Animación de la vida eclesial

Publicado 2009/04/25
Autor: Redacción

Re-enfervorizar a los católicos que dejaron enfriar su fe, esperanza y amor, y hacer con que ellos participen efectivamente en la vida eclesial en sus respectivas parroquias.

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"¡Cuánta necesidad existe hoy —afirmaba el Papa en 1998— de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas!
Y aquí entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo a este dramático desafío del fin del milenio. Vosotros sois esta respuesta providencial." (Discurso durante el encuentro del Papa con los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales, 30/5/1998).

Para los Heraldos del Evangelio —nuevo movimiento eclesial— estas proféticas palabras del Santo Padre suenan a una convocación para redoblar los esfuerzos en el nueva evangelización. El Apostolado del Oratorio "María, Reina del Tercer Milenio" fue ideado con la intención de ser una respuesta sin pretensiones al llamamiento del Papa, hecho en aquel discurso:

"Re-enfervorizar a los católicos que dejaron enfriar su fe, esperanza y amor, y hacer con que ellos participen 10a.jpgefectivamente en la vida eclesial en sus respectivas parroquias. Actuar sobre todo en las familias, conduciéndolas a que se inserten activamente en la comunión eclesial, mediante la participación frecuente en el culto y en la celebración eucarística y en las demás actividades comunitarias.

Se está poniendo, por lo tanto, al servicio de la comunidad eclesial, una nueva fuerza, constituida por laicos que reciben una formación sólida y profunda, conforme al deseo de Juan Pablo II, expresado en el citado encuentro con los movimientos eclesiales y nuevas comunidades: "En nuestro mundo frecuentemente dominado por una cultura secularizada, que fomenta y difunde modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba, y no pocas veces es sofocada y extinguida. Se percibe, pues, con urgencia la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana."

Ya el Concilio Vaticano II advertía de la necesidad de la formación de un "laicado propiamente dicho" (Decreto Ad Gentes, 21), sin el cual "el Evangelio no puede penetrar profundamente en la mentalidad, en la vida y en el trabajo de un pueblo" (ídem).