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Lugares del Mundo

Ansiedad jubilosa de lo maravilloso

Publicado 2018/12/16
Autor : Plinio Corrêa de Oliveira

Atmósfera sobrenatural, piedad, colorido interior, son algunos de los factores que hacen de la Basílica de San Antonio en Padua un lugar que invita a la práctica de la virtud y al deseo del Cielo.

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San Antonio era un polemista de primer orden. Doctor de la Iglesia, hombre de gran inteligencia, cultísimo, falleció a los treinta y nueve años; por lo tanto, muy prematuramente. Era un polemista que arrasaba a los adversarios, habiendo pasado a la Historia con el título de "Martillo de los herejes".

Peregrinando en Padua

PaduaLa penúltima vez que fui a Padua fue durante un período de peregrinación. Afluían peregrinos de todas partes de Europa y del mundo, en especial de Italia y de Portugal. La Basílica se llenaba de gente hablando, casi uno no podía moverse allí dentro.

Además, había dentro de la iglesia mesitas con medallitas y otros objetos de piedad que se vendían a los peregrinos, eso también muy legítimo, pues las personas vuelven a sus casas llevando recuerdos religiosos para sus familias, amigos. Lejos de mí criticar eso. Pero hay siempre gente indecisa que se detiene en el mostrador y se queda comparando medallita con medallita no sé por cuanto tiempo. Otros quieren comprar y empujan... Y la escena se repite en la próxima mesa.

Entra aquí una cuestión personal: tengo una verdadera ojeriza a los lugares de oración repletos. Me alegran que estén llenos, pero me complace estar allí cuando hay poca gente. Me parece legítimo que las personas sientan eso de un modo diferente, pues depende del temperamento de cada uno.

Sin embargo, en mi última visita, no. Era un intersticio entre temporadas de peregrinación y había menos gente. Eran personas piadosas del lugar y de los alrededores que iban allá como todo el mundo va a las respectivas iglesias en todas partes. Era un buen número, rezaban y no tenían la preocupación del compra-compra, del vende-vende, siendo varios de ellos realmente fieles. Se percibía que eran personas buenas, piadosas, que estaban allí para rezar. Es San Antonio de Padua y el ambiente creado por sus reliquias, las gracias de las cuales él es ocasión, y vehículo, que impregnan de algún modo la basílica y condicionan también la piedad.

La presencia de esa piedad cotidiana, buena, realzada por las gracias recibidas por medio de San Antonio hace bien al alma.

Algo del pulchrum católico

Padua perteneció otrora al distrito político de la República Aristocrática de Venecia y, en cuanto tal, era muy influenciada por Bizancio y por los Balcanes. Venecia queda prácticamente frente a los Balcanes, y la travesía del Mar Adriático, inclusive con los medios de navegación antiguos, era muy fácil y relativamente rápida.

Los críticos de arte son unánimes en afirmar que la Basílica de San Marcos en Venecia tiene una nota bizantina muy marcada.

Así también se observa que, siendo Padua políticamente dependiente de Venecia en la época en que la Basílica de San Antonio fue construida, esta da un poquito la idea de un edificio a la manera de las iglesias orientales, y algunas de sus torres recuerdan minaretes turcos.

La Basílica de San Antonio de Padua expresa bien algo del pulchrum de la Iglesia Católica. No es una gran pieza de arquitectura, pero expresa bien lo que yo quiero hacer notar.

Juego de cúpulas y minaretes

PaduaEs imposible negarle cierta belleza a la sucesión de cúpulas y torres, ya sea por el colorido, ya sea por el aire de fantasía que hay dentro de eso, por donde se tiene la impresión de que esas bóvedas emergen de dentro de la iglesia como las burbujas de gas de un vaso de agua mineral: suben y después revientan. El aparente desorden en que todo esto está colocado encima es bonito, entretiene y es agradable a la vista. Por lo tanto, en profundidad, no es un desorden, pues todo eso atrae y contenta mucho al espíritu.

Se nota, en esa construcción, el contraste entre el estilo veneciano y el florentino. Es otra concepción de las cosas por la cual se ve la riqueza espiritual e intelectual de Europa y particularmente, de la Italia de aquel tiempo: a una distancia pequeña, dos mundos que se desarrollan lado a lado sin interferir uno en el otro, pero en una posición casi polémica de aspectos diferentes de la vida.

Lo sobrio está totalmente ausente del interior de la Basílica de Padua. Si nos damos el trabajo de recordar la Catedral de Florencia, mirando esas pinturas y esa especie de sinfonía de colores, triunfal, alegre - "¡Cristo resucitó, alegrémonos!" - encontramos una diferencia radical. Porque aquí todo es pintado, todo es adornado, todo habla. En cuanto en Florencia es el tal estilo sobrio.

