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Reflexiones

Reina de la Historia y Madre nuestra

Publicado 2018/08/08
Autor : Redacción

Más aún, por su misericordia Ella intercede por nosotros y por su omnipotencia suplicante nos lo consigue todo, incluso lo que por mera justicia no tendríamos derecho.

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“Sub tuum praesidium” (Estandarte procesional de la antigua Casa de Misericordia) - Museo de la Iglesia de San Roque, Lisboa

De entre las infinitas perfecciones del Altísimo, difícil será encontrar alguna mayor que la sabiduría, pues ésta engendra a la segunda Persona de la Santísima Trinidad. Las Escrituras dicen que es "efluvio del poder de Dios, emanación pura de la gloria del Omnipotente; [...] irradiación de la luz eterna, espejo límpido de la actividad de Dios e imagen de su bondad" (Sab 7, 25-26).

Al ser el bien difusivo, es propio del Creador hacer que sus criaturas sean partícipes de sus dones, en la medida de su gracia. Naturalmente, debido a la superexcelencia de su misión, vocación y perfección, la Virgen ha sido, es y siempre será la primerísima beneficiada de tan divino don. Y por ser Medianera, todo lo que Jesús nos da viene por medio de Ella, pues se le puede aplicar la afirmación de que "de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia" (Jn 1, 16).

Por el don de la sabiduría la Santísima Virgen conoce en Dios, más que cualquier otra criatura, los planes divinos y las supremas razones de todas las cosas, consideradas en sus aspectos más sublimes. Lo que contempla en Dios es tan elevado que no cabría en el vocabulario humano. Sin embargo, por el don del consejo, que María posee también en grado supereminente, sabe perfectamente aplicar ese conocimiento a la vida concreta, siendo así capaz de orientar los pasos de sus hijos rumbo al fin sobrenatural al cual el Señor los destina. Entonces, si mediante el don de la sabiduría resplandece en nuestra Señora especialmente su carácter de Hija de Dios, por el don del consejo refulge en Ella su calidad de Madre.

Ahora bien, es propio de una madre indicarle a su hijo no sólo el camino, sino también socorrerlo de mil y una maneras. En este sentido, María, como "Madre del Buen Consejo", es Aquella que discierne en Dios la sublime meta, conoce los medios para llegar hasta allí y nos estimula a andar por el camino indicado.

Más aún, por su misericordia Ella intercede por nosotros y por su omnipotencia suplicante nos lo consigue todo, incluso lo que por mera justicia no tendríamos derecho.

Finalmente, su intimidad con Dios, la elevación de sus virtudes y la excelencia de su poder la hacen insuperable, imbatible e invencible. Este pensamiento nos da seguridad, porque de Ella todo lo obtenemos para derrotar al mal, aunque, por otro lado, también es cierto que deberemos rendirle cuentas, y recibir el premio o el castigo en función de nuestra correspondencia a sus gracias.

La Santísima Virgen se nos presenta, de este modo, como excelsa Reina de la Historia y del universo. Conoce con perfección no sólo la meta ideal, sino también los medios para alcanzarla; y posee todo lo que es necesario para que, a pesar de nuestros defectos, seamos capaces de lograr los objetivos de Dios. Fieles o débiles, santos o pecadores, esta Madre celestial tiene siempre para con nosotros la misma actitud de bondad, dispuesta a ampararnos en cualquier situación y traernos la solución para cualquier problema. De lo que se trata es de saber invocarla con confianza. 

 

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