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Viajes

Viaje apostólico de Benedicto XVI al Reino Unido

Publicado 2010/11/04
Autor : José Messias Lins Brandão

Contradiciendo todos los presagios pesimistas, la visita del Papa Benedicto XVI al Reino Unido ha demostrado que su población conserva el respeto y el corazón abierto para con el Sucesor de Pedro.

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Cuando la gracia de Dios es derramada sobre los hombres, no hay poder humano capaz de oponerse a ella. Esto se verificó una vez más en los cuatro días de la visita del Papa Benedicto XVI al Reino Unido.

Lo que allí ocurrió del 16 al 19 de septiembre constituyó una sorpresa para los propios católicos, quienes habían sido sometidos durante meses a un bombardeo de noticias pesimistas.

Una cosa quedó patente: las previsiones de fracaso no correspondieron con lo que iba en el fondo de las almas.

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El Santo Padre llega a Bellahouston Park, Glasgow, donde celebró Misa ante una compenetrada y entusiasta multitud, estimada, en más de sesenta y cinco mil fieles.

El lema del viaje fue el mismo que el del Cardenal Newman — El corazón habla al corazón— y no podía ser más apropiado, especialmente en lo que respecta al pueblo británico. Aunque considerados como reservados y ajenos a las manifestaciones de emoción, en realidad, ingleses y escoceses son profundamente emotivos y aprecian el calor humano. Sienten la necesidad de comunicarse de corazón a corazón, ¿y quién mejor que el Santo Padre para atender a ese anhelo?

Durante el viaje de Roma a Edimburgo, un periodista le preguntó a Benedicto XVI si no sentía temor por la manera como sería recibido, en vista de la polémica y oposiciones que rodearon la preparación de la visita.

“Debo decir que no estoy preocupado”, respondió el Papa. Y recordó que hubo igualmente pronósticos negativos antes de sus viajes apostólicos a Francia, señalándolo como el país más anticlerical de Europa, y a la República Checa, que sería el país más irreligioso del continente. Ninguno de esos malos presagios se cumplió. Por eso, iba a Gran Bretaña “con gran valentía y con alegría”.

En el Palacio de la Santa Cruz, audiencia con la reina

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Al comienzo de su visita oficial al Reino Unido, el Papa Benedicto XVI fue recibido por la reina Isabel II en el Palacio de Holyrood, Edimburgo, Escocia.

El Santo Padre desembarcó en Edimburgo, capital de Escocia, a las diez y media de la mañana, siendo saludado en el aeropuerto por el príncipe Philip, esposo de la reina Isabel II, por el primer ministro de Escocia, Alez Salmond, y otras personalidades civiles y religiosas. De allí salió en automóvil al encuentro con la reina.

En el Palacio Real de Holyrood tuvo lugar la ceremonia de bienvenida, cuando el Papa fue recibido por la reina Isabel II y por cientos de autoridades.

Tras el discurso de la soberana, Benedicto XVI le agradeció la invitación para visitar oficialmente el Reino Unido y sus atentas palabras de saludo en nombre del pueblo británico.

Después añadió: “El nombre de Holyroodhouse , la residencia oficial de Vuestra Majestad en Escocia, recuerda la ‘Santa Cruz' y evoca las profundas raíces cristianas que aún están presentes en todos los ámbitos de la vida británica”. 1

A continuación el Santo Padre recordó que desde tiempos muy antiguos los reyes de Inglaterra y Escocia han sido cristianos y muchos de ellos —como Eduardo el Confesor y Margarita de Escocia— ejercieron sus tareas de gobierno a la luz del Evangelio, modelando profundamente de esta forma la nación en torno al bien, y así resultó que el mensaje cristiano ha sido una parte integral de la lengua, el pensamiento y la cultura de los pueblos británicos.

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Un clima de fiesta invadió las calles de las ciudades escocesas visitadas por el Papa, refutando todos los pronósticos negativos que antecedieron su viaje.

También dirigió unas palabras de alabanza a Gran Bretaña por haberse levantado contras las tiranías del ateísmo extremista, durante la Segunda Guerra Mundial.

Por último el Sumo Pontífice resaltó el hecho de que el Reino Unido se esfuerza por ser “una sociedad moderna y multicultural”. Y concluyó manifestando su deseo de que las raíces cristianas de sus libertades no sean debilitadas por las “formas más agresivas de secularismo”.

