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Más de un millón de personas en la beatificación de Juan Pablo II

Publicado 2011/09/11
Autor : Redacción

La solemne liturgia de beatificación fue precedida por una hora de preparación, en la que se rezó la Corona de la Divina Misericordia.

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Con nuestra autoridad apostólica, concedemos que el venerable Siervo de Dios Juan Pablo II,

Papa, de ahora en adelante sea llamado beato y que se pueda celebrar su fiesta en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, cada año, el 22 de octubre”. Tras estas palabras del Papa Benedicto XVI, una multitud de más de un millón de fieles irrumpieron en aplausos en la Plaza de San Pedro mientras era descubierto un enorme tapiz con el rostro del nuevo beato, que pendía de la fachada de la basílica.

En la ceremonia estuvieron presentes delegaciones oficiales de 88 países, entre ellas representantes de cinco Casas Reales, dieciséis jefes de Estado, tres vicepresidentes y siete primeros ministros.

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Vigilia en el Circo Máximo

Las celebraciones comenzaron en la víspera de la beatificación, el 30 de abril, con una vigilia en el Circo Máximo (Roma), que constó de dos momentos: la celebración de la Memoria, seguida de la recitación de los misterios luminosos del Santo Rosario —introducidos por el Papa Juan Pablo II—, en el que participaron 100.000 fieles.

En esta ocasión dieron sus testimonios Sor María Simón- Pierre, la monja francesa cuya curación milagrosa permitió concluir el proceso de beatificación, y algunos de los colaboradores cercanos del nuevo beato: su secretario personal, el cardenal Stanis?aw Dziwisz, actual Arzobispo de Cracovia, y Joaquín Navarro-Valls, portavoz del Vaticano durante su pontificado.

Tras la vigilia, Roma vivió por primera vez una “noche blanca” de la oración, en la que los peregrinos pudieron rezar durante la madrugada en ocho iglesias localizadas a lo largo del recorrido del Circo Máximo a la Basílica de San Pedro. En todas ellas había numerosos sacerdotes disponibles para atender confesiones.

“¡Dichoso tú, porque has creído!”

La solemne liturgia de beatificación fue precedida por una hora de preparación, en la que se rezó la Corona de la Divina Misericordia, devoción introducida por Santa Faustina Kowalska y tan querida por el Papa Juan Pablo II.

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Misa de beatificación: a la izquierda, el cardenal Agostino Vallini, Vicario General para la Diócesis de Roma, saluda al Santo Padre; a la derecha, vista general de la celebración.

Benedicto XVI empezó su homilía recordando el ambiente de la Plaza de San Pedro el día de los funerales de su predecesor: “El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero”.

Tras recordar algunos trazos destacados del anterior Pontífice, Benedicto XVI afirmó: “Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el Beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona”.

A continuación resaltó algunos aspectos de la vida espiritual del nuevo beato: “El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una ‘roca', como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Iglesia”.

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Dos momentos de la vigilia en el Circo Máximo, con la que se dio inicio
a las celebraciones.

Y concluyó con estas palabras: “¡Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Desde el Palacio nos has bendecido muchas veces en esta Plaza. Hoy te rogamos: Santo Padre: bendícenos. Amén”.

Tras la ceremonia de beatificación, el ataúd con los restos mortales de Juan Pablo II, retirado de las Grutas Vaticanas, quedó expuesto hasta el día siguiente ante el Altar de la Confesión, en el interior de la Basílica de San Pedro, para la veneración de los fieles.

Misa de Acción de Gracias

El 2 de mayo, por la mañana, concluyeron los tres días de oración con la primera Misa en honor del nuevo beato, celebrada en la Plaza de San Pedro por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, y precedida de una hora de preparación, en la que fueron recitadas algunas poesías del Beato Juan Pablo II.

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