, llamados a descentrarnos de nosotros mismos, a volvernos hacia los demás y a vivir un verdadero don de sí. Luis y Celia Martin nos indican el camino.

Que ellos intercedan por nosotros. Que nos ayuden a proseguir nuestro caminar con el Señor. Amén.

 

(Homilía en la Misa pontifical de elevación de la iglesia de Nuestra Señora de Alençon a la categoría de basílica, 6/12/2009. Texto original en http://diocesedeseez.cef.fr/. Traducción: Heraldos del Evangelio)

 

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