Versión 0.8 Beta. Ingresar | Registrese

Ingresar

 
E-mail :
Contraseña :
Aun no se ha registrado?
Click aquí
Presentacion del Libro de Monseñor João Clá Dias

Presentación en el vaticano de la obra más reciente de Mons. João

Nadie da lo que no tiene. Por eso, la primera impresión que se tiene al leer “Lo inédito sobre los Evangelios” es que su autor expresa lo que lleva en su interior.


El pasado 28 de noviembre fueron presentados en el Vaticano los dos primeros volúmenes de la obra de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, fundador Comentario al Evangelio - Portaday superior general de la asociación de derecho pontificio Heraldos del Evangelio, Lo inédito sobre los Evangelios, publicada en cuatro idiomas por la Librería Editrice Vaticana.

Ambiente cordial y solemne

En un ambiente muy ameno y cordial —que llevó a los conferencistas a dejar de lado en varias ocasiones el texto que habían preparado, para hablar ex abundantia cordis — el solemne acto tuvo lugar en al Auditorio San Pío X, en la Vía della Conciliazione, el mismo sitio donde había sido presentado, la semana anterior, el tercer volumen de la obra del Papa Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret, titulado La infancia de Jesús.

Tres cardenales, cinco arzobispos y obispos, y los embajadores ante la Santa Sede de Paraguay, El Salvador y Eslovenia participaron en la sesión. Entre los purpurados, cabe destacar al cardenal Franc Rodé, CM, prefecto emérito de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y Arzobispo emérito de Lubiana, Eslovenia, que hizo el prólogo de la obra y participó en el acto como conferencista. También honraron con su presencia los cardenales Salvatore de Giorgi, Arzobispo emérito de Palermo, y Santos Abril y Martorell, Arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor, así como Mons. Jean-Louis Bruguès, OP, Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana; Mons. Juan Ignacio Arrieta, Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos; Mons. François Robert Bacqué, Nuncio Apostólico emérito en Holanda; Mons. José Daniel Falla, Obispo auxiliar de Bogotá y Secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana, y Mons. Giovanni D'Ercole, Obispo auxiliar de Áquila.

Dividida en siete volúmenes, la obra comenta los Evangelios de los domingos de todo el Año Litúrgico, de un modo al mismo tiempo inédito y consonante con los más consagrados comentaristas de la Sagrada Escritura. En esta ocasión fueron presentados los volúmenes V y VI, referentes al Ciclo C, que se contempla en el presente año litúrgico. Esta edición tiene una tirada de 30.000 ejemplares de cada volumen, en cuatro idiomas.

La fuerza y la alegría de la verdad

Tras una breve introducción realizada por el P. José Francisco Hernández Medina, EP, tomó la palabra el cardenal Rodé, que resaltó el hecho de que, en el pasado, los fundadores de las órdenes religiosas procedían de Europa, pero que ahora —“grande y hermosa novedad”— vienen de otros continentes como América Latina. Es el caso de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, cuyo carisma “va penetrando en espacios siempre nuevos, y convirtiéndose en una realidad fuerte en la Iglesia”.

Sacerdotes
Entre el distinguido público se encontraban Mons. Juan Ignacio Arrieta, los cardenales Salvatore De Giorgi y Santos Abril y Martorell (segundo, tercero y cuarto por la izquierda), además de Mons. François Robert Bacqué y Mons. José Daniel Falla (segundo y primero por la derecha)

En relación con los dos volúmenes de Lo inédito sobre los Evangelios que estaban siendo presentados, el cardenal afirmó que eran “de una gran riqueza teológica, de una doctrina católica segura, equilibrada, que no se limita a lo que podríamos llamar de doctrina tradicional, sino que llega hasta el Concilio Vaticano II, siempre presente en el pensamiento de Mons. Scognamiglio”.

