El papel de la familia en la Evangelización

Publicado 2009/04/30
Autor: Redacción

No sin razón observa criteriosamente el Santo Padre: "Para la evangelización del mundo hacen falta, sobre todo, evangelizadores.

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El verdadero punto de equilibrio, a veces tan difícil de hallarlo, lo encontramos en el magisterio pontificio, que sobre todo a partir del Concilio Vaticano II se volcó con particular solicitud para los problemas del apostolado de nuestros días.

"Se ha de reservar a esta comunidad [la familia] una solicitud privilegiada...Como demuestra la experiencia, la civilización y la cohesión de los pueblos depende sobre todo de la calidad humana de sus familias. Por eso, el compromiso apostólico orientado en favor de la familia adquiere un incomparable valor social. Por su parte, la Iglesia está profundamente convencida de ello, sabiendo perfectamente que «el futuro de la humanidad pasa a través de la familia»" (Christifideles laici, 40).

Por un lado, la nueva evangelización debe con especial empeño poner su mirada en la familia, pero por otro lado es de la célula mater de la sociedad de donde saldrán los buenos obreros para cuidar de la mies. Es en la familia donde comienza la formación del futuro sacerdote, religioso o religiosa, o incluso, del misionero laico.

6a.jpgEl regazo de la madre católica es el primer banco de la escuela de Jesús, donde los niños aprenden a deletrear ese nombre dulcísimo. El cariño materno es el primero que graba en los corazones inocentes los rudimentos de la Fe. No hay mejor escuela de santidad que la de las madres verdaderamente cristianas, que a lo largo de la historia esculpieron con el cincel de sus virtudes heroicas legiones de santos cuyas imágenes adornan los nichos de las iglesias.

No sin razón observa criteriosamente el Santo Padre: "Para la evangelización del mundo hacen falta, sobre todo, evangelizadores. Por eso, todos, comenzando desde las familias cristianas, debemos sentir la responsabilidad de favorecer el surgir y madurar de vocaciones específicamente misioneras, ya sacerdotales y religiosas, ya laicales" (Christifideles laici, 35).