Con las Hijas de San Vicente

Publicado 2009/08/01
Autor: Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP

Algún tiempo después, ya con 18 años, ¡una inmensa sorpresa!

13.jpgCierta vez, un sueño dejó a Catalina intrigada. En la iglesia de Fain-les-Moutiers, ella ve un viejo y desconocido sacerdote celebrando la Misa, cuya mirada la impresiona profundamente. Terminado el Santo Sacrificio, él hace una señal para que Catalina se aproxime. Temerosa, ella se aleja, entretanto fascinada por aquella mirada. Aún en el sueño, sale a visitar a un pobre enfermo, y reencuentra al mismo sacerdote, que esta vez le dice: "Hija mía, tú ahora te escapas... pero un día serás feliz en venir hasta mí. Dios tiene designios para ti. No te olvides de eso". Al despertar, Catalina repasa en su mente aquel sueño, sin comprenderlo...

Algún tiempo después, ya con 18 años, ¡una inmensa sorpresa! Al entrar en el locutorio de un convento en Châtillon-sur-Seine, ella se depara con un cuadro en el cual está retratado precisamente aquel anciano de penetrante mirada: es San Vicente de Paul, Fundador de la congregación de las Hijas de la Caridad, que así confirma e indica la vocación religiosa de Catalina.

En efecto, a los 23 años, venciendo todos los intentos del padre para alejarla del camino que el Señor le trazara, Catalina abandona para siempre un mundo que no estaba a su nivel, y entra como postulante en aquel mismo convento de Chântillon-sur-Seine. Tres meses después, el 21 de abril de 1830, es aceptada en el noviciado de las Hijas de la Caridad, situado en la Rue du Bac*, en Paris, donde toma el hábito en enero del año siguiente.


(La Medalla Milagrosa: Historia y celestiales promesas - Libro Mons. Juan Clá)