Para mostrar la gran variedad de autores consultados, el cardenal hizo un elenco de las obras citadas por monseñor João en el comentario al Evangelio del primer domingo de Adviento, entre las que se encuentran autores consagrados como diversos Padres de la Iglesia —San Gregorio, San Agustín, Orígenes—, o San Bernardo y Santo Tomás de Aquino, pero también obras más recientes o de consulta poco frecuente, como los comentarios al Evangelio del Obispo de Dijon, Mons. Maurice Landrieux, o los publicados en Hong Kong por el P. Julien Thirier, de las Misiones Extranjeras de París.

No obstante, se preguntaba el cardenal Rodé, ¿cuál es el punto que más sobresale en esta obra? “Una gran certeza”. Una gran certeza de que la verdad es fuerte en sí misma, como afirma Santo Tomás de Aquino: “Veritas in seipsa fortis est, et nulla impugnatione convellitur ”.1 Mons. Scognamiglio cree en la fuerza de la verdad, y presenta este pensamiento de una forma muy acertada, indicando, al mismo tiempo, la alegría de la verdad — gaudium de veritate —, sobre la que habla Paul Claudel y el mismo San Agustín.

Cardenal Franc Rodé

“Son dos volúmenes de una gran riqueza
teológica, de una doctrina católica segura,
equilibrada, que no se limita a lo que podríamos
llamar de doctrina tradicional”

Cardenal Franc Rodé

El purpurado esloveno subrayó finalmente la perspectiva siempre optimista de los comentarios de monseñor João, que con frecuencia hacen referencia a la promesa de Nuestra Señora de Fátima: “Mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Una basílica gótica en plena selva tropical

Dando continuidad al acto, intervino Mons. Jean-Louis Bruguès, que comenzó recordando su reciente viaje a Brasil, cuando tuvo la oportunidad de conocer personalmente al autor.

Mons. Bruguès se mostró particularmente impresionado con la inmensidad de la ciudad de São Paulo, “donde el helicóptero se convirtió en el medio más cómodo para desplazarse de un extremo a otro”. En contraste con la ruidosa megalópolis, surge en medio de la exuberancia tropical de la selva un complejo de edificios que tiene algo de monasterio, de fortaleza y de academia militar. Es el Thabor, la Casa Generalicia y el seminario de los Heraldos, conjunto localizado en la Sierra de la Cantareira, a 40 kilómetros del centro de São Paulo.

“Cuando entramos en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, en el Thabor, una especie de sentimiento nostálgico invade nuestro espíritu. Las imágenes, el perfume del incienso, las paredes revestidas con colores vivos, los dibujos geométricos, las piedras preciosas incrustadas en los objetos litúrgicos, los vitrales que filtran una intensa luz a través de las fisonomías de los santos y santas: ¿no es esto una reminiscencia de la Sainte Chapelle de París? La Liturgia, en la cual la música magistralmente ejecutada parece rivalizar con el profundo recogimiento de centenas de alumnos, es celebrada son solemnidad. ¿Hemos vuelto a la Edad Media? ¿Se trata de una especie de nuevo milagro de Loreto, por el que una abadía entera de repente ha sido trasladada del Viejo Continente al corazón del Nuevo Mundo, al otro lado del océano?”.

La intención del fundador

Mons. Bruguès imagina que “muchos visitantes de la Casa Generalicia de la asociación de derecho pon tificio Heraldos del Evangelio viven como un sueño al llegar a ese lugar encantador”, y se pregunta: “¿qué es lo que realmente ha querido hacer el fundador, Mons. João Scognamiglio Clá Dias?”.

Mons. Bruguès intenta darle una interpretación: “Lo que contemplamos en ese lugar propiamente extraordinario trata de sumergirnos en pleno siglo XIII. Es una opinión muy extendida que ese siglo representó el apogeo de la cristiandad. Los años siguientes la fueron destruyendo en sucesivas olas de división y de oposición: la Reforma Protestante, la Revolución Francesa, las revoluciones liberales de los últimos dos siglos y, ciertamente, más que cualquier otra cosa, la secularización de la sociedad occidental que hoy tiende a expandirse por todo el planeta. Nuestro amadísimo Papa Benedicto XVI denuncia incansablemente lo que podríamos llamar, con sus palabras, ‘dictadura del relativismo'.

