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Entrevistas

Procurar la unidad en la diversidad

Publicado 2009/05/31
Autor : P. Alex Barbosa de Brito, EP

La Iglesia contempla la diversidad de los carismas y sabe valorar todo lo que de belleza y de riqueza hay en cada uno de ellos, intentando que todos caminen juntos en el empeño de evangelizar, de conducir hacia la santidad —señala el Arzobispo de Río

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“Primero fue el sentire cum Ecclesia, que es muy propio a San Bernardo. ‘Sentir con la Iglesia’. Este ‘sentir con la Iglesia’ me fue preparando a ser solícito para con la Iglesia entera”

¿Cómo surgió la vocación religiosa en su Excelencia?

Mi vocación monástica y sacerdotal nació durante una Misa de Navidad en la parroquia donde fui monaguillo desde los 7 a los 14 años, y más tarde catequista. Al empezar el primer año de la enseñanza media, decidí que entraría en el monasterio cisterciense, pero sólo lo hice cuando acabé la enseñanza media.

Y ¿con cuántos años entró en el monasterio?

Con diecisiete años y medio comencé el noviciado. Un año de noviciado, después tres años de profesión simple y, por fin, la profesión solemne. Recibí la ordenación presbiteral en 1974, sin embargo antes de ser ordenado aún, cuando estaba estudiando en São Paulo el 3º y 4º curso de Teología, ya solía ir con frecuencia a mi ciudad natal, San José del Río Pardo, para trabajar con las vocaciones y participar en las celebraciones. Todo mi tiempo de sacerdote lo pasé en esta ciudad.

¿Cuál fue la contribución del carisma cisterciense y cómo éste le preparó para el ejercicio del Episcopado?

Mientras usted está trabajando, no está pensando en lo que va a hacer después, ni se imagina lo que Dios le ha preparado o hacia dónde Él lo va a conducir. Me sentía muy feliz siendo tan sólo un monje. He aquí que fui llamado a ser vice-prior, luego prior y más tarde abad. Realmente, la vida monástica me ha ayudado mucho en aquello que después he acabado siendo.

Primero fue el sentire cum Ecclesia, que es muy propio a San Bernardo.

“Sentir con la Iglesia” es tomar como propias las preocupaciones de la Iglesia. Y en eso, nuestro monasterio se ha caracterizado mucho. Cada monasterio es diferente, conforme al lugar donde se encuentre, y hay una gran diversidad en la acción que cada uno ejerce: unos son más de vida contemplativa, con trabajos en el campo, algunos más de escuelas, otros más de parroquias. La tradición italiana de nuestro monasterio es parroquial.

Este “sentir con la Iglesia”, que conlleva a preocuparse por el pueblo, a sentir con la diócesis, y de ahí para delante, me fui preparando a ser solícito para con la Iglesia entera. Cuando era párroco participé en el Consejo de Presbíteros de la diócesis de San Juan de Boa Vista. De modo que no salí del monasterio sin que conociese lo que era una diócesis. Además de esto, la preocupación con la propia ciudad, con la unión de las parroquias, con el trabajo en la zona rural y en la urbana, con los hospitales, con las comunidades religiosas —todo de acuerdo con el lema benedictino: Ora et labora, es decir, junto con la oración, el trabajo. Creo que éste fue el punto que más me marcó.

Después, la vida monástica proporciona una espiritualidad litúrgica; enseña a tener la espiritualidad de la Iglesia.

No se trata de tal o cual devoción, sino del Oficio Divino bien celebrado, bien cantado. Por lo tanto, el hecho de tener una experiencia litúrgica y bíblica —porque forma parte de la tradición monástica que haya todas las mañanas un tiempo para la lectio divina—, todo eso, tanto a respecto de la Iglesia como de la Palabra de Dios, me ha ido dando ese “sentir con la Iglesia” que es esencial para la vida monástica.

El lema “ Ut omnes unum sint” (“Que todos sean uno”) parece que sintetiza el plan pastoral de su Excelencia. ¿Cómo pretende desarrollarlo en la Arquidiócesis de Río de Janeiro?

Este lema se identifica con mi ordenación presbiteral y mi experiencia parroquial. Pero cuando asumí el cargo de abad, escogí otro, que está en la regla de San Benito: Es más útil servir.

No obstante, éste duró poco, porque cuando recibí el nombramiento episcopal volví al lema anterior.

Por lo tanto, “Ut omnes unum sint” ¿fue también el lema del presbiterado?

