Versión 0.8 Beta. Ingresar | Registrese

Ingresar

 
E-mail :
Contraseña :
Aun no se ha registrado?
Click aquí
Inicio » El Santo Padre » La Voz del Papa »
La Voz del Papa

Discípulos y misioneros de Jesucristo

Publicado 2009/03/01
Autor : Redacción

Al encontrarse con la Curia romana, el Papa recordó con agrado un importante acontecimiento del año de 2007: el viaje apostólico al Brasil. Y analizó en profundidad el tema de la V Conferencia General del CELAM, por él inaugurada en Aparecida.

| Imprimir | Email E-mail | Report! Corregir | Share

Discípulos y misioneros de Jesucristo

 

Otro año está a punto de concluir. Como primer acontecimiento destacado de este período, que ha pasado tan velozmente, quiero mencionar el viaje a Brasil. Su finalidad fue el encuentro con la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe, y, por consiguiente, más en general, un encuentro con la Iglesia del vasto continente latinoamericano. Antes de hablar sobre la Conferencia de Aparecida, quería hablar de algunos momentos culminantes de aquél viaje.

Recuerdos del viaje apostólico al Brasil

En ella, a pesar de las temperaturas rígidas, nos encontramos todos unidos por una gran alegría interior, por una experiencia viva de comunión y por la clara voluntad de ser, en el Espíritu de Jesucristo, servidores de reconciliación, amigos de los pobres y de los que sufren, y mensajeros de aquel bien cuyo esplendor hemos encontrado en el Evangelio.

Existen manifestaciones de multitudes que sólo tienen como efecto una auto-afirmación; en ellas los jóvenes se dejan llevar de la embriaguez del ritmo y de los sonidos, acabando por encontrar alegría sólo por sí mismos. En cambio, en nuestro encuentro abrimos realmente nuestras almas. La profunda comunión que se estableció espontáneamente esa tarde entre nosotros, al estar los unos con los otros, implicó estar los unos para los otros. No fue una fuga de la vida diaria, sino que se transformó en la fuerza para aceptar la vida de un modo nuevo. Por eso, de corazón quiero dar las gracias a los jóvenes que animaron aquella velada por su compañía, por sus cantos, por sus palabras y por su oración, que nos purificó interiormente y nos mejoró, también en beneficio de los demás.

encuentroPapa.jpg

El encuentro del Papa Benedicto XVI con la Curia Romana tuvo lugar en la mañana del 21 de diciembre de 2007, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

Asimismo es inolvidable el día en que, rodeado de un gran número de obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y fieles laicos, canonicé a fray Galvão, un hijo de Brasil, proclamándolo santo para la Iglesia universal. Por doquier nos saludaban sus imágenes, de las que emanaba el resplandor de la bondad de corazón que había suscitado en él el encuentro con Cristo y la relación con su comunidad religiosa […]

Recuerdo muy vivamente el día que visité la Hacienda de la Esperanza, en la que personas caídas en la esclavitud de la droga recuperan libertad y esperanza. Al llegar a ella, percibí inmediatamente de un modo nuevo la fuerza sanadora de la creación de Dios. Las montañas verdes que rodean el amplio valle nos hacen elevar la mirada hacia las alturas y, al mismo tiempo, nos dan un sentido de protección. Del sagrario de la iglesita de las Carmelitas mana una fuente de agua límpida, que recuerda la profecía de Ezequiel sobre el agua que, saliendo del Templo, desintoxica la tierra salada y hace crecer árboles que proporcionan la vida.

Debemos defender la creación no sólo para nuestra utilidad, sino por sí misma, como mensaje del Creador, como don de belleza, que es promesa y esperanza. Sí, el hombre necesita la trascendencia. Sólo Dios basta, dijo santa Teresa de Ávila. Cuando él falta, entonces el hombre debe tratar de superar por sí mismo los confines del mundo, de abrir ante sí el espacio infinito para el que ha sido creado. Entonces, la droga se convierte para él en una necesidad. Pero pronto descubre que se trata sólo de una infinitud ilusoria, —podríamos decir— una burla que el diablo hace al hombre. En la Hacienda de la Esperanza los confines del mundo quedan realmente superados, la mirada se abre hacia Dios, hacia la amplitud de nuestra vida; así se produce una curación. A todos los que allí trabajan les manifiesto sinceramente mi gratitud; y a todos los que allí buscan la curación, les expreso mi cordial deseo de bendición […]

La Conferencia de Aparecida

Y, por último, Aparecida. De un modo muy particular me conmovió la estatuilla de la Virgen. Algunos pobres pescadores, que repetidamente habían arrojado en vano sus redes, sacaron la estatuilla de las aguas del río, y después, por fin, se produjo una pesca abundante. Es la Virgen de los pobres, que se hizo también pobre y pequeña.