“¿Cómo librarnos de eso? Me parece que el fundador de los Heraldos del Evangelio se propone volver al punto de partida, a ese momento de plenitud de la cristiandad, para inferir de él una nueva orientación, más conforme al Evangelio y a la tradición cristiana. ¿No sería el caso, o mejor dicho, no sería necesario volver a la luminosa serenidad de la Sainte Chapelle para impregnarnos y desprendernos de las distintas evoluciones que hemos experimentado hasta hoy? En otras palabras, el ideal de caballería, tan típico del siglo XIII, que la arquitectura del lugar manifiesta, así como el uniforme de los alumnos y el hábito de los miembros de esa familia religiosa, caracterizada por la gran cruz de Santiago, ¿no habría inspirado, en este comienzo de milenio, una pedagogía para los adolescentes, chicos y chicas, una teología renovada para los religiosos y seminaristas, una presencia nueva entre los más pobres, especialmente entre los enfermos, necesitados de esperanza y de calor humano?

“Ése es, en mi humilde opinión, el sueño de Mons. João Scognamiglio Clá Dias. La palabra ‘sueño' es, en realidad, inadecuada, porque el fundador también es un hombre práctico, un emprendedor realista. Su proyecto es clarividente. Por eso, ha procurado darle una visibilidad arquitectónica —como deben recordar, a menudo, las piedras se expresan mejor que los discursos. Además, ha concebido una pedagogía adecuada a los jóvenes de hoy: de hecho, he encontrado chicos y chicas —educados por separado—, que se dedican tanto al estudio como al deporte, felices de compartir un ideal común que los lleva a dar lo mejor de sí mismos. Cuando esos mismos jóvenes se presentan en la universidad, los profesores —al principio desconcertados por su atuendo que parece de otra época— pueden percibir fácilmente que recibieron en su casa de origen una formación completa, sólida, fiel a la Tradición y al Magisterio, en verdadero espíritu de libertad personal; lo que muchos me han confirmado en diversas ocasiones”.

Mons Jean-Louis Bruguès

“Me parece que el fundador de los
Heraldos del Evangelio se propone volver al
punto de partida, a ese momento de plenitud
de la cristiandad, para inferir de él una
nueva orientación”
Mons Jean-Louis Bruguès, OP

Compendio de homilías tomistas para el hombre de hoy

Mons. Bruguès analiza la obra desde una doble perspectiva pedagógica y tomista —no olvidemos que el expositor es dominico y que fue, durante cinco años, secretario de la Congregación para la Educación Católica.

“Además de eso, el fundador instituyó el seminario Santo Tomás de Aquino, después el Instituto Filosófico Aristotélico-Tomista y, por último, el Instituto Teológico Santo Tomás de Aquino. Pero era necesario superar un obstáculo más y asegurar lo que definiré como ‘formación continua', de constitución más sencilla, destinada a muchos, empezando por los jóvenes. A este objetivo corresponden las homilías de Mons. João Scognamiglio Clá Dias”.

El arzobispo dominico destaca cuatro puntos en la obra de monseñor João:

1. El particular énfasis dado al misterio de la Encarnación, con un constante retorno a las tradiciones latinas, no obstante, dotándolas de una fuerte densidad emocional y espiritual.

2. La invitación a realizar gestos concretos. “La homilía, recordando con palabras apropiadas los vértices de los misterios cristianos, siempre busca proponer gestos concretos a los que escuchan. He sido profesor de teología moral y por eso tengo la costumbre, tan típica entre los moralistas, de descubrir cómo se infiltra el pecado en lo más recóndito del corazón humano, y cómo el trabajo de la gracia necesita ir acompañado de un compromiso moral personal con vistas a la corrección de esas flaquezas de la naturaleza humana”.

3. Magnífica conjugación entre composición de lugar y profundidad teológica. “En cada una de sus homilías, el predicador revela dos preocupaciones, que no siempre aparecen juntas. Por un lado, describe de modo imaginario la escena evangélica en la cual se sitúa el episodio considerado. Los personajes están bien trazados y también el clima, el ambiente, el entorno geográfico; los sentimientos que animan a cada uno de los actores están bien expresados. En este sentido, compone una especie de pequeña obra de teatro —me refiero en particular al sermón titulado El fariseo y la pecadora (XI Domingo del Tiempo Ordinario)— y los muestra actuando. Por otra parte, confiere profundidad teológica a la escena, investigando en los Padres de la Iglesia”.

