Cristo se hace presente en las celebraciones litúrgicas

Publicado 2009/02/01
Autor: Papa Juan Pablo II

Comprender la Liturgia como “camino de santidad”, “fuente y ápice de la vida eclesial” y “arte de la oración” —son enseñanzas de Juan Pablo II en la Carta Apostólica Spiritus et Sponsa.

 Cristo se hace presente en las celebraciones litúrgicas

 

CristoPresente.jpg

La Redención encuentra su preludio en las admirables acciones divinas del Antiguo Testamento y fue cumplida por Cristo Señor, de modo especial por intermedio del Misterio pascual de su sagrada Pasión, Resurrección de la muerte y gloriosa Ascensión. Pero no solamente debe ser anunciada, sino también realizada, y esto es lo que sucede “por medio del Sacrificio y de los Sacramentos, en torno a los que gravita toda la vida litúrgica”. Cristo se hace especialmente presente en las acciones litúrgicas, asociando la Iglesia a Sí mismo.

Cada celebración litúrgica es, así, obra de Cristo Sacerdote y de su Cuerpo Místico, “culto público integral”, de la que se participa como un antegozo de la Liturgia de la Jerusalén celestial. Por este motivo, “la Liturgia es el ápice para el que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su virtud”. (...)

Camino de santidad

El Concilio justamente afirma que cada acto litúrgico “es acción sagrada por excelencia, y ninguna otra acción de la Iglesia iguala su eficacia de la misma forma y en igual nivel”. Al mismo tiempo, el Concilio reconoce que “la sagrada Liturgia no agota toda la acción de la Iglesia”. En efecto, por un lado la Liturgia supone el anuncio del Evangelio, y por otro exige el testimonio cristiano en la Historia. El misterio propuesto en la predicación y en la catequesis, acogido con fe y celebrado en la Liturgia, debe plasmar toda la vida de los fieles, que están llamados a volverse heraldos de la misma en el mundo.

Además, a propósito de las diversas realidades implicadas en la celebración litúrgica, la Constitución dedica una atención especial a la importancia de la música sacra. El Concilio la exalta, indicando que su finalidad es “la gloria de Dios y la santificación de los fieles”.

Efectivamente, la música sacra constituye un instrumento privilegiado para facilitar la participación activa de los fieles en la acción sagrada, como ya deseaba mi venerado predecesor San Pío X, en el Motu Proprio Tra le sollecitudini (...).

A la distancia de cuarenta años, es oportuno verificar el camino recorrido. (...)

“¿Es vivida la Liturgia como ‘fuente y ápice' de la vida eclesial, según la enseñanza de la Sacrossanctum Concilium ?”. El redescubrimiento del valor de la Palabra de Dios que llevó a cabo la reforma litúrgica, ¿encontró una resonancia positiva en el contexto de nuestras celebraciones? ¿Hasta qué punto la Liturgia entró en la vida concreta de los fieles y marca el ritmo de cada comunidad? ¿Se la comprende como un camino de santidad, fuerza interior del dinamismo apostólico y del carácter misionero de la Iglesia? (...)

La celebración litúrgica alimenta la vida espiritual de los fieles. Es a partir de la Liturgia que debe ser actualizado el principio que pude enunciar en la Carta Apostólica Novo millennio ineúnte : “Hay necesidad de un cristianismo que se destaque principalmente por el arte de la oración”. La Sacrossanctum Concilium interpreta proféticamente esta urgencia, estimulando a la comunidad cristiana para que intensifique la vida de oración no tan sólo mediante la Liturgia, sino también de los “ejercicios de piedad”, con tal de que estos se realicen en armonía con ella, de ella deriven y a ella conduzcan. (...)

Respuesta profunda y eficaz al ansia de encuentro con Dios

CristoPresente2.jpgMirando el futuro, varios son los desafíos que la Liturgia ha de enfrentar.

En efecto, durante estos cuarenta años la sociedad atravesó profundas transformaciones, algunas de las cuales ponen vigorosamente a prueba el compromiso eclesial. Tenemos frente a nosotros un mundo en que las señales del Evangelio van atenuándose, también en las regiones de antigua tradición cristiana. Llegó el tiempo de una nueva evangelización .

Y la Liturgia es directamente interpelada por este desafío.

A primera vista, ella parece haber sido puesta de lado, por una sociedad ampliamente secularizada.

Con todo, pese a la secularización, lo cierto es que en nuestro tiempo sobresale de muchas formas una renovada necesidad de espiritualidad.

¿Cómo no ver en esto una prueba de que, en lo íntimo del hombre, no es posible anular la sed de Dios? (...)

Frente a estas ansias por el encuentro con Dios, la Liturgia ofrece la respuesta más profunda y eficaz. Y lo hace especialmente en la Eucaristía, en la que se nos concede unirnos al sacrificio de Cristo y alimentarnos de su Cuerpo y Sangre. (...)

La insustituible tarea de los Obispos: discernimiento y orientación

Un aspecto que es preciso cultivar cuidadosamente en nuestras comunidades es la experiencia del silencio .

Tenemos necesidad de él “para acoger en nuestros corazones la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo, y para unir estrechamente la oración personal a la Palabra de Dios y a la voz pública de la Iglesia”. En una sociedad que vive de manera cada vez más frenética, muchas veces aturdida por los ruidos y perdida en lo efímero, es vital redescubrir el valor del silencio. (...)

Entre sus diversos momentos y señales, la Liturgia no puede minimizar el silencio.

A través de la introducción en las varias celebraciones, la pastoral litúrgica debe inculcar el gusto por la oración . (...) En la educación para la oración y, especialmente, en la promoción de la vida litúrgica, la tarea de los Pastores es insustituible.

Implica un deber de discernimiento y de orientación.(...)

Sobre todo a través de la orientación de los Pastores se realiza un principio de “garantía”, previsto por el designio de Dios sobre la Iglesia y él mismo gobernado por la asistencia del Espíritu Santo.

La renovación litúrgica realizada a lo largo de estas décadas demostró la posibilidad de unir una norma que asegure a la Liturgia su identidad y su decoro, a espacios de creatividad y de adaptación que la acerquen a las exigencias específicas de las varias regiones, situaciones y culturas. Al no respetar las normas litúrgicas, se llega a veces a abusos incluso graves , que ofuscan la verdad del misterio y crean desconcierto y tensiones en medio del Pueblo de Dios.

Estos abusos nada tienen que ver con el auténtico espíritu del Concilio y deben ser enmendados por los Pastores con una actitud de determinación prudente.