La calidez del pueblo escocés

Durante el recorrido entre el palacio real y la residencia arzobispal, la realidad fue un completo desmentido de todos los pronósticos pesimistas: 125.000 escoceses llenaron las céntricas calles de Edimburgo, festejaron al Papa con música de gaitas, trajes típicos y muchas banderas. Hasta el clima contribuyó a inflamar más los corazones, proporcionando un día soleado, cuando todo hacía pensar en la habitual atmósfera sombría. Se había roto el “hechizo” preparado por unos pocos inconformistas y era dada la nota de entusiasmo que permanecería durante toda la estancia del Santo Padre en el Reino Unido.

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El gran número de jóvenes católicos que saludaron al Papa, fue una enorme sorpresa para muchos. A la izquierda, delante de la Catedral de Westminster;
a la derecha, en las calles de Londres.

Por la tarde se dirigió en coche a Glasgow, la mayor ciudad de Escocia, un grande y tradicional centro católico. En Bellahouston Park, casi a las seis de la tarde, el sol brillaba, “un caso raro” en ese país como comentaban en la noticia en directo de la edición online del Daily Telegraph : “El parque está bañado por una luz espléndida mientras el Papa está celebrando”. 2

Cerca de 65.000 personas asistieron a la Misa. Las primeras palabras de la homilía papal calaron hondamente en las almas: “El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo continúa enviando a sus discípulos a todo el mundo para proclamar la venida de su Reino y llevar su paz al mundo, empezando casa por casa, familia por familia, ciudad por ciudad.

Vengo a vosotros, hijos espirituales de San Andrés [Patrón de Escocia], como heraldo de la paz y a confirmaros en la Fe de Pedro”.

Particularmente importante —como lo destacaron los medios de comunicación británicos— fue la exhortación dirigida a los jóvenes, allí presentes en gran número: “Mis queridos jóvenes católicos de Escocia.

Os apremio a llevar una vida digna de nuestro Señor (cf. Ef 4, 1) y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día — droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol— y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y Él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual”.

Hubo varios momentos de auténtica emoción cuyo auge quizá se haya dado cuando la inmensa multitud entonó la tradicional canción escocesa Auld lang syne , que festeja las grandes y verdaderas amistades.

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El Papa fue invitado a dirigirse a los gobernantes, parlamentarios y otras figuras exponenciales de la vida británica en el Westminster Hall, construción medieval en la cual tuvieron lugar buena parte de los acontecimientos políticos más
importantes de la historia local.

Encuentro con los “futuros santos del siglo XXI”

Por la mañana del día 17, Su Santidad —que cumplía 81 años— se dirigió al Colegio Universitario Santa María de Twickenham, una prestigiosa institución católica situada en el distrito londinense de Richmond, donde fue recibido por autoridades civiles y religiosas, educadores y cuatro mil alumnos de escuelas católicas.

El encuentro del Santo Padre con los niños se dio en un ambiente de intimidad y cariño por ambas partes, que constituyó una auténtica fiesta en familia. Niñas y niños ingleses, escoceses y galeses le hicieron muchos regalos al Papa, quien les manifestó su esperanza de que entre ellos “esté alguno de los futuros santos del siglo XXI”. Paternalmente les advirtió que los bienes pasajeros como el ser famoso o tener mucho dinero no son suficientes para darle a uno la felicidad, la cual sólo se puede encontrar en Dios.

En su discurso a los profesores, el Papa les recordó que la educación no debe ser considerada como algo puramente utilitario. “Se trata de la formación de la persona humana, preparándola para vivir en plenitud.

En una palabra, se trata de impartir sabiduría. Y la verdadera sabiduría es inseparable del conocimiento del Creador”, afirmó. Hizo una elogiosa referencia a personalidades británicas que comprendieron esa dimensión trascendente de la enseñanza: a los benedictinos que acompañaron a San Agustín, apóstol de Inglaterra; a los discípulos de San Columbano; a San David de Gales y sus compañeros; y a la Venerable María Ward.

Histórica y simbólica visita al Westminster may

Uno de los puntos culminantes de ese viaje fue la simbólica visita del Santo Padre al Westminster Hall. Allí fue recibido solemnemente, al son de las trompetas reales, por los miembros del Gobierno y del Parlamento, además de exponentes de la sociedad civil, del mundo académico, cultural y empresarial. Cerca de dos mil personas, según la BBC.

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En Hyde Park, Londres, cerca de ochenta mil personas (capacidad máxima permitida para el evento), la mayoría jóvenes, participaron con el Papa en la vigilia
del día 18 de septiembre.