4. Mons. Bruguès explica, por último, que al utilizar la expresión “Padres de la Iglesia” incluye también a Santo Tomás, “cuyo pensamiento, de un modo u otro, sustenta toda la predicación” de monseñor João. “Retomamos así la interpretación que me aventuré a dar al comienzo de mi intervención: el Aquinate fue la figura teológica más grande del siglo XIII, que es un siglo de referencia; el predicador, al darle la palabra con frecuencia, pronostica que el Doctor Común de la Iglesia es capaz de iluminar el espíritu del hombre de hoy, incluso si su cultura religiosa posee lagunas. También me gustaría decir que en esta recopilación encontramos una especie de compendio de homilías tomistas para los hombres de hoy”.

Y el arzobispo francés concluye: “En el fondo, y esta es mi conclusión, tanto estas homilías como las solemnes liturgias antes mencionadas se dirigen a un único e idéntico objetivo: hacer el Cielo más sensible. ¿Y quién mejor que la Virgen María, invocada bajo diversos títulos —entre ellos el más frecuente es el de la Virgen de Fátima— puede indicarnos esta eternidad tan próxima? A Ella se consagran, como caballeros servidores, los hermanos y las hermanas de los Heraldos”.

Fortísima unidad en torno a la vía espiritual del fundador

A continuación Mons. Giuseppe Scotti, presidente de la Funda ción Joseph Ratzinger – Benedicto XVI y de la Librería Editrice Vaticana (en adelante LEV), tomó la palabra afirmando que, aunque su relación con los Heraldos es mucho más reciente que la del cardenal Rodé o Mons. Bruguès, se siente profundamente impresionado por todo lo que ha conocido de la institución.

Mons. Giuseppe A. Scotti

“Basta hojear ‘Lo inédito sobre los
Evangelios’ para darse cuenta de que se
trata de algo diferente”
Mons. Giuseppe A. Scotti

Tras recordar que el arte gótico murió en Santo Domingo, en la República Dominicana, cuya catedral es la única construida en ese estilo en América, se mostró sorprendido por la “explosión de gótico” que encontró en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, durante su reciente viaje a Brasil. Y afirmó que había una relación entre ese templo, el conjunto de casas de los Heraldos y la obra que estaba siendo presentada. Esas casas son góticas sólo en la apariencia, porque en realidad se trata de un estilo absolutamente nuevo, que podríamos definir metafóricamente como “un intento de hacer irrumpir el misterio, y hacerlo irrumpir en los días de hoy”.

Y con los dos volúmenes de Lo inédito sobre los Evangelios ocurre algo semejante: basta hojearlos para darse cuenta de que se trata de algo diferente de los libros de comentarios a los que estamos acostumbrados. En la obra de monseñor João, las imágenes utilizadas para ilustrar el texto tienen la finalidad de transmitir algo de ese misterio. En los textos, en los edificios, en el hábito de los Heraldos se descubre una unidad fortísima, que es el camino de la vía espiritual del fundador en torno a las imágenes que representan realidades y que ayudan a interpretar el misterio.

Mons. Scotti agruye que la evolución arquitectónica en la historia de los Heraldos del Evangelio es una materialización de la vía espiritual propuesta por monseñor João: la Casa Madre de los Heraldos del Evangelio, llamada São Bento, que se encuentra en la ciudad de São Paulo, es un edificio sencillo, románico, muy bonito, que marca el origen de algo que viene desarrollándose cuidadosa y meticulosamente hasta llegar al Thabor.

