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La Palabra de los Pastores

Indiferencia religiosa y secularización

Publicado 2009/03/01
Autor : Cardeal Franc Rodé C.M.

En la V Conferencia General del CELAM, el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica hizo un importante pronunciamiento acerca del principal problema de la Iglesia moderna: la secularización.

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Indiferencia religiosa y secularización

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Cardeal Franc Rodé C.M.

 

En la V Conferencia General del CELAM, el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica hizo un importante pronunciamiento acerca del principal problema de la Iglesia moderna: la secularización.

 

El problema central para la fe y para la Iglesia hoy en día es el avance de la indiferencia religiosa, de la secularización, el aplastamiento de la trascendencia.

La misión de lo consagrados debería estar en función de ese problema, es decir, debería orientarse para enfrentar una realidad que amenaza hacer con que la fe se haga irrelevante en las sociedades avanzadas.

La gravedad de la situación nos obliga a repensar toda la organización, la identidad y las formas de vida religiosa, de modo que esta vuelva a ser como fue en otros tiempos, la vanguardia de la evangelización y el rostro más visible de la dimensión religiosa de la Iglesia, a fin de posibilitar una recuperación del significado de la trascendencia.

No todos están de acuerdo en que el ambiente secularizado sea un problema

Es un desafío que tal vez ni todos compartan. Ni todos están de acuerdo en que el ambiente secularizado sea un problema, o una amenaza, para fe. Hay quien piensa, aún hoy, que el Cristianismo puede sobrevivir en un mundo no religioso, porque, como dicen, la fe cristiana “no es una religión”.

Hay una considerable demora, en una parte de la Iglesia, a la hora de percibir el peligro. Muchos clérigos y pastores actúan como si aún viviesen en una sociedad cristiana. Todavía no entraron en una mentalidad de “evangelización” de un mundo en el cual el Cristianismo es minoritario.

Es verdad que la secularización constituye una verdadera crisis o amenaza para la fe cristiana en general, y para la vida consagrada en particular. Veamos: cuando va a misa cada vez menos gente, cuando hay cada vez más gente que confiesa no creer en tal o tal verdad fundamental de la fe, cuando disminuye el número de bautismos, cuando hay una reducción drástica de las vocaciones y se venden menos publicaciones religiosas, cuando la legislación de los estados se aleja cada vez más de los principios cristianos, estamos delante del fenómeno de la secularización, o sea, del retroceso de la dimensión religiosa.

¿Cuál es nuestra tarea ante la secularización?

El peligro de la secularización interna

En primer lugar, un Instituto religioso que asume como prioridad frenar la secularización debe comenzar por su propia casa y combatir las formas más sutiles de “secularización interna” que se infiltraron en nuestro ambiente.

No podemos negarlo: la secularización invadió también numerosos ambientes de la vida consagrada, y aquí viene a propósito la frase evangélica: “Si la sal pierde el sabor, ¿con qué le será restituido el sabor?” (Mt 5,13). Si los consagrado se secularizan, ¿Quién mantendrá abiertos los espacios de trascendencia?

Los indicadores de la secularización en un Instituto religioso se verifican en: un lenguaje que pierde el contenido religioso; la reducción del tiempo de oración y de los actos religiosos en común; la pérdida de la visibilidad de la consagración, tanto personal como colectiva; la orientación para actividades sociales, con la convicción de que la catequesis y la administración de los sacramentos son menos relevantes que la acción social y humanitaria; la concepción de la misión más como agentes de progreso social de que como representantes de la esperanza escatológica.

Esas son las formas más visibles de la secularización interna. Para combatirlas es preciso incrementar la oración común, la visibilidad de los consagrados, el uso de un lenguaje con más referencias religiosas, la orientación preferentemente religiosa de las actividades —o mejor, donde esas actividades son ambivalentes, como en el caso de la enseñanza, acentuar la dimensión religiosa y pastoral—, una teología que ponga en destaque la trascendencia, una separación más clara entre el ambiente de los consagrados y el de los laicos: no es bueno derrumbar la “clausura” tradicional que delimita esos dos estados.

La movilización delante de la indiferencia religiosa

Otro problema que se coloca es el de la movilización delante de la indiferencia religiosa. Entiendo por movilización la orientación de un grupo social al focalizar su actividad a partir de una misión, de una tarea a cumplir, de un antagonismo a enfrentar.

También aquí existe el peligro de que la misión, el empeño, degenere en formas de secularización interna, dislocando la misión del ambiente religioso para el ámbito civil: no es factible la substitución de una misión religiosa y eclesial por otra meramente secular, como es “la causa de la justicia”.

En cada época los consagrados supieron responder a las necesidades espirituales de sus contemporáneos.

Para san Francisco de Asís y los franciscanos, se trataba de, por la penitencia, combatir la vida de pecado que afectaba a muchos; para santo Domingo y los suyos, se trataba de, a través de la predicación, vencer los movimientos heréticos; para san Ignacio y los jesuitas, frenar el avance del protestantismo; para las Congregaciones que surgieron después de la Revolución Francesa, se trataba de restaurar los ideales de una sociedad cristiana.

También hoy se presenta un desafío que requiere una movilización de fuerzas de la Iglesia: combatir el avance de la indiferencia religiosa, de la secularización, de la pérdida del sentido de la trascendencia y de la esperanza escatológica.

La importancia de una buena preparación teológica

El problema de la secularización abre varios frentes. Así, la confrontación debe ser asumida a partir de varias perspectivas. Una de ellas, en la cual insiste el Papa Benedicto XVI, es la teológica, o la llamada a repensar la fe a la luz de la crisis actual, y en relación con la razón positivista.

La evolución de los consagrados, después del Concilio, se caracterizó por un cierto
anti-intelectualismo. Una clave para hacer frente a la amenaza de la secularización es cultivar un conocimiento más exigente y profundo de la teología y de su capacidad de dialogar con la razón moderna. En suma, una buena dotación intelectual es un requisito para la movilización. Esa dotación es importante para los que deben enfrentarse con un ambiente mucho más exigente, bajo el punto de vista intelectual, de aquel que conocieron nuestros predecesores. No podemos limitarnos apenas al valor del testimonio. Una vez que nuestro testimonio es y será siempre limitado, el papel de la investigación teológica resulta importante para impugnar ciertos desafíos que la cultura actual nos lanza.

 

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