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Mensaje de Fátima

El Mensaje de Fátima - Congregación para la Doctrina de la Fe

Publicado 2009/09/02
Autor : Redacción

En el paso del segundo al tercer milenio, el Papa Juan Pablo II decidió tornar público el texto de la tercera parte del « secreto de Fátima ».

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El texto abajo fue extraído de la página web del Vaticano (traducción para lengua portuguesa) y contiene la totalidad del documento divulgado por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en el cual es revelado y comentado el tercer secreto de Fátima.

Después de los acontecimientos dramáticos y crueles del siglo XX, uno de los más tormentosos de la historia del hombre, con el punto culminante en el cruento atentado al «dulce Cristo en la tierra», se abre así el velo sobre una realidad que hace historia y la interpreta en su profundidad según una dimensión espiritual, la que es reflejo de la mentalidad actual, frecuentemente contaminada de racionalismo.

La historia está enriquecida con apariciones y señales sobrenaturales, que influencian el desarrollo de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no-creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben converger para el objetivo central del mensaje de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para que se abandonen a Él con devoción filial. Tal es el mensaje de Fátima, con su vehemente apelo a la conversión y a la penitencia, que lleva realmente al corazón del Evangelio.

Fátima es, sin duda, la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del « secreto », que son publicadas enseguida para que la documentación esté completa, dicen al respecto antes que nada de la pavorosa visión del infierno, la devoción al Inmaculado Corazón de María, a la segunda guerra mundial, y después al presagio de los daños inmensos que Rusia, con su defección de fe cristiana y adhesión al totalitarismo comunista, habría de causar a la humanidad.

En 1917, nadie podría haber imaginado todo esto: los tres pastorcitos de Fátima ven, escuchan, memorizan, y Lucia, testimonio sobreviviente, cuando recibe la orden del Obispo de Leiria y la autorización de Nuestra Señora, escribe el mensaje.

Para la exposición de las dos primeras partes del « secreto », ya publicadas y conocidas, fue escogido el texto escrito por la Hermana Lucia en la tercera memoria, del 31 de Agosto de 1941; en la cuarta memoria, del 8 de Diciembre de 1941, ella agregará alguna observación.
La tercera parte del « secreto » fue escrita « por orden de Su Excelencia. Reverendísima. el Señor Obispo de Leiria y de la (...) Santísima Madre », el día 3 de Enero de 1944.

Existe apenas un manuscrito, que es reproducido aquí fotostáticamente. El sobre sellado fue guardado primeramente por el Obispo de Leiria. Para proteger mejor el « secreto », el día 4 de Abril de 1957 el sobre fue entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. De esto, fue avisada la Hermana Lucia por el Obispo de Leiria.
Según apuntes del Archivo, el día 17 de Agosto de 1959 y de acuerdo con Su Eminencia el Cardenal Alfredo Ottaviani, el Comisario del Santo Oficio, Padre Pierre Paul Philippe OP, llevó a Juan XXIII el sobre con la tercera parte del « secreto de Fátima ». Su Santidad, « después de alguna meditación », dijo: « Aguardemos. Rezaré. Le haré saber lo que decidí ».
Su decisión fue enviarlo de nuevo al Archivo Secreto del Vaticano.

Pablo VI leyó el contenido con el Sustituto de la Secretaría de Estado, Su Excia Revdma D. Ângelo Dell'Acqua, el 27 de Marzo de 1965, y mandó nuevamente el sobre para el Archivo del Santo Oficio, con la decisión de no publicar el texto.
Juan Pablo II, pidió el sobre con la tercera parte del « secreto », después del atentado del 13 de Mayo de 1981. Su Eminencia el Cardenal Franjo Seper, Intendente de la Congregación, el 18 de Julio de 1981 entregó a Su Excia Rvdma D. Eduardo Martínez Somalo, Sustituto de la Secretaría de Estado, dos sobres: uno blanco, con el texto original de la Hermana Lucia en lengua portuguesa; otro anaranjado, con la traducción del « secreto » en lengua italiana. El día 11 de Agosto siguiente, el Señor D. Martínez Somalo devolvió los dos sobres al Archivo del Santo Oficio.

