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Historias de santos

General de un gran ejército de la caridad

Publicado 2009/03/01
Autor : Redacción

Simple sacerdote y de familia humilde como San Juan Bosco –del que fue alumno– Don Orione maravilló al mundo con su santidad, su celo apostólico, sus innumerables obras en beneficio de los niños pobres y de toda clase de personas necesitadas.

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General de un gran ejército de la caridad

 

Simple sacerdote y de familia humilde como San Juan Bosco –del que fue alumno– Don Orione maravilló al mundo con su santidad, su celo apostólico, sus innumerables obras en beneficio de los niños pobres y de toda clase de personas necesitadas.

El lema que adoptó, “Renovar todo en Cristo”, se despliega históricamente en este: “Renovar todo en la Iglesia”; y en la senda de la acción, también puede ser formulado así: “Renovar todo en la caridad”.

Tal como el Divino Maestro, “pasó por el mundo haciendo el bien”. Y, llegada la hora de presentarse al Supremo Juez, entregó serenamente el alma a Dios, dejando escapar de sus labios estas palabras llenas de júbilo y esperanza: “¡Jesús, Jesús! Estoy yendo.”

“¡Haremos de él un general!”

SanLuisOrione.jpgEn Pontecurone, pequeña ciudad del norte de Italia, nació Luis Orione el 23 de junio de 1872, en una dependencia de la casa de campo del Ministro Urbano Rattazzi, del que el matrimonio Vittorio y Carolina Orione eran porteros.

Al Ministro le gustaba entretenerse familiarmente con sus empleados. Tomando al pequeño Luis en los brazos, le dijo a su padre: “¡haremos de él un general!”. Esa promesa –una mera amabilidad del ilustre hombre de Estado– se realizó, sin embargo, con toda exactitud, pues el propio Rey de Reyes había decidido: “¡haré de este niño un gran general!”, como veremos más adelante.

La infancia de Luis Orione puede resumirse en pocas palabras: pobreza, trabajo, piedad y, sobre todo, una gran vocación.

De 1886 a 1889 estudió en el Oratorio Salesiano de Valdocco, del que salió para ingresar al Seminario Diocesano de Tortona.

Cuando todavía era seminarista, empezó a dedicarse a las obras de ayuda a los más necesitados, participando en la Sociedad de Socorro Mutuo San Marciano y en las Conferencias Vicentinas.

En julio de 1892, siguiendo los pasos de Don Bosco, abrió su primer Oratorio, un centro de educación cristiana y de recreación para niños pobres.

Fundación del primer colegio

Poco le pareció todo esto a su celo ardiente. Al año siguiente fundó un colegio, en régimen de internado, para muchachos de familias pobres. ¡No era entonces más que un seminarista de 21 años de edad y sin recurso financiero alguno!

Pero la Divina Providencia no desampara a las almas que escoge para llevar adelante grandes obras. Al convenir el arriendo del inmueble para el colegio, el propietario exigió el pago del primer año por adelantado: 400 liras. Orione no disponía ni siquiera de un centavo, pero le garantizó al hombre: “La Providencia lo resolverá”.

Salió de ahí rumbo a la Catedral. En el camino fue abordado por una viejecita:

–¿Adónde va, Orione?

–Estoy abriendo un colegio –le respondió.

–¡Qué bueno! ¿Puedo poner a mi nieto en su colegio? ¿Cuánto me cobra?

–Pague lo que usted pueda.

–Tengo 400 liras que ahorré para la educación de mi nieto... ¿Para cuánto tiempo alcanzarán?

–¡400 liras! ¡Su nieto podrá quedarse en el colegio todo el tiempo de sus estudios!– exclamó Don Orione.

Volviendo inmediatamente, le hizo al propietario el pago exigido para el primer año. Así comenzó esa grandiosa obra que en menos de medio siglo difundió sus beneficios por innumerables países.

Ordenado sacerdote, comienza a formar su “ejército”

SanLuisOrione2.jpgEl 13 de abril de 1895 Don Orione fue ordenado sacerdote. Ese mismo día entregó la sotana clerical a seis alumnos de su colegio que tenían vocación sacerdotal. Y en poco tiempo abrió nuevos colegios en Mornico, en Noto, en San Remo y en Roma.