“No es gótico, sino una mirada hacia el futuro”

Como prueba de eso, Mons. Scotti comentó su asombro al saber que monseñor João había pedido que retirasen de la basílica un fresco elaborado a lo largo de meses. Al preguntar el por qué, recibió una respuesta que lo desmontó: “Porque no expresaba el misterio. No decía lo que debía decir”. Ése es el cuidado que el fundador demuestra en consolidar su sueño. Los mármoles, los colores, los frescos, la diversidad no son un adorno, sino parte del mensaje: “No es gótico, no es un regreso al pasado, sino una mirada hacia el futuro”.

Al tener en sus manos los dos volúmenes, concluye Mons. Scotti, se experimenta lo mismo que en un encuentro personal con monseñor João: “Se puede decir que el fundador es un hombre de una dulzura infinita. Los colores, los mármoles, la búsqueda de todo lo que es bello se insertan en una fuerza como heroica, que se muestra en el hábito y en la postura militar, que recuerda cómo la vida del cristiano es una batalla (cf. Jn 7, 1)”.

“Ese hábito parece decir: ‘Estás entrando en un bosque que debes hacer florecer de una forma totalmente original y nueva'. Y entonces nace, en esa selva, algo verdaderamente inédito. No es una repetición del gótico europeo. Brasil está dando un fruto que tan sólo acabamos de empezar a descifrar, y ese compromiso de la LEV en acompañar los dos volúmenes que hoy presentamos desea decir: nos ayudan a descifrar algo nuevo”.

P. Edmond Caruana OCarm

“Vemos aquí dos volúmenes de precioso
contenido que la LEV se siente muy
honrada de presentar”
P. Edmond Caruana OCarm

“Textos que entran en el día a día del creyente”

Por último, intervino el sacerdote carmelita Edmondo Caruana, ca po ufficio de la LEV, en representación de su director, Mons. Giuseppe Costa, que no pudo estar presente a causa de un compromiso impostergable. “Vemos aquí —decía— dos volúmenes de precioso contenido que la LEV se siente muy honrada de presentar”. Se dispuso a analizarlo como censor y responsable editorial, a quien le toca ponerse en la situación del lector.

Bajo esa perspectiva “veo que el contenido es bello”, afirmó. La LEV y el P. Caruana, personalmente, analizaron con gran respeto la obra no sólo en razón de su contenido —el Evangelio es la Palabra de Dios viva— sino también por su autor, pues Nemo dat quod non habet (nadie da lo que no tiene). Y añadía, “la primera cosa que vi en esos volúmenes es que, de hecho, quien los preparó y escribió expresó lo que lleva dentro de sí”.

La obra invita a todos, clérigos y laicos, a una peregrinación continua a lo largo del Año Litúrgico, durante el cual acompaña e incentiva al lector a un crecimiento espiritual. Pero más que homilías, se podría hablar de textos que entran en el día a día del creyente, que es un seguidor de Cristo. Como bien afirma el cardenal Rodé en el prólogo, la obra es una solución para los problemas espirituales del hombre del siglo XXI, al proponerle la santidad. Estos libros sirven para que el hombre de hoy descubra la fe, en medio de las dificultades de la vida, con la particular característica de que el autor es siempre fiel a la enseñanza del Magisterio dentro del universo teológico que abarca.

En Lo inédito sobre los Evangelios, la Santísima Virgen es presentada como modelo de nuestra fe, hasta el punto de que podríamos comparar la obra como un constante llamamiento de María, diciéndonos: “Haced todo lo que Él os diga” (Jn 2, 5). En efecto, los dos volúmenes escritos por el fundador de los Heraldos no hacen sino señalar: “Haced todo lo que el Evangelio os diga”.

La respuesta a este llamamiento puede ser vista personificada en el hábito de los Heraldos, que no es un símbolo, sino un signo. El signo, explicó el P. Caruana, pertenece a la naturaleza del objeto. “Cuando vemos humo, por ejemplo, significa que hay fuego. Un símbolo puede ser modificado por la cultura, sin embargo vuestra indumentaria no. Es un signo; un signo de vuestra consagración para seguir a Jesús”.

(Revista Heraldos del Evangelio, Enero/2013, n. 133, pag. 18 a 23)

» Volver

Vista aérea del Thabor, con la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en primer plano

Copyrigth Heraldos del Evangelio - Todos los derechos Reservados.