Como es sabido, el Papa Juan Pablo II pensó inmediatamente en la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María y compuso él mismo una oración para el designado « Acto de Entrega », que sería celebrado en la Basílica de Santa María Mayor el 7 de Junio de 1981, solemnidad de Pentecostés, día escogido para conmemorar los 1600 años del primer Concilio Constantinopolitano y los 1550 años del Concilio de Éfeso. El Papa, forzadamente ausente, envió un radiomensaje con su discurso. Transcribimos la parte del texto, donde se refiere exactamente al acto de entrega:
« Oh Madre de los hombres y de los pueblos, Vos conocéis todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Vos sentís maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, que abaten al mundo, acoged nuestro clamor, dirigido en el Espíritu Santo directamente a vuestro Corazón, y abrazad con amor de Madre y de Sierva del Señor a aquellos que más esperan por este abrazo y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega también Vos esperáis de manera particular. Tomad bajo vuestra protección materna a la familia humana entera, que, con plegaria afectuosa, nos confiamos a Vos, oh Madre. Que se aproxime para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza ».

Pero, para responder más plenamente a los pedidos de Nuestra Señora, el Santo Padre quiso, durante el Año Santo de la Redención, tornar más explícito el acto de entrega del 7 de Junio de 1981, repetido en Fátima el día 13 de Mayo de 1982. Y, el día 25 de Marzo de 1984, cuando se recuerda el fiat pronunciado por María en el momento de la Anunciación, en la Plaza de S. Pedro, en unión espiritual con todos los Obispos del mundo precedentemente « convocados », el Papa entrega al Inmaculado Corazón de María los hombres y los pueblos, con expresiones que recuerdan las palabras ardorosas pronunciadas en 1981:

« Y por eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Vos que conocéis todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Vos que sentís maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, que abaten al mundo contemporáneo, acoged nuestro clamor que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a vuestro Corazón: Abrazad, con amor de Madre y de Sierva del Señor, este nuestro mundo humano, que a Vos confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

De modo especial a Vos entregamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones que de esta entrega y de esta consagración tienen particularmente necesidad.
"A vuestra protección nos acogemos, Santa Madre de Dios"! No desprecies las súplicas que se elevan de nosotros que estamos en la prueba! ».

Después el Papa continúa con la mayor vehemencia y concretización de referencias, casi comentando el Mensaje de Fátima en sus predicciones infelizmente cumplidas:
« Encontrándonos hoy delante Tuyo, Madre de Cristo, delante de vuestro Inmaculado Corazón, deseamos, juntamente con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por nuestro amor, vuestro Hijo hizo de Sí mismo al Padre: "Yo me consagro por ellos - fueron sus palabras - para que ellos sean consagrados también en la verdad" (Jo 17, 19). Queremos unirnos a nuestro Redentor, en esta consagración por el mundo y por los hombres, al cual, en su Corazón divino, tiene el poder de alcanzar el perdón y de conseguir la reparación.

La fuerza de esta consagración permanece por todos los tiempos y abarca a todos los hombres, los pueblos y las naciones; y supera todo el mal, que el espíritu de las tinieblas es capaz de despertar en el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, despertó en nuestros tiempos.
Oh cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración por la humanidad y por el mundo: por nuestro mundo contemporáneo, en unión con el propio Cristo! En realidad, la obra redentora de Cristo debe ser participada al mundo por medio de la Iglesia.

Lo manifiesta el presente Año de la Redención: el Jubileo extraordinario de toda la Iglesia.
En este Año Santo, bendita seáis por encima de todas las criaturas Vos, Sierva del Señor, que obedecisteis de la manera más plena al llamado Divino!

Alabada seáis Vos, que estáis enteramente unida a la consagración redentora de vuestro Hijo!
Madre de la Iglesia! Iluminad al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad! Iluminad de modo especial a los pueblos de los cuales Vos esperáis nuestra consagración y nuestra entrega. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo contemporáneo.
Confiando a Vos, oh Madre, el mundo, todos los hombres y todos los pueblos, nosotros en Vos confiamos también la propia consagración del mundo, depositándola en vuestro Corazón materno.

Oh Inmaculado Corazón! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que se arraiga tan fácilmente en los corazones de los hombres de hoy y que, en sus efectos inconmensurables, pesa ya sobre la vida presente y parece cerrar los caminos del futuro!

Del hambre y de la guerra, libradnos!
De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, y de toda especie de guerra, libradnos!
De los pecados contra la vida del hombre desde sus primeros instantes, libradnos!
Del odio y de la deshonra de la dignidad de los hijos de Dios, libradnos!
De todo género de injusticia en la vida social, nacional e internacional, libradnos!
De la facilidad en calcar a los pies los mandamientos de Dios, libradnos!
De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la propia verdad de Dios, libradnos!
De la pérdida de conciencia del bien y del mal, libradnos!
De los pecados contra el Espíritu Santo, libradnos, libradnos!
Acoged, oh Madre de Cristo, este clamor cargado del sufrimiento de todos los hombres!
Cargado del sufrimiento de sociedades enteras!
Ayúdanos con la fuerza del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el "pecado del mundo", en fin, el pecado en todas sus manifestaciones.
Que se revele una vez más, en la historia del mundo, la fuerza salvadora infinita de la Redención: la fuerza del Amor misericordioso!
Que Él detenga el mal! Que Él transforme las conciencias! Que se manifieste para todos, en vuestro Inmaculado Corazón, la luz de la Esperanza! ».

