Vos sóis el edificio de Dios - Ángelus 09-11-2008

Publicado 2009/03/21
Autor: Papa Benedicto XVI

La belleza y armonía de las iglesias, destinadas a prestar alabanza a Dios, nos invitan también a nosotros seres humanos, limitados y pecadores, a convertirnos para formar un “cosmos”, una construcción bien ordenada, en estrecha comunión con Jesús.

La belleza y armonía de las iglesias, destinadas a prestar alabanza a Dios, nos invitan también a nosotros seres humanos, limitados y pecadores, a convertirnos para formar un “cosmos”, una construcción bien ordenada, en estrecha comunión con Jesús.

 

La solemnidad de la Dedicación de la Basílica Lateranense recuerda que Dios quiere edificar en el mundo un templo espiritual. Pero recuerda también la importancia de los edificios materiales, en los cuales las comunidades se reúnen para alabar al Creador.

 

   La belleza y la armonía de las iglesias, destinadas a prestar loor a Dios, nos invitan también a nosotros seres humanos, limitados y pecadores, a convertirnos para formar un “cosmos”, una construcción bien ordenada, en estrecha comunión con Jesús, que es el verdadero Santo de los Santos. Esto sucedió de modo culminante en la Liturgia Eucarística, en la cual la “ecclesia”, es decir, la comunidad de los bautizados, se reúne para oír la Palabra de Dios y para alimentarse del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

 

  Alrededor de esta doble mesa la Iglesia de piedras vivas se edifica en la verdad y en la caridad y es plasmada interiormente por el Espíritu Santo, transformándose en lo que recibe, conformándose cada vez más con su Señor Jesucristo. Ella misma se vive en la unidad sincera y fraterna, se vuelve así sacrificio espiritual agradable a Dios.

 

  Queridos amigos, la fiesta de hoy celebra un misterio siempre actual: es decir, que Dios quiere edificar en el mundo un templo espiritual, una comunidad que lo adore en espíritu y verdad (cf. Juan 4, 23-24). Pero esta celebración recuerda también la importancia de los edificios materiales, en los cuales las comunidades se reúnen para celebrar la alabanza de Dios. Cada comunidad tiene, por tanto, el deber de conservar con cuidado los propios edificios sagrados, que constituyen un precioso patrimonio religioso e histórico. Invoquemos entonces la intercesión de María Santísima, parea que nos ayude a tornarnos como ella, “casa de Dios”, templo vivo de su amor.

 

(Transcripciones del Ángelus, del 9 de noviembre de 2008 – Solemnidad de la dedicación de la Basílica de Letrán)

 

(Revista Arautos do Evangelho, enero de 2009, n. 85, p.9)