En su caluroso discurso de saludo, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, mencionó las históricas relaciones entre el Reino Unido y la Iglesia Católica, incluyendo los períodos turbulentos desde la época de Enrique VIII, que produjeron muchos mártires, algunos de los cuales fueron juzgados y condenados en aquel mismo salón, como era el caso de Santo Tomás Moro.

En su respuesta, el Papa quiso recordar la figura de este “gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un ‘buen servidor', pues eligió servir primero a Dios”. El dilema afrontado por Tomás Moro en aquellos difíciles tiempos —dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios—, ofreció al Pontífice la oportunidad de reflexionar brevemente “sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político”.

Observó el Papa que cuestiones fundamentales como las del juicio contra Tomás Moro continúan presentándose en la vida política y llevaban a cada generación a replantearse: “¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales?”. Y añadía: “Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil”. Porque aunque las normas objetivas que gobiernan el recto actuar sean accesibles a la razón, ésta puede ser distorsionada y manipulada por ideologías, si no tienen el correctivo de la Religión.

El Papa manifestó su preocupación por el hecho de que el cristianismo esté siendo marginado “incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia” —como es el caso de Reino Unido—, llegando al punto de considerar que “los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia”.

Teniendo en cuenta esta situación, el Santo Padre invitó a sus oyentes “a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre Fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional”. Y agregaba: “Vuestra disposición a actuar así ya está implícita en la invitación sin precedentes que se me ha brindado hoy”.

En la parte final de su discurso, tras analizar el progreso existente en la cooperación entre el Reino Unido y la Santa Sede, Benedicto XVI concluía: “Los ángeles que nos contemplan desde el espléndido cielo de este antiguo salón nos recuerdan […] que Dios vela constantemente para guiarnos y protegernos; y, a su vez, nos invitan a reconocer la contribución vital que la religión ha brindado y puede seguir brindando a la vida de la nación”.

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La Misa celebrada por el Papa en la Catedral de Westminster estuvo marcada por la pompa británica. A la derecha, en el primer banco del lado del Evangelio,
se puede ver a miembros de la Familia Real.

Encargado de cuidar de la unidad del rebaño de Cristo

Ese mismo día, 17 de septiembre, el Pontífice fui invitado por el Arzobispo anglicano de Canterbury, Rowan Williams, a una ceremonia ecuménica en la Abadía de Westminster, tan impregnada de recuerdos de la Inglaterra católica.

El Papa inició el acto agradeciendo al Señor por la oportunidad de estar, junto a los representantes de otras confesiones cristianas, “en esta magnífica iglesia de la abadía de San Pedro, cuya arquitectura e historia hablan de manera tan elocuente de nuestra herencia común de Fe”.

Igualmente dio gracias a Dios por permitirle “como Sucesor de San Pedro en la Sede de Roma, realizar esta peregrinación a la tumba de San Eduardo, el Confesor”, un rey que sigue siendo “un modelo de testimonio cristiano y un ejemplo de la verdadera grandeza a la que el Señor llama a sus discípulos, tal y como acabamos de escuchar en la Escritura”.

El Santo Padre se refirió asimismo a la necesidad de reconocer los retos que enfrentan hoy los cristianos, no sólo en lo relativo a la unidad, sino también en el compromiso de anunciar al mundo el nombre de Cristo.

La fidelidad a la palabra de Dios, decía, “nos exige una obediencia que nos lleve juntos a una comprensión más profunda de la voluntad del Señor, una obediencia que debe estar libre de conformismo intelectual o acomodación fácil a las modas del momento”. Y añadió: “Ésta es la palabra de aliento que deseo dejaros esta noche, y lo hago con fidelidad a mi ministerio de Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, encargado de cuidar especialmente de la unidad del rebaño de Cristo”.

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Con los obispos de Inglaterra, Escocia y Gales, en la histórica capilla del seminario de Oscott. Sentados junto al Papa: el Cardenal Keith O’Brien, el Arzobispo Vincent Nichols y el Cardenal Cormac Murphy-O’Connor.

La indispensable misión de los laicos

Al día siguiente, en la plaza de la catedral católica de Westminster y en un tramo de una calle adyacente, miles de jóvenes acompañaron la Celebración Eucarística a través de pantallas, pues el interior del templo estaba abarrotado. La ceremonia se revistió de gran solemnidad.