De hecho, Don Orione tenía valiosas dotes de general. Pronto reunió consigo a los sacerdotes y seminaristas que, bajo su mando, constituyeron el primer núcleo de una pujante familia religiosa: la Pequeña Obra de la Divina Providencia.

En marzo de 1903, el Obispo Mons. Igino Bandi le dio aprobación canónica a la nueva Congregación, que se proponía “trabajar para llevar a los pequeños, los pobres y al pueblo hasta la Iglesia y el Papa, mediante obras de caridad” . Además de los tres votos habituales –pobreza, obediencia y castidad– el amor de los Orionistas a la Cátedra de Pedro los llevó a desear un cuarto voto: el de “especial fidelidad al Papa” .

A su tiempo, fueron surgiendo las nuevas ramas de la Familia Orionista: además de los sacerdotes, las religiosas y los eremitas de la Divina Providencia. En seguida, las Pequeñas

Hermanas Misioneras de la Caridad, a las que se asociaron las Hermanas Sacramentinas Adoradoras y, algún tiempo después, las Contemplativas de Jesús Crucificado.

El P. Orione organizó también diversos grupos de laicos de ambos sexos, que más tarde constituyeron el Instituto Secular Orionista (ISO) y el amplio abanico de asociaciones del

Movimiento Laical Orionista (MLO).

Un corazón deseoso de abarcar al mundo entero

Después de la primera Gran Guerra (1914–1918) se multiplicaron las escuelas, colegios, colonias agrícolas, obras caritativas y sociales. Entre las muchas obras, la más característica fue el “Pequeño Cotolengo” , con institutos ubicados en las periferias de las grandes ciudades para recibir a los más necesitados y abandonados.

El celo apostólico de Don Orione se manifestó tempranamente con el envío de misioneros a Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Palestina, Polonia, Rodas, Estados Unidos, Inglaterra y Albania. Todo eso hasta el año 1936. Además de un gran predicador, Don Orione fue un eximio confesor, organizador de peregrinaciones y de misiones populares. Gran devoto de la Santísima Virgen, propagó de todos los modos la devoción mariana.

A lo largo de su vida, Don Orione recibió demostraciones de estima y confianza por parte de Papas y autoridades civiles, que le incumbieron importantes y delicadas misiones, en difíciles momentos de las relaciones entre la Iglesia y la Sociedad civil.

En 1940, con su obra esparcida por varios continentes, el P. Orione fue atacado por una grave enfermedad cardíaca, obligándolo a someterse a tratamientos médicos. Sólo tres días después, falleció serenamente, pronunciando estas breves palabras: “¡Jesús, Jesús! Estoy yendo.”

Su cuerpo fue sepultado en la cripta del Santuario de la Guarda y encontrado incorrupto 25 años después, en 1965. Juan Pablo II lo declaró Bienaventurado en 1980.

Luis Orione y Don Bosco

El primer milagro obrado por Don Bosco luego de su muerte fue en favor del joven Luis Orione. De 1886 a 1889, fue alumno del Oratorio de Valdocco, en Turín. El día de la muerte de Don Bosco (1888), Orione era uno de los alumnos encargados de organizar la larga fila de devotos que venían a rezar ante su urna funeraria. Muchos fieles querían algún recuerdo del venerable sacerdote.

¿Cómo atender a tantos pedidos?

Presionado por las circunstancias, Orione, entonces con 16 años, optó por la solución que le pareció más simple y práctica. Corrió a la despensa –que estaba a su cargo– para cortar pedazos de pan, tocarlos en el Santo y dárselos a los fieles como reliquia.

Pero la juventud no siempre es tan calma como generosa...En la prisa por satisfacer a todos, Luis Orione, que era zurdo, ¡se cortó el dedo índice derecho! ¿Dolor físico?

Casi no lo sintió. Ninguna otra preocupación se apoderó de su mente más que esta: ¡sin ese dedo, no podría realizar su sueño de ser ordenado sacerdote!

Para evitar semejante desastre necesitaba la intercesión de Don Bosco. Corrió, sujetando el dedo que colgaba tan sólo de una delgada capa de piel, y lleno de fe lo tocó en el cuerpo del Santo. En el mismo instante, el dedo cicatrizó perfectamente.

Aún puede verse hoy, en el cuerpo del Bienaventurado Orione, la marca del corte rodeando por completo el índice derecho.

 

 

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