Así, precisamente mediante la fe y el amor de los pobres, se formó en torno a esta figura el gran santuario, que, haciendo siempre referencia a la pobreza de Dios, a la humildad de la Madre, constituye día tras día una casa y un refugio para las personas que rezan y esperan.

Fue un acierto que nos reuniéramos allí y elaboráramos el documento sobre el tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida”.

Ciertamente, alguien podría formular inmediatamente la pregunta: ¿Era ese el tema más adecuado para esta hora de la historia que estamos viviendo? ¿No era quizá un giro excesivo hacia la interioridad, en un momento en que los grandes desafíos de la historia, las cuestiones urgentes sobre la justicia, la paz y la libertad exigen el compromiso pleno de todos los hombres de buena voluntad y, de modo particular, de la cristiandad y de la Iglesia? ¿No hubiera sido mejor que afrontáramos, más bien, esos problemas, en vez de retirarnos al mundo interior de la fe?

Lo que significa ser discípulo de Cristo

Más tarde afrontaremos esta objeción, pues antes de responder a ella es necesario comprender bien el tema mismo en su auténtico significado; cuando lo hayamos hecho, la respuesta a la objeción llegará por sí misma. La palabra clave del tema es: encontrar la vida, la vida verdadera.

Así el tema supone que este objetivo, sobre el que tal vez todos estén de acuerdo, se logra en el discipulado de Jesucristo, así como en el compromiso en favor de su palabra y de su presencia. Por consiguiente, los cristianos en América Latina, y con ellos los de todo el mundo, están llamados ante todo a ser cada vez más “discípulos de Jesucristo”, algo que, en el fondo, ya somos en virtud del bautismo, lo cual no quita que debamos llegar a serlo siempre de forma nueva mediante la asimilación viva del don de ese sacramento.

Ser discípulos de Cristo, ¿cuál es su significado?

En primer lugar, significa llegar a conocerlo. ¿Cómo se realiza esto? Es una invitación a escucharlo tal como nos habla en el texto de la sagrada Escritura, como se dirige a nosotros y sale a nuestro encuentro en la oración común de la Iglesia, en los sacramentos y en el testimonio de los santos.

Nunca se puede conocer a Cristo sólo teóricamente. Con una gran doctrina se puede saber todo sobre las sagradas Escrituras, sin haberse encontrado jamás con él. Para conocerlo es necesario caminar juntamente con él, tener sus mismos sentimientos, como dice la carta a los Filipenses (cf. Flp 2, 5). San Pablo describe brevemente esos sentimientos así: tener el mismo amor, formar una sola alma (sýmpsychoi), estar de acuerdo, no hacer nada por rivalidad y vanagloria, no buscar cada uno sólo sus intereses, sino también los de los demás (cf. Flp 2, 2-4).

La catequesis nunca puede ser sólo una enseñanza intelectual; siempre debe implicar también una comunión de vida con Cristo, un ejercitarse en la humildad, en la justicia y en el amor. Sólo así avanzamos con Jesucristo en su camino; sólo así se abren los ojos de nuestro corazón; sólo así aprendemos a comprender la Escritura y nos encontramos con él.

El encuentro con Jesucristo requiere escucha, requiere la respuesta en la oración y en la práctica de lo que él nos dice. Conocer a Cristo es conocer a Dios; y sólo a partir de Dios comprendemos al hombre y el mundo, un mundo que de lo contrario queda como un interrogante sin sentido.

Así pues, ser discípulos de Cristo es un camino de educación hacia nuestro verdadero ser, hacia la forma correcta de ser hombres. En el Antiguo Testamento, la actitud fundamental del hombre que vive la palabra de Dios se resumía con el término zadic: el justo; el que vive según la palabra de Dios, llega a ser un justo. El justo practica y vive la justicia.

Luego, en el cristianismo, la actitud de los discípulos de Jesucristo se expresaba con otra palabra: el fiel. La fe lo comprende todo. Esta palabra ahora indica a la vez estar con Cristo y estar con su justicia.

En la fe recibimos la justicia de Cristo, la vivimos nosotros mismos y la transmitimos. […]

encuentroPapa2.jpg

Visita del Papa Benedicto XVI a la Basílica de Nuestra Señora Aparecida, el día 13 de mayo de 2007.

La Historia necesita del Evangelio para llegar a su plenitud

Ese mismo Documento nos dice que el discípulo de Jesucristo también debe ser “misionero”, mensajero del Evangelio. También aquí surge una objeción: ¿Es lícito también hoy “evangelizar”? ¿No deberían, más bien, todas las religiones y concepciones del mundo convivir pacíficamente, tratando de hacer juntas lo mejor para la humanidad, cada una a su modo?

Es indiscutible que todos debemos convivir y cooperar con tolerancia y respeto recíprocos. La Iglesia católica está comprometida muy seriamente en esto y con los dos encuentros de Asís ha dado muestras evidentes también en este sentido, muestras que hemos reanudado mediante el encuentro de Nápoles de este año [2007]. […] Pero, ¿esta voluntad de diálogo y colaboración significa, al mismo tiempo, que ya no podemos transmitir el mensaje de Jesucristo, que ya no podemos proponer a los hombres y al mundo esta llamada y la esperanza que deriva de ella? Quien ha reconocido una gran verdad, quien ha encontrado una gran alegría, debe transmitirla; de ningún modo puede conservarla sólo para sí. Dones tan grandes nunca están destinados a una persona sola.

En Jesucristo surgió para nosotros una gran luz, la gran Luz: no podemos ponerla debajo del celemín; debemos colocarla sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa (cf. Mt 5, 15). San Pablo estuvo incansablemente en camino llevando consigo el Evangelio. Incluso sentía una especie de “constricción” para anunciar el Evangelio (cf. 1 Co 9, 16), no tanto impulsado por la preocupación de la salvación de personas que no estaban bautizadas, que no conocían el Evangelio, cuanto porque era consciente de que la historia en su conjunto sólo podía llegar a su cumplimiento cuando la totalidad (pléroma) de los pueblos hubiera acogido el Evangelio (cf. Rm 11, 25).

Para llegar a su cumplimiento, la historia necesita el anuncio de la buena nueva a todos los pueblos, a todos los hombres (cf. Mc 13, 10). De hecho, es muy importante que confluyan en la humanidad fuerzas de reconciliación, fuerzas de paz, fuerzas de amor y de justicia. Es muy importante que en el “balance” de la humanidad, frente a los sentimientos y a las realidades de la violencia y la injusticia que la amenazan, se susciten y se robustezcan fuerzas antagonistas.

Eso es precisamente lo que sucede en la misión cristiana. Mediante el encuentro con Jesucristo y sus santos, mediante el encuentro con Dios, el balance de la humanidad se enriquece con las fuerzas del bien sin las cuales todos nuestros programas de orden social no se hacen realidad, sino que, ante la enorme presión que ejercen otros intereses contrarios a la paz y a la justicia, se quedan en teorías abstractas.

Aparecida decidió de modo justo

De este modo hemos vuelto a las preguntas que nos planteamos al inicio: ¿Hizo bien Aparecida, buscando la vida para el mundo, en dar prioridad al discipulado de Jesucristo y a la evangelización?

encuentroPapa3.jpg

"De un modo muy particular me conmovió la estatuilla de la
Virgen de Aparecida”.

¿Era una retirada equivocada hacia la interioridad? No. Aparecida decidió lo correcto, precisamente porque mediante el nuevo encuentro con Jesucristo y su Evangelio, y sólo así, se suscitan las fuerzas que nos capacitan para dar la respuesta adecuada a los desafíos de nuestro tiempo. […]

Ciertamente, no conviene hacerse falsas ilusiones: no son pequeños los problemas que plantea el laicismo de nuestro tiempo y la presión de las presunciones ideológicas a las que tiende la conciencia laicista con su pretensión exclusiva de la racionalidad definitiva. Nosotros lo sabemos, y conocemos el esfuerzo que exige la lucha que afrontamos en este tiempo.

Pero también sabemos que el Señor mantiene su promesa: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Con esta alegre certeza, acogiendo el impulso de las reflexiones de Aparecida a renovar también nosotros nuestra comunión con Cristo, salimos con confianza al encuentro del nuevo año. Salimos a su encuentro con la mirada materna de la Aparecida, de Aquella que se definió “la esclava del Señor”. Su protección nos da seguridad y nos llena de esperanza.

Con estos sentimientos, os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros, aquí presentes, y a todos los que forman parte de la gran familia de la Curia romana.

(Discurso a la Curia Romana en la presentación de las felicitaciones navideñas, 21/12/2007)

 

Su voto :
0
Resultado :
0
- Votos : 0

Artículos Recomendados

Papa envió mensaje por accidente aéreo en Etiopía

La comunicación está firmada por el Cardenal Secretario de Estado...Más

Papa en el Ángelus: No dialogar con el demonio

El Pontífice rezó ayer el Ángelus del primer domingo de Cuaresma...Más

Papa para la Jornada Mundial por las Vocaciones: Arriesgarse por la promesa de Dios

Con ocasión de la próxima Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa Francisco dio a conocer su mensaje, que lleva como título "La valentía de arriesgar por la promesa de Dios"...Más

En mayo, el Papa visitará Bulgaria y Macedonia del Norte

Entre los días 5 y 7 de mayo próximos el Papa Francisco hará una visita apostólica más...Más

No olvidar lo que el Señor hizo en nuestra vida, recomienda el Papa en homilía

De hecho, dijo el Papa, en el camino rumbo al encuentro con Cristo resucitado es preciso estar atentos a no volver para atrás, no ser sordos en el alma y al peligro de la idolatría...Más

Últimos vídeos   ‹‹‹

Copyrigth Heraldos del Evangelio - Todos los derechos Reservados.