En su homilía el Papa empezó afirmando que en aquel encuentro entre el Sucesor de Pedro y sus hijos británicos “el corazón habla al corazón”.

Como la Misa se realizaba en la Catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, el Sumo Pontífice comentó el misterio de esta Sangre Redentora, que nos explica la unidad entre el Sacrificio de Cristo en la Cruz y el Sacrificio Eucarístico.

Subrayó que la realidad de éste último “ha estado siempre en el corazón de la Fe católica”. Y recordó que en Inglaterra mucha gente ha defendido con intrepidez la Misa, a veces al precio de su propia vida, forjando así la devoción al Santísimo Sacramento que constituye una característica del catolicismo en esas tierras.

Hizo hincapié sobre el indispensable papel de los laicos en la misión de la Iglesia, el de actuar como fermento del Evangelio en la sociedad, y evocó a este respecto las “intuiciones y enseñanzas” del Beato John Newman.

Hizo votos de que “las profundas ideas de este gran inglés” continuasen inspirando a todos los seguidores de Cristo en tierras británicas para que trabajen decididamente en la defensa de las verdades morales inmutables. “Cuánto necesitamos, en la Iglesia y en la sociedad, testigos de la belleza de la santidad, testigos del esplendor de la verdad, testigos de la alegría y libertad que nace de una relación viva con Cristo”, exclamó.

Todos somos llamados a cambiar el mundo

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En la Misa en Birmingham durante la consagración del vino. Al fondo se aprecia la figura del nuevo Beato John Henry Newman. Junto al Papa el Arzobispo de Birmingham, Mons. Bernard Longley, y el Cardenal Bertone, Secretario de Estado del Vaticano.

Por la tarde del día 18, después de visitar la Residencia San Pedro, una casa de descanso para los ancianos, el Papa siguió hacia Hyde Park, donde se realizaba la Vigilia de Oraciones por la Beatificación del Cardenal Newman. Allí le esperaban 80.000 fieles, mientras otros 200.000 —según la policía londinense— se dispusieron a lo largo del trayecto para aclamarlo.

En su discurso, afirmó el Papa: “Durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento, como también en otras muchas personas más allá de estas islas”. Dirigiéndose en especial a los jóvenes añadió: “Newman, por su propia cuenta, trazó el curso de toda su vida a la luz de una poderosa experiencia de conversión que tuvo siendo joven.

Fue una experiencia inmediata de la verdad de la Palabra de Dios, de la realidad objetiva de la revelación cristiana tal y como se recibió en la Iglesia”. A partir de esa experiencia, sintió la vocación de ser ministro del Evangelio; y al final de su vida describió su trabajo como “una lucha contra la creciente tendencia a percibir la Religión como un asunto puramente privado y subjetivo, una cuestión de opinión personal”.

El Hyde Park es un lugar muy simbólico para la Iglesia Católica inglesa, pues en la zona norte del mismo, llamada Tyburn, fueron martirizados 105 católicos entre el período de 1535 y 1681. El Papa recordó ese holocausto e hizo una paternal advertencia a los fieles incumbidos de anunciar a Cristo y su Evangelio en el mundo actual: “No lejos de aquí, en Tyburn, un gran número de hermanos y hermanas nuestros murieron por la Fe. […] En nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado”.

Volviendo a un tema que fue varias veces objeto de sus consideraciones a lo largo de este Viaje Apostólico, el Papa recordó una de las meditaciones más amadas por el Cardenal Newman: “Dios me ha creado para una misión concreta. Me ha confiado una tarea que no ha encomendado a otro”. Y sacó una conclusión: “Cada uno de nosotros tiene una misión, cada uno de nosotros está llamado a cambiar el mundo”.

Beatificación del Cardenal Newman

El domingo día 19 fue celebrada, en un ambiente de gran fiesta, la Misa de Beatificación del Cardenal Newman, en el Cofton Park, Birmingham.

Al principio de la homilía el Papa quiso mencionar especialmente el septuagésimo aniversario de la Batalla de Bretaña, cuando la aviación nazi bombardeó duramente diversas ciudades inglesas, y rendir un homenaje a los que resistieron “con tesón a las fuerzas de esta ideología demoníaca”.

Aunque una razón de gran júbilo para Inglaterra —prosiguió— los había reunido allí: la Beatificación del Cardenal Newman, un hombre que “jamás se cansó de dar un testimonio elocuente [del Señor] a lo largo de una vida entregada al ministerio sacerdotal, y especialmente a predicar, enseñar y escribir”. Digno de formar parte de una “larga hilera de santos y eruditos de estas islas”, como San Beda, Santa Hilda, San Aelred o el Beato Duns Scoto, entre otros.