Exactamente. Es un recuerdo de mi ordenación y de mi trabajo de sacerdote. Me dí cuenta que en la parroquia existía toda clase de pastorales, de movimientos, de grupos y de situaciones.

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“La comunicación es muy importante hoy. No soluciona el problema de la evangelización en cuanto tal, pero es un medio de ir bastante más lejos
de lo que sería posible llegar con la sola
acción de presencia”

Y se trataba de demostrar que dentro de esa diversidad todo el mundo tiene sus valores y nadie es más o menos que otro, sino que cada cual intenta vivir bien en el lugar donde está.

Entonces, como ya tenía experiencia tanto en los encuentros inter-monásticos como en las actividades parroquiales, retomé el lema Que todos sean uno al ser llamado al Episcopado.

La Iglesia contempla la diversidad de los carismas existentes y sabe valorar todo lo que de belleza y de riqueza hay en cada uno de ellos, e intentando que todos caminen juntos, en la misma unidad, en el empeño de evangelizar, de buscar al Señor, de conducir hacia la santidad, para que toda la gente sea mejor.

Tanto en mi vida de párroco y de abad, como en la de Obispo de Río Preto y Arzobispo de Belém, he visto como es realmente importante ese poder valorar, y no decir que la Iglesia es sólo esto o sólo aquello, pues en ella hay una diversidad muy grande de carismas aprobados, y todos deben caminar en la unidad.

Esto también es un signo para el mundo de hoy. Cuando se quiere el bien, se posee apertura para el diálogo con los otros cristianos, con las otras religiones, con la sociedad, con la cultura de hoy y así con todo. Sin perder la identidad con aquello que somos, debemos saber dialogar de alguna manera, pues siempre tenemos muchas cosas en común para tratar de ayudar y no para buscar pelea.

¿Cuál es el plan pastoral para la Arquidiócesis de Río de Janeiro?

Vamos a empezar ahora el trabajo del plan pastoral, ya tenemos una orientación para ello. El plan pastoral es importante porque, en cierto modo, encamina los trabajos hacia donde se quiere llegar. Sabemos que la Iglesia tiene su plan pastoral en cuanto Iglesia; se trata de ver qué es lo que de él se puede aplicar en Río de Janeiro. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la Iglesia no puede perder su identidad con aquello que es la verdad, aquello a lo que es llamada a ser: signo de Jesucristo hoy para la sociedad. No puede perder su característica y su belleza. Por otra parte, es necesario que veamos también qué es lo que de positivo hay en Río, para ayudar y fortalecer.

Las expectativas son grandes…

A juzgar por las preguntas de los periodistas, parece que he llegado allí como si fuera un mago que saca de la chistera la solución. La llegada del nuevo Arzobispo sería el conejo mágico de la paz, del fin de la violencia en Río de Janeiro…

La verdad que esto no es magia. Es preciso un cambio de mentalidad, cambio de vida. Habiendo llegado el mundo al grado de egoísmo al que ha llegado, a la ambición, al individualismo y a tantas cosas más, está claro que todo eso conduce a la situación en la que nos encontramos. Y no es tan sencillo ni fácil decir que, para poder cambiar este mundo, se debería vivir con más sobriedad, respetar más la vida del otro… Es, por lo tanto, una mudanza de mentalidad lo que la Iglesia propone. Ella no tiene condiciones de imponer nada, pero propone y da señales de que es posible ser diferente.

Una de las múltiples características de actuación apostólica de su Excelencia es la comunicación. ¿Cómo pretende utilizarla en Río de Janeiro?

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“En Río de Janeiro todos son muy bienvenidos. Cuento con la ayuda de todos los carismas, también el de ustedes, para poder evangelizar
esta gran ciudad”

En Belém tenía más facilidad: disponía de radio, televisión, periódico y portal de la Arquidiócesis. Aunque la Arquidiócesis no tenía emisora de TV, podíamos utilizar una que daba cobertura a todo el Estado de Amazonas.

Además de tres programas semanales, contábamos con ella en cualquier otra ocasión. En términos de comunicación había en Belém una facilidad muy grande. Esto nos ayudó a crear empatía con el pueblo, a mostrar la posición de la Iglesia en relación a aquellas embestidas difíciles que hay en la Región Norte, como la cuestión de la tierra, de la violencia, de la moral.