Las cúpulas y esas especies de minaretes tienen el burbujear de ciertas formas de belleza como lo tienen ciertos movimientos del mar.

Mirando el tejado uno casi se olvida del cuerpo del edificio. Tenemos la impresión de que el resto de la construcción existe como una bandeja para cargar bien alto el juego musical de esas cúpulas. Podemos imaginar un movimiento musical crescendo en que las notas se van sucediendo alegremente unas a las otras; así tenemos la impresión de que esos minaretes y esas cúpulas están alegremente esperando el momento en que se les corte la base para poder subir al cielo. Una ansiedad de lo maravilloso, una ansiedad jubilosa, alegre, apenas contenida por una cuerda que una mano caritativa va a cortar.

Eso se encuentra, por ejemplo, en muchos monumentos de la Iglesia Ortodoxa que son de la arquitectura griega. Padua recibe la influencia, a través de Venecia, muy helenizante, por las razones geográficas que ya expliqué.

También la Iglesia de Basilio, si no me engaño, en la Plaza Roja, tiene aquella serie de torres, de torreones, aquello que sube, un juego de esa naturaleza. En el castillo francés de Chambord no encontramos cúpulas así, mas un juego de techos, de chimeneas, que también aprovechan este principio de correcorre rumbo al cielo. Es como uno de los modos de belleza del mar y eso me alegra.

Atmósfera sobrenatural y preciosa reliquia de San Antonio

San Antonio de PaduaEn el cuerpo material de la iglesia - antes que nada - está el Santísimo Sacramento, las reliquias, las imágenes especialmente bendecidas que datan de varias épocas de la historia de la Iglesia Católica, desde más o menos el tiempo de San Antonio hasta nuestros días. Varias épocas fueron haciendo sus pinturas, acrecentando sus imágenes; aquello podría parecer un poco un compendio de la historia de la piedad católica, cada vez menos intensa a medida que nos aproximamos de los grandes dramas, de los grandes cataclismos y de los grandes vacíos de hoy en día. Están también los fieles que reciben gracias y las dejan traspirar de algún modo en su manera de ser, en el modo de andar y de rezar, etc. Estos factores concurren en una iglesia como esta de Padua, con una especial intensidad para dar una única impresión de gracia y de piedad verdadera, de la presencia de la Iglesia.

El ambiente después de una ceremonia dejaba un no sé que de sobrenatural fluctuando por la iglesia, que tornaba este período de la vida de la Iglesia, al menos para mí, particularmente delicioso. Y fue lo que yo capté en la Basílica de San Antonio. Y eso, naturalmente, me encantó. Yo salía con el alma llena. Hablando sobre eso, aún mi alma se llena. Son las cosas de que yo gusto más de que cualquier otra cosa en la vida, porque ellas son el ante-gozo del cielo.

Ahora, ¿por qué está allí la reliquia de la lengua de San Antonio?

Porque él era "martillo" era por causa de la lengua. El era un gran orador sacro y fulminaba a los herejes de su tiempo, y él los rechazó magníficamente. Entonces una vez muerto, los amigos de la verdadera Fe, quisieron glorificar esta lengua que tanto habló a favor de la gloria de Dios. La cortaron y allí está.

Pintura de San Antonio

En esa pintura se ve como la piedad de aquel tiempo imaginaba al San Antonio de la hagiografía, de la historia santa. Se nota una placidez extrema resultante del rostro, pero también de una cosa que es muy expresiva: la posición de los hombros como modo de indicar el estado de espíritu de la persona.

El es franciscano. La capa del hábito forma varios pliegues, muy ordenados, casi diría olas en un suave avanzar o, que expresan que ese hombre nunca hizo un movimiento exagerado, excesivo, en que el hábito se coloca fuera de lugar. El orden del hábito es una especie de sismógrafo del orden de la mente.

El rostro casi imberbe, con una boca pequeña. La nariz adunca muy bonita, que tiene cualquier cosa del pico de un ave de rapiña. En el arco de las cejas, una delicadeza, una precisión y una fuerza que sobre todo la mirada expresa. Es una mirada, bajo cierto punto de vista, glacial. No deja trasparecer emoción alguna. Lo que aparece es el análisis - ese tipo de análisis que sólo los pacíficos hacen. En esa mirada se ve toda la precisión de quién ya pasó por todos los desencantos; ya vio todo como es, conoce el pecado original y sus efectos, satanás con sus pompas y sus obras. Todo está analizado, catalogado, él tiene un discernimiento extraordinario.

La punta de los labios es fina y muy ordenada. El tiene la respuesta que hace de él un martillo que está preparando su golpe. Hay una pureza, una castidad y una serenidad extraordinarias.

Basílica de San Antonio en Padua

(Extraído de conferencias de 23 y 25/11/1988)

 

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