Comentando el lema cardenalicio del Beato John Newman — Cor ad cor loquitur , El corazón habla al corazón—, observaba el Papa que “nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios”.

Recordó aún que, conforme recalcaba el nuevo Bienaventurado, cada hombre tiene una tarea personal que cumplir, dada por Dios, “un ‘servicio concreto', confiado de manera única a cada persona concreta”. Así cada uno tiene una misión, nadie fue creado sin un objetivo específico.

Asimismo resaltó el Pontífice que la relación entre Fe y razón era otra de las preocupaciones del Beato John Newman.

Sus intuiciones sobre el espacio vital de la Religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de una educación esmerada y amplia en sus fundamentos y abierta a grandes perspectivas fueron de gran importancia no sólo para la Inglaterra victoriana, sino que hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos hombres en todo el mundo, explicó.

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Dos momentos destacados de la visita: con los profesores y estudiantes del seminario de Oscott y en un cortejo ceremonial en la Abadía de Westminster.

En el rezo del Ángelus el Papa señaló que el Beato John Newman dio el nombre de Maryvale (Valle de María) a su primera casa en Birmingham, y dedicó a la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen el Oratorio fundado por él. Además de eso, puso a la Universidad Católica de Irlanda bajo la protección de María, Sedes Sapientiæ .

“De muchas maneras, vivió su ministerio sacerdotal con un espíritu de devoción filial a la Madre de Dios”, concluyó Benedicto XVI.

Finalidad última de todas las actividades ecuménicas

En el encuentro con los obispos de Inglaterra, Escocia y Gales, en la capilla del Oscott Gollege, acentuó el Pontífice que allí había sido donde el Cardenal Newman, en 1852, dio “su voz a la nueva confianza y vitalidad de la comunidad católica en Inglaterra y Gales”. También declaró que había percibido con claridad, en ese viaje, “la sed profunda que el pueblo británico tiene de la Buena Noticia de Jesucristo”. Considerando esto, animó a los obispos a que aprovechasen los servicios del recientemente creado Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, y que continuaran estudiando los medios apropiados y eficaces para involucrar en la misión de la Iglesia a los nuevos movimientos eclesiales, muchos de los cuales “tienen un carisma especial para la evangelización”.

Acordándose de las centenas de millares de anglicanos deseosos de volver a la casa paterna, repitió a los obispos su pedido de que sean generosos en poner en práctica la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus .

“Esto debería contemplarse como un gesto profético que puede contribuir positivamente al desarrollo de las relaciones entre anglicanos y católicos. Nos ayuda a fijar nuestra atención en el objetivo último de toda actividad ecuménica: la restauración de la plena comunión eclesial en un contexto en el que el intercambio recíproco de dones de nuestros respectivos patrimonios espirituales nos enriquezca a todos”.

El término de inolvidable días

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Más de cincuenta mil personas se concentraron en Cofton Park, Birmingham, para asistir a la Misa de Beatificación del Cardenal John Henry Newman.

En la ceremonia de despedida, en al aeropuerto de Birmingham, el Papa manifestó al primer ministro, David Cameron, su agradecimiento por el encuentro con el pueblo británico, por la acogida de la reina y del Gobierno de Su Majestad, así como por la dedicación de las autoridades, de la policía y de los servicios públicos. Recordó “con íntima alegría” el tiempo transcurrido con los católicos del Reino Unido y consideró particularmente emocionante haber celebrado con ellos la Beatificación del Cardenal Newman.

Cuando el avión papal alzó el vuelo —escena transmitida en directo por las cámaras de televisión— podría parecer que un aire de orfandad iría nuevamente a tomar cuenta del país. No es verdad. Nada podrá romper los lazos de oro tejidos durante este Viaje Apostólico, los cuales hablan de la esperanza de que la restauración de la unidad es sólo una cuestión de tiempo.

 

1 La abadía de Holyrood fue fundada en 1128 por el rey escocés David I, quien mandó construir una hermosa iglesia (hoy en ruinas) para acoger una reliquia del Santo Leño — fragmento de la Cruz de Jesús.

2 http://www.telegraph.co.uk/news/newstopics/religion/the-pope/8008160/Pope-Visit-UK-2010-Day-one-as-ithappened.Html

 

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