La Hermana Lucia confirmó personalmente que este acto, solemne y universal, de consagración correspondía a aquello que Nuestra Señora quería: « Si, está hecha tal como Nuestra Señora la pidió, desde el día 25 de Marzo de 1984 » (carta del 8 de Noviembre de 1989). Por eso, cualquier discusión y posterior petición no tiene fundamento.

En la documentación presentada, además de las páginas manuscritas de la Hermana Lucia se leen cuatro textos más:
1) La carta del Santo Padre a la Hermana Lucia, de 19 de Abril del 2000; 2) Una descripción del coloquio que hubo con la Hermana Lucía el día 27 de Abril del 2000; 3) La comunicación leída, por encargo del Santo Padre, por Su Eminencia el Cardenal Ângelo Sodano, Secretario de Estado, en Fátima el día 13 de Mayo de este año; 4) El comentario teológico de Su Eminencia el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Una orientación para la interpretación de la tercera parte del « secreto » había sido ya ofrecida por la Hermana Lucía, en una carta dirigida al Santo Padre el 12 de Mayo de 1982, donde decía:
« La tercera parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: "Si no, [Rusia] esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas" (13-VII-1917).

La tercera parte del secreto es una revelación simbólica, que se refiere a este trecho del Mensaje, condicionada al hecho de que aceptemos o no lo que el Mensaje nos pide: "Si atienden a mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, etc."

Porque no hemos atendido a este pedido del Mensaje, verificamos que ella se ha cumplido, Rusia fue invadiendo el mundo con sus errores. Y si no vemos todavía, como hecho consumado, el final de esta profecía, vemos que para ahí caminamos a pasos amplios. Si no retrocedemos en el camino del pecado, del odio, de la venganza, de la injusticia atropellando los derechos de la persona humana, de la inmoralidad y de la violencia, etc.

Y no digamos que es Dios que así nos castiga; sino, si, que son los hombres que para sí mismos se preparan el castigo. Dios apenas nos advierte y llama al buen camino, respetando la libertad que nos dio; por eso los hombres son responsables».

La decisión tomada por el Santo Padre Juan Pablo II de tornar pública la tercera parte del «secreto» de Fátima encierra un pedazo de historia, marcado por trágicas veleidades humanas de poder y de inequidad, pero permeada por el amor misericordioso de Dios y por la vigilancia cuidadosa de la Madre de Jesús y de la Iglesia.

Acción de Dios, Señor de la historia, y corresponsabilidad del hombre, en el ejercicio dramático y fecundo de su libertad, son los dos pilares sobre los cuales se construye la historia de la humanidad.
Al aparecer en Fátima, Nuestra Señora nos hace un llamado a estos valores olvidados, a este futuro del hombre en Dios, del cual somos parte activa y responsable.

Tarcisio Bertone, SDB
Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe


________________________________________
(1) Se lee en el diario de Juan XXIII, el 17 de Agosto de 1959: « Audiencias: P. Philippe, Comisario del S.O., que me trae la carta que contiene la tercera parte de los secretos de Fátima. Me reservo de leer con mi Confesor ».
(2) Vale la pena recordar el comentario hecho por el Santo Padre, en la Audiencia General del 14 de Octubre de 1981, sobre « El acontecimiento de Mayo: gran prueba divina », en: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, IV-2 (Città del Vaticano 1981), 409-412; cf. L'Osservatore Romano (ed. portuguesa de 18-X-1981), 484.
(3) Radiomensaje durante el rito, en la Basílica de Santa María Mayor, « Veneración, agradecimiento, entrega a la Virgen María Theotokos », en: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, IV-1
(Città del Vaticano 1981), 1246; cf. L'Osservatore Romano (ed. portuguesa de 14-VI-1981), 302.
(4) En la Jornada Jubilar de las Familias, el Papa entrega a Nuestra Señora los hombres y las naciones: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII-1 (Città del Vaticano 1984), 775-777; cf. L'Osservatore Romano (ed. portuguesa de 1-IV-1984), 157 e 160.
(5) Texto original de la carta:

 

 

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