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La Voz del Papa

Reina del Universo

Publicado 2012/10/06
Autor : Papa Benedicto XVI

¿Cómo ejerce María su realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a Ella en la oración, para pedir su protección maternal y su ayuda celestial.

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Se celebra hoy la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María invocada con el título: "Reina". Es una fiesta de institución reciente, aunque es antiguo su origen y devoción. [...]

Pero ahora nos preguntamos: ¿qué quiere decir María Reina? ¿Es sólo un título unido a otros? La corona, ¿es un ornamento junto a otros? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es esta realeza? Como ya hemos indicado, es una consecuencia de su unión con el Hijo, de estar en el Cielo, es decir, en comunión con Dios. Ella participa en la responsabilidad de Dios respecto al mundo y en el amor de Dios por el mundo.

Jesús fue proclamado Rey en la Cruz

1.bmpHay una idea vulgar, común, de rey o de reina: sería una persona con poder y riqueza. Pero éste no es el tipo de realeza de Jesús y de María.

Pensemos en el Señor: la realeza y el ser rey de Cristo está entretejido de humildad, servicio, amor: es sobre todo servir, ayudar, amar.

Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la Cruz con esta inscripción escrita por Pilato: "rey de los judíos" (cf. Mc 15, 26). En aquel momento sobre la Cruz se muestra que Él es rey. ¿De qué modo es rey? Sufriendo con nosotros, por nosotros, amando hasta el extremo, y así gobierna y crea verdad, amor, justicia.

O pensemos también en otro momento: en la Última Cena se abaja a lavar los pies de los suyos. Por lo tanto, la realeza de Jesús no tiene nada que ver con la de los poderosos de la tierra. Es un rey que sirve a sus servidores; así lo demostró durante toda su vida.

Y lo mismo vale para María: es reina en el servicio a Dios en la humanidad; es reina del amor que vive la entrega de sí a Dios para entrar en el designio de la salvación del hombre. Al ángel responde: He aquí la esclava del Señor (cf. Lc 1, 38), y en el Magníficat canta: Dios ha mirado la humildad de su esclava (cf. Lc 1, 48). Nos ayuda. Es reina precisamente amándonos, ayudándonos en todas nuestras necesidades; es nuestra hermana, humilde esclava.

Confiémonos a la Reina celestial

De este modo ya hemos llegado al punto fundamental: ¿Cómo ejerce María esta realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a Ella en la oración, para agradecerle o para pedir su protección maternal y su ayuda celestial tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y complicadas vicisitudes de la vida.

En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María confiando en su continua intercesión, para que nos obtenga de su Hijo todas las gracias y la misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo.

Por medio de la Virgen María, nos dirigimos con confianza a Aquel que gobierna el mundo y que tiene en su mano el destino del universo. Ella, desde hace siglos, es invocada como Reina de los Cielos; ocho veces, después de la oración del Santo Rosario, es implorada en las Letanías lauretanas como Reina de los Ángeles, de los Patriarcas, de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes, de Todos los Santos y de las Familias. El ritmo de estas antiguas invocaciones, y las oraciones cotidianas como la Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen Santísima, como Madre nuestra al lado de su Hijo Jesús en la gloria del Cielo, está siempre con nosotros en el desarrollo cotidiano de nuestra vida. El título de Reina es, por lo tanto, un título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que la que tiene en parte el destino del mundo en su mano es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.

Queridos amigos, la devoción a la Virgen es un componente importante de la vida espiritual. En nuestra oración no dejemos de dirigirnos a Ella con confianza. María intercederá seguramente por nosotros ante su Hijo. Mirándola a Ella, imitemos su fe, su disponibilidad plena al proyecto de amor de Dios, su acogida generosa de Jesús. Aprendamos a vivir como María. María es la Reina del Cielo cercana a Dios, pero también es la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz.

(Fragmentos de la Audiencia General en Castelgandolfo, 22/8/2012)

 

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