En Río tenemos radio, pero no posee un poder de comunicación igual al de la TV. Claro que puedo contar con las emisoras católicas, mas preciso llevar en consideración que ellas tienen por objetivo el público de Brasil entero, no solamente el de Río de Janeiro. Aunque pueda abordar en ellas los problemas específicos de Río, debo tener en cuenta que su preocupación es más amplia. De manera que, en lo relacionado a la televisión, me queda por resolver el problema de cómo dirigirme a la población de Río de Janeiro. Pero tenemos aquí la emisora de radio, el periódico y el portal de la Arquidiócesis. Ya es un camino andado.

La comunicación es muy importante hoy. No soluciona el problema de la evangelización en cuanto tal — pues ésta deber ser personalizada, personal y presencial—, pero es un medio de ir bastante más lejos de lo que sería posible llegar con la sola acción de presencia.

¿Pretende su Excelencia usar la diversidad de carismas, en la evangelización personal y presencial a la que acaba de referirse? ¿De qué manera?

¡Claro que sí! Todas las personas tienen sus dones y, en la diversidad, a algunos les gusta una manera de ser, a otros les gusta de otra forma. Pienso que todos tienen realmente su puesto dentro de la Iglesia. Por eso tenemos que evangelizar a todo el mundo, a todas las personas, con su llamado, con sus carismas, sus dones.

En este punto, le toca al obispo una misión muy importante: la de estar presente, procurando limar asperezas, porque a veces surgen dificultades entre unos y otros. En casos como éstos, el obispo debe mostrar que todas son importantes para la Iglesia. Tenemos hoy una enorme diversidad, y el gran secreto —por eso me gusta el lema que todos sean uno— es el de caminar en la unidad, donde cada uno se sienta amado por la Iglesia e importante para la Iglesia. Algunos pueden estar más preocupados con cuestiones sociales, y otros demostrar más empeño en la espiritualidad y en la evangelización. Todos, no obstante, son importantes.

La venida del Papa a Brasil, para la reunión del CELAM, dio como fruto el documento de Aparecida. En él hay casi un nueva visión eclesiológica, o por lo menos una llamada de atención hacia una Iglesia misionera. ¿Qué nos dice su Excelencia al respecto?

El estilo de Aparecida es diferente a los demás encuentros del CELAM.

Es más prospectivo: mirar hacia el futuro. Es la constatación de un cambio de época, y de que ése es un cambio cultural. Sentimos eso, hay hoy una mudanza cultural, en la que se quiere dejar de lado los valores del Evangelio, Jesucristo.

Y Aparecida entró bien: esa mudanza supone un nuevo posicionamiento de la Iglesia. Por eso, el documento de Aparecida elabora el concepto de “discípulo-misionero”. Junta “discípulo” y “misionero” en una sola palabra, resaltando que es imposible que el discípulo de Jesús no sea misionero, y no es posible ser misionero sin ser también discípulo. Ella convoca a toda América Latina y al Caribe a una misión continental. En realidad, esa misión no es más que cada uno viva su Bautismo hoy, en su país, en su diócesis. Y la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil respondió con el proyecto Brasil en la misión continental. Y cada diócesis responde con aquello que puede hacer para que cada uno de sus cristianos católicos sea seguidor de Cristo, discípulo de Jesús, y al mismo tiempo y como consecuencia, sea también misionero.

Creo que Aparecida, en este momento de mudanza cultural, de mudanza de época, nos convida a retomar con entusiasmo renovado esta acción misionera como consecuencia del discipulado.

Excelencia, nos gustaría agradecerle la gentileza de habernos atendido y recordarle que los Heraldos del Evangelio están siempre a disposición de la Arquidiócesis.

Yo también agradezco la oportunidad de dirigirme a los lectores de la “Revista de los Heraldos” y aprovecho para decirle que en Río de Janeiro todos son muy bienvenidos. Cuento con la ayuda de todos los carismas, también el de ustedes, para poderevangelizar esta gran ciudad. ²

Biografía

1.jpgNació en 1950 en San José del Río Pardo (Brasil).

Mons. Orani João Tempesta ingresó a los diecisiete años en el monasterio cisterciense de esa ciudad y se ordenó sacerdote en 1974. Se destacó como vice-prior, luego prior y más tarde abad de ese mismo monasterio. Convocado a la función de párroco se convirtió en un monje evangelizador.

Fue Obispo de la diócesis paulista de San José del Río Preto (1997-2004) y Arzobispo de Belém do Pará (2004-2009).

Además de presidente de la Comisión Episcopal Pastoral para la Educación, Cultura y Comunicación, es miembro de tres consejos de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil: Permanente, Económico y Episcopal de Pastoral.

 

 

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