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Entrevistas

Entrevista con el Prof. Guzmán Carriquiry Lecour, el primer Secretario laico de la Pontificia Comisión para América Latina

Publicado 2011/12/21
Autor : Gaudium Press

Gaudium Press entrevistó al Prof. Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, y el laico con más alto rango en la Curia Romana. Diversos temas fueron abordados

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Roma (Miércoles, 21-12-2011, Gaudium Press) Gaudium Press entrevistó al Prof. Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, y uno de los laicos con más alto rango en la Curia Romana. Diversos temas fueron tratados.

Gaudium Press: Usted inició su servicio en la Santa Sede hace 40 años. ¿Cómo comenzó esta "aventura"?

Prof. Carriquiry: Todo se desarrolló a través de muchas circunstancias inimaginables para un joven de 26 años que vivía en Montevideo, casado hace un año, con un hijo pequeño, habiendo terminado la Universidad hace poco tiempo. Debo pensar que la providencia de Dios se ocupa hasta incluso de los "pequeños" y que nuestros cabellos están contados. Vine para tener una experiencia de un año, después me pidieron que continuara, y después me pidieron que permaneciera hasta el final del pontificado de Pablo VI, nombrándome como el primer jefe laico de la Curia Romana. Cuando el día 16 de octubre yo estaba en la Plaza San Pedro y oí que Wojtyla había sido escogido como Papa, yo ya tenía las maletas listas para dejar el Vaticano. Mi mujer me miró y me dijo: "Yo sé...vamos a deshacer las maletas una vez más y quedarnos". Habíamos conocido a Karol Wojtyla desde cuando llegamos; él era consultor del Consejo de los Laicos y nos abrazó con su paternidad. Tengo siempre en el corazón grato el sentido de esta desproporción: ¿quién soy yo para tener la alegría y la responsabilidad de ser un colaborador de los Sucesores de Pedro, de los Santos Sucesores de Pedro? Un don implica siempre la gratitud, el júbilo y una gran responsabilidad.

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Hoy usted es el primer Secretario laico de la Pontificia Comisión para América Latina...

Me quedé conmovido con esta señal de afecto y confianza de parte del Santo Padre. En verdad, después de 40 años de trabajo en la Santa Sede, tengo un cierto orgullo que todos me conozcan como latinoamericano. Seguí siempre con gran pasión la vida y el destino de los pueblos latinoamericanos y los lazos con la Iglesia latinoamericana. Acepté este nombramiento pensando que, consagrarme al servicio del Papa para la Iglesia en América Latina, era como una especie de destino natural, providencial. Estoy muy honrado de poder trabajar en directa colaboración con el Cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y por eso, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Entiendo que es un hecho muy excepcional que un laico haya asumido esta responsabilidad. No me gusta sin embargo resaltar esta excepcionalidad laical (¡sí, bien espere que otros laicos asuman importantes responsabilidades!). Todavía hay aquellos que conciben la "promoción del laicado" en la Iglesia como una especie de lucha por el propio protagonismo, para ocupar lugares, para conquistar derechos o un mayor poder. Creo que todo eso es muy de adolescente; se acaba así en la frustración o en crisis de comunión. Por tanto, prefiero pensar que tanto laicos, como religiosos o sacerdotes que asuman responsabilidades en la Curia Romana, todos son llamados a demostrar verdadero amor por la Iglesia, fidelidad al Santo Padre y competencia e inteligencia en su servicio.

¿Sus deberes?

Mis deberes son indicados con claridad: son el buscar ayuda con todos los medios posibles para intensificar las relaciones entre la Santa Sede y América Latina, en particular entre la Santa Sede y la Iglesia Católica en América Latina. En primer lugar a través de las relaciones, Conferencias episcopales, el CELAM, pero también con todas aquellas instancias católicas presentes en la vida de nuestros pueblos. Esto requiere colaboración en difundir el admirable magisterio de S. S. Benedicto XVI para que alcance cada vez más, y cada vez más profundamente, todas las comunidades cristianas en América Latina. Eso implica también, dentro del ámbito de competencia de una comisión vaticana, estar muy atentos, como compañía, como sustento, como aliento, como valorización de todo aquello que el Espíritu dice a través de la boca de los obispos latinoamericanos, y a todo aquello que el Espíritu suscita como vida nueva en los fieles...Este deber quiere decir también buscar compartir con más intensidad las preocupaciones, las prioridades, las materias de debate, los problemas y los desafíos, los eventos de la Iglesia latinoamericana -esto es, la experiencia viva de la Iglesia latinoamericana- con los diversos dicasterios de la Curia latinoamericana. Es importante que esta experiencia de la Iglesia latinoamericana, que representa más del 40% de los bautizados en la Iglesia católica a nivel mundial, esté más presente en el centro de la Iglesia universal.

Por un lado hay una fe dinámica y muy fiel del pueblo latinoamericano, pero por otro lado las estadísticas son preocupantes. ¿Cuáles son hoy los desafíos mayores de la Iglesia católica en el continente latinoamericano?

La cuestión fundamental para la Iglesia en América Latina, y especialmente para sus Pastores es la de salvaguardar el más precioso tesoro que recibieron los pueblos latinoamericanos, que es la tradición católica, esto es, el don de la fe en Jesucristo.

¡Salvaguardar este tesoro para no disiparlo ni dilapidarlo! Sabemos sin embargo, que este gran patrimonio está sufriendo una erosión. El Papa Benedicto XVI habló en Brasil de un cierto debilitamiento de la fe católica en América Latina, y esto por causa de la secularización que avanza en todos los lugares, principalmente en las grandes ciudades, en las migraciones religiosas para comunidades neopentecostales y evangélicas, en el proliferar de las sectas e incluso de las situaciones de auto-secularización en la Iglesia Católica. La tradición cristiana es sometida también al impacto difuso de una cultura global, de trazo relativista y hedonista. La Iglesia católica debe repensar a fondo y lanzar nuevamente la evangelización, siguiendo los pasos del magisterio pontificio y las orientaciones de Aparecida: formar verdaderos discípulos y misioneros para que nuestros pueblos tengan la vida, y la vida en abundancia. El deber crucial para la Iglesia de no contraponerse a los enemigos o a las amenazas "externas", sino acoger, celebrar, anunciar, dar testimonio y comunicar el don de la presencia de Cristo, que la torna Su Cuerpo y define su misión.

Los dos próximos años serán muy particulares para la Iglesia en América Latina. Se trabaja para el viaje del Santo Padre a México y Cuba en 2012 y para la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2013 en Río de Janeiro, Brasil.

Los viajes apostólicos del Santo Padre son admirables experiencias de siembra de conversiones, de santidad, de sabiduría cristiana. Es conmovedor apreciar esta modalidad de solicitud apostólica universal del Santo Padre, a pesar de todos los sacrificios que ella comporta. El anuncio del próximo viaje a Cuba y México suscitó en toda América Latina una corriente de gratitud, de afecto, de devoción, y también de expectativa alegre y llena de esperanza, mientras muchos jóvenes de todo el continente ya se colocaron en camino -un camino educativo, espiritual y misionero- en dirección al encuentro en Río de Janeiro.

¿La Santa Misa del día 12 de diciembre fue un preludio de todo eso?

La Providencia de Dios quiso así...Esta celebración eucarística en San Pedro, presidida por S.S. Benedicto XVI en la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, que tuvo como motivo el bicentenario de independencia de los países latinoamericanos, fue un gran acontecimiento católico y latinoamericano, señal de un gran abrazo de comunión. Fue Nuestra Señora de Guadalupe quien "inspiró" esta iniciativa, hacer que ella tuviese un buen éxito. Ella, que es la "Estrella de la nueva evangelización" iluminará y guiará los pasos de Benedicto XVI en dirección al "continente de la esperanza", abriendo el corazón de sus hijos al mensaje del cual el sucesor de Pedro es el primer guardián, testigo y heraldo.

Gaudium Press / Anna Artymiak

 

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