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La Palabra de los Pastores

In nomine Domini

Publicado 2009/04/01
Autor : Mons. Lucio Renna, O.C.D

La Carta Pastoral In nomine Domini, de Mons. Lucio Renna, O.C.D, tiene interés no sólo para su diócesis de San Severo, sino también para toda la Iglesia. Proponemos aquí la lectura de algunos trechos, especialmente importantes y actuales.

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In nomine Domini

 

La misión hace parte esencial del ser Iglesia; no es una experiencia limitada al tiempo, mas bien es, un compromiso orgánico de todos los componentes de las realidades eclesiales y de las estructuras de servicio, llamadas a relacionarse provechosamente con los ambientes vitales del territorio. No sin dificultades, causadas muchas veces por el hábito de vivir un cristianismo cómodo que no incomoda las conciencias.
En el actual clima cultural, el testimonio cristiano, como fruto de una libertad verdadera y auténtica, prueba una ausencia de equilibrio con la homogeneización cultural imperante, hecha de un materialismo de retorno, cientifismo, radicalismo, individualismo.

Y ese testimonio cristiano representa un riesgo por ser “incómodo”.

La familia

La familia, primera célula de la sociedad y de la propia comunidad eclesial, está gravemente amenazada por una mentalidad relativista que perpetra continuamente atentados contra ella. Se vuelve cada vez más causativo y difícil defenderla, inclusive como institución natural. No subestimamos los innumerables peligros que van acumulándose en torno de la familia, la cual muchos querrían ver sustituida por las parejas de hecho o por otros tipos de convivencia [...]

Queriendo justificar soluciones eventuales, extrañas y vulgares, se apela a la libertad de la vida, del amor, al gusto de cada uno. Oigamos con atención las enseñanzas de nuestro Papa Benedicto XVI, eco claro, lúcido y profundo de la constante enseñanza de la Palabra de Dios y del magisterio sobre la familia. No cedamos ni un ápice al asalto de quién querría establecer compromisos sobre valores no negociables; tampoco tengamos miedo, en nuestras catequesis y, en varias ocasiones, también en nuestras homilías, de ser ortodoxos en relación al matrimonio como sacramento e institución natural. Asistiendo a los debates televisivos nos sorprendemos, algunas veces, que personas declaradamente agnósticas hablen en defensa de la familia con argumentos fuertes; mientras algunos, que se declaran católicos y practicantes, balbucean, vacilan y se avergüenzan de decir una palabra clara en sintonía con la Iglesia.

No debemos transformar el debate que existe en nuestros días en una especie de lucha de religión; pero tampoco debemos permanecer impávidos y callar, faltando en nuestro preciso deber de hablar para encorajinar e iluminar a nuestros fieles [...] La familia es un lugar privilegiado donde se realiza la experiencia del amor, lugar donde se vive y se transmite la fe, ambiente educativo, escuela de valores cristianos vivificados por la oración. De ahí el llamado del siervo de Dios Juan Pablo II: “¡Familia, se lo que eres!” ( Familiares Consortio , 17). [...]

La Pastoral Juvenil

La Pastoral Juvenil exige una particular atención y sensibilidad, porque el mundo joven es peculiarmente problemático y atraviesa un periodo de fuerte crisis. No podemos permanecer indiferentes delante del malestar que está tomando cuenta de nuestros jóvenes, que, en número creciente, se distancian de la vida de la familia, de la comunidad parroquial y de la propia escuela. [...]

El trabajo en el sector vocacional es todavía enorme y delicado, sobre todo porque debe interesarse por los eventuales candidatos a la vida consagrada masculina y femenina. [...] Es necesario encontrar métodos adecuados para aproximarse al mundo joven, teniendo presente no sólo apenas aquellos que, aunque episódicamente, se adhieren a nuestras iniciativas, bien estudiadas, preparadas y vividas; sino también sobre todo a aquellos que no acostumbran a ser alcanzados ni por la familia, ni por la escuela, ni por la Iglesia, los tres agentes clásicos de la formación que hoy son cada vez menos influyentes. Nosotros no dormimos sueños tranquilos en relación a este asunto, pues los jóvenes son nuestro futuro. Nos damos cuenta de que el compromiso de relacionarnos con ellos debe ser sobre todo parroquial.

De nada servirían las jornadas mundiales, ni las propias iniciativas diocesanas, si no tuviesen una continuación en la vida de la parroquia. [...]

El sacerdote da aquello que recibe

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“El sacerdote da aquello que recibe; y cada iniciativa pastoral no puede ser sino expresión de vida interior”

El ministerio sacerdotal no consiste en dar inicio, de vez en cuando, a algunas iniciativas, sin preocuparse con su oportunidad o urgencia.

Él es una forma de santificación y de predicación: verdadero y propio estilo de vida. El sacerdote tiende a la santidad a través de su propio ministerio.

La vida de la santidad es la fe en Cristo, vivida y testimoniada como Él en el ministerio.

El sacerdote da aquello que recibe; y cada iniciativa pastoral no puede ser sino expresión de vida interior. Como los centinelas de la aurora, él mira en dirección al horizonte para escuchar las señales de los tiempos y tener una visión más amplia, precisa, de aquello que es verdaderamente esencial; para identificar los puntos clave, las orientaciones concretas a respecto de su vida y de la misión en su conjunto, y del problemático y fascinante mundo actual que es preciso amar, ayudar, y envolver de manera eficaz, atrayendo generaciones viejas y nuevas.

Delante del sacerdote se abre un escenario que no tiene fin; y él no puede fingir que no lo ve y permanecer cerrado en sus hábitos, en las repeticiones pastorales, comprendidas y vividas como una sacramentalización, muchas veces motivadas por utilidades personales. Mente, ojos y corazón abiertos son pedidos al sacerdote. Con generosidad y radicalidad.

Las medias tintas, los “más o menos”, los “si”, los “pero” destruyen todo, especialmente si son acompañados por actitudes de superioridad, de arrogancia y de mal carácter, dando una imagen decrépita, falsa y anacrónica, y algunas veces odiosa, del sacerdocio y de la Iglesia.

La disponibilidad con relación a cualquier lugar, cualquier persona, a cualquier comunidad parroquial nos ayuda “a ver con los ojos de Dios y amar con su corazón”.

Tal vez, queridísimos hermanos, deberíamos procurar recuperar cada vez más la visión de la fe en nuestro sacerdocio, que no nos pertenece, sin embargo es un don de Dios a la humanidad a través de nuestra persona, en sí misma vulnerable y frágil, pero hecha fuerte y creíble por la presencia del Señor en nosotros.

El ejemplo de María y la palabra de San Juan

Concluyo con las palabras de San Juan: “Hijos míos, no amemos de palabras con la boca, son con hechos y de verdad. En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos la conciencia tranquila ante Dios, porque si ella nos condena, Dios es más grande que nuestra conciencia

y conoce todas las cosas. Queridos míos, si nuestra procedencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza, y lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento que él nos dio. (1 Jn 3, 18-24).

Que esté siempre delante de nosotros el ejemplo de María, Madre y Hermana nuestra, que, inmersa en la luz del misterio de la caridad, siempre hizo la elección en la voluntad divina para la cual su vida terrena fue una continua ascesis hecha de sí, dicha y vivida siempre, mismo en los momentos más dramáticos de su historia. Sean sus palabras también las nuestras, presentes en el corazón sacerdotal: “¡Haced aquello que Jesús os diga!”

(Citas de la Carta Pastoral In nomine Domini ,de 15/06/2007 Traducción Heraldos del Evangelio)

 

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