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Reconocimiento

Hace diez años...

Publicado 2011/02/14
Autor : Redacción

En febrero de 2001 el Siervo de Dios Juan Pablo II erigía canónicamente a los Heraldos del Evangelio como asociación privada de fieles de derecho pontificio. Era el punto de partida para una década pródiga en actividades misioneras.

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Roma, febrero de 2001. Más de mil heraldos se reunían en la Ciudad Eterna para participar de la anhelada aprobación como asociación de derecho pontificio.

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Mons. João S. Clá Dias saluda
a Juan Pablo II en el 2001.

Los momentos culminantes de aquellos históricos días fueron la sencilla ceremonia de entrega del documento de erección, realizada en la sede del Pontificio Consejo para los Laicos, el mismo día 22; la Celebración Eucarística presidida por el Cardenal Jorge María Mejía en la Basílica de San Pedro, el día 27, y el saludo concedido por el Papa Juan Pablo II a Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, en la Audiencia General del día 28.

“El brazo del Papa” En el mensaje que el Papa dirigió a los Heraldos en esa ocasión, les instaba a que fueran “mensajeros del Evangelio por intercesión del Corazón Inmaculado de María”.

Y el Cardenal Mejía, en la homilía de la Misa solemne en el Altar de la Cátedra, recordando que la erección canónica le daba a la asociación “una relación especial” con la Santa Sede, aseveró: “Lo que ustedes han querido hacer, lo que está expresado en los estatutos de ustedes y las tradiciones de ustedes, eso recibe ahora desde aquí una bendición especial.

Así, vuestra asociación es incluida en el gran número de instituciones de religiosos o religiosas, pero también de asociaciones laicas que el Papa, por sus órganos especiales —en este caso el Consejo de Laicos— aprueba y envía”.

Así, los Heraldos del Evangelio pasaban a ser, en palabras del Cardenal, “el brazo del Papa”, y su misión evangelizadora se transformaba en un mandato pontificio.

Una década de actividades Desde aquel bendito momento las actividades de los Heraldos tomaron un renovado vigor.

Se multiplicaron las vocaciones en esta asociación privada de fieles de derecho pontificio, en cuyo seno brotaron también dos Sociedades de Vida Apostólica: una clerical y otra femenina.

 

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A la labor misionera propia de los laicos se le sumaba de esta forma la de los cada vez más numerosos sacerdotes y hermanas dedicados por completo al servicio del prójimo.

Sería demasiado extenso contar siquiera las actividades desarrolladas en estos diez años, muchas de las cuales ya han sido sintéticamente resumidas en esta misma sección, a lo largo de los 91 números de la revista.

Mencionemos tan sólo las Misiones Marianas, el Apostolado del Oratorio María Reina de los Corazones, el Fondo Misericordia o el proyecto Futuro y Vida, destinado a atraer a las nuevas generaciones hacia el seno de la Iglesia.

Bajo el punto de vista académico cabe señalar la fundación, en São Paulo (Brasil), de tres instituciones de enseñanza superior: el Instituto Teológico Santo Tomás de Aquino, el Instituto Filosófico Aristotélico- Tomista y el Instituto Filosófico- Teológico Santa Escolástica.

El desafío más reciente Pero también es necesario pensar en el presente. Los años transcurridos son solamente el marco para una asociación que desborda de actividades y mira al futuro con esperanza.

Además de encargarse de la iglesia de San Benedetto in Piscinula, en Roma, y de la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, en la Gran São Paulo, los Heraldos del Evangelio han recibido recientemente un nuevo reto pastoral misionero: la administración del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos, en Ecuador, un vasto territorio de 18.000 km² situado en la Amazonia ecuatoriana.

 

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