La glorificación de Catalina

Publicado 2009/07/12
Autor: Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

Durante 46 años de una vida toda interior y escrupulosamente recogida, Santa Catalina permaneció fiel a su anonimato.

Durante 46 años de una vida toda interior y escrupulosamente recogida, Santa Catalina permaneció fiel a su anonimato. ¡Milagroso silencio! Seis meses antes de su fin, imposibilitada de ver a su confesor, recibió del Cielo la autorización - quizá la exigencia - de revelar a su Superiora quien era la monja honrada por la Santísima Virgen por un acto de confianza sin igual.1.jpg

Delante de la anciana y ya claudicante hermana, en relación a la cual había sido por veces severa, la Superiora se arrodilló y se humilló. Tanta simplicidad en la grandeza confundía su soberbia.

Santa Catalina falleció dulcemente el 31 de diciembre de 1876, siendo enterrada tres días después en una sepultura cavada en la capilla de la Rue du Bac. Pasadas casi seis décadas, el 21 de marzo de 1933, su cuerpo exhumado apareció incorrupto a la vista de los asistentes. Un médico irguió los párpados de la santa y retrocedió, reprimiendo con dificultad un grito de espanto: los magníficos ojos azules que contemplaron la Santísima Virgen parecían todavía, después de 56 años de túmulo, palpitantes de vida.

La Iglesia elevó a Santa Catarina Labouré a la honra de los altares el 27 de julio de 1947. A los tesoros de gracias y misericordias esparcidos por la Medalla Milagrosa en todo el mundo, iban agregarse las benevolencias y favores obtenidos por la intersección de aquella que viviera en la sombra, escondida con Jesús y María.

Hoy, cualquier fiel puede venerar el cuerpo incorrupto de la santa, expuesto en la Casa de las Hijas de la Caridad, en París. Antiguamente allí, en las horas de oración y recogimiento, el abalanzar de las cofias de las religiosas arrodilladas en hileras delante del altar, recordaba un disciplinado vuelo de palomas blancas...

(La Medalla Milagrosa: Historia y celestiales promesas - Libro